viernes, 9 de mayo de 2008

Onofre Bouvila

[por Wara]

Sr. Onofre Bouvila
Ciudad de los Prodigios, Barcelona


Pequeño Onofre:
No te pido disculpas por dirigirme a ti de forma tan familiar porque eras sólo un chiquillo cuando apareciste en mi vida y te he ido viendo crecer. Crecer en edad, en riqueza, en poder, en un sinfín de manifestaciones meramente físicas que me han llevado finalmente al extrañamiento; en los últimos tiempos no te hubiera reconocido. Interiormente, Onofre, pienso que si hubieras encargado un retrato –sé que no te privas de ningún capricho-, y si en la vida hay justicia, no te hubiera deparado mejor destino que el del desgraciado Dorian Grey.

Al principio pensé que llegaría a apreciarte; despertabas en mí como una especie de prevención que no era capaz de definir, acaso derivada de la abismal distancia existente entre tu edad biológica y tu capacidad mental, pero observando los esfuerzos de aquel muchacho solitario que desembarcó en la Barcelona de la primera Exposición Universal y que debía ganarse la vida, sus sacrificios… me decía, es fuerte, joven y sano, saldrá adelante. Además del inicial misterio respecto a tu soledad inmensa, al alejamiento de tu familia, aunque te parezca una tontería, estaba el asunto de los gatos. ¡Me dan pavor, te lo juro! Y tus padecimientos por culpa de Belcebú me aproximaban más a ti, y cuando para el gato de la infeliz Delfina llegó el aciago día en que perdió de golpe todas sus vidas, respiré aliviada contigo.

¡Sin embargo, Onofre…! ¡Qué pronto aprendiste a dominar el retorcido significado de la palabra maldad, sus caminos, sus usos, y cuántos sinónimos le encontraste con el devenir de los años! Perversidad, malignidad, malicia, corrupción, abuso, envidia… Utilizaste a las personas tan a tu antojo que pido al destino guarde mi vida de colisionar con la tuya. Por supuesto, yo misma me guardo en la manga un recurso bien sencillo: siempre puedo cerrar de golpe el prodigioso volumen en el que tu vida se repite incesante y de principio a fin… una y otra vez.

Wara
La Red, 8 de Mayo de 2008