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domingo, 4 de mayo de 2014

Juan Rulfo a Clara






















"Yo te libraré del miedo, de ese temor tuyo por lo que pueda venir. Yo no soy muy fuerte; pero el cariño que te tengo sí es fuerte y grande y no se acaba. Es como un árbol que ha enraizado mucho en esa tierra que eres tú y de la cual me será difícil desprenderme ya. Y porque eres así, como la tierra, noble y hermosa y llena de prodigios, por eso no podré olvidarte. Pasarán las peores cosas, los peores días y también los ratos en los que uno se siente muy infortunado, pero tú siempre estarás allí como la luna en la noche, acabando con las malas impresiones del día. "


miércoles, 23 de abril de 2014

Cartas de amor a Vita.- Violet Trefusis














                                                   Violet Trefusis


Estoy jugando sola a que todavía tengo catorce años y tú todavía tienes dieciséis en espíritu. Qué felices éramos antes de hacernos mayores. Estoy tremendamente en contra de ser adulto. No le beneficia a nadie. Hugh está siempre intimamente asociado a este lugar. Lo recuerdo con toda claridad, un muchacho tímido y desgarbado de diecinueve años. (Creo que en este caso el término muchacho está bien aplicado). Y tú, tú no te has marchado nunca, tu nombre resuena por todas partes.
Tal vez nadie sabrá esto, tal vez jamás saldrá a la luz, pero está ahí, salta, palpita y canta, y tú eres la única persona en el mundo que sospecha su existencia.


Cartas de amor a Vita, de Violet Trefusis

domingo, 17 de marzo de 2013

El crimen del soldado, de Erri de Luca



Así empieza el libro que ahora mismo empiezo:

Como sin duda sabrá usted, los derechos editoriales del escritor Yehoshúa Singer, el hermano mayor del premio Nobel Isaac Bashevis  Singer, vencen en 2014. Nuestra empresa editora tiene la intención de emprender la publicación antológica de las obras en yidish de este autor desconocido para los lectores italianos. Nos gustaría, por lo tanto, proponerle que se encargue de seleccionar entre la vasta producción de sus cuentos, los que a su juicio resulten más interesantes. El encargo abarca la traducción y la edición de las obras escogidas. Sabemos que es usted un apasionado lector de literatura yidish. Estamos al corriente de su traducción del último capítulo de la novela Di Familie Mushkat, de Isaac Bashevis Singer. En caso de que aceptara nuestra propuesta, le enviaremos las fotocopias en yidish de los cuentos de Israel Yehoshúa Singer..."

El crimen del soldado, de Erri de Luca

domingo, 27 de enero de 2013

Kafka va al cine






















¿Estás más tranquila? ¿Remite el sufrimiento? Tras la carta de hoy podría pensarse eso, y me gustaría en verdad que fuera así, pero no me fío del todo. ¿Qué no puedes leer? No es nada extraño. ¿Cuándo tendrías tiempo para ello?...Querídisima, ¿cómo ha llegado a tus manos el Uriel Acosta? Yo no conozco tampoco esa obra de teatro y creería que  no soy capaz de leerla, pese a que en mi caso sí es verdad lo que dices tú en broma sobre tu cerebro. Pero quizá un cerebro así tiene que resecarse y endurecerse para que, en su momento, pueda brotar una chispa de el. Esto es lo que iba a escribir cuando llamó mi hermana a la puerta, yo estaba solo en la sala de estar, ella venía del cinematógrafo y tuve que ir a abrirle. Esta interrupción hizo que dejara la carta. Mi hermana me contó la sesión, o mejor dicho, se lo sonsaqué, pues a pesar de que voy muy raras veces al cinematógrafo, sí me sé de memoria casi todas las carteleras semanales de todos los cinematógrafos. Mi distracción, mi necesidad de entretenimiento se sacia con los carteles  publicitarios; mi habitual e intimísimo malestar, ese sentimiento de lo eternamente provisional remite al ver los anuncios; siempre que regresaba a la ciudad de mis vacaciones de verano-que al fin y al cabo resultaban poco satisfactorias, sentía una avidez por ver los carteles y desde el tranvía con el que me dirigía a casa, iba leyendo al vuelo, fragmentariamente y con mucho esfuerzo, los carteles junto a los que pasábamos...

Kafka va al cien, de Hanns Zischler

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tolkien a C.S.Lewis



Tolkien entregó la versión completa a C.S.Lewis, quien respondió, después de leerla:

Mi querido Tollers:
Uton herian holbytlas, en verdad. He bebido de la rebosante copa y satisfecho una larga sed. Una vez que se remonta la empinada cuesta de la grandeza y el terror (aliviada por verdes valles, sin los cuales sería intolerable), casi no tiene parangón en toda la gama del arte narrativo que conozco. Pienso que se destaca por dos virtudes: la pura subcreación-Bombadil, los habitantes de las tumbas, los Elfos, los Ents-, que parece brotar de fuentes inagotables, y la construcción. Y también la gravitas. Ninguna novela puede rechazar con mas confianza la acusación de “escapismo”. Si se equivoca, se equivoca precisamente en un sentido opuesto: la postergación de las victorias de la esperanza y la despiadada acumulación de desastres sobre los héroes son casi demasiado penosas. Y la larga coda después de la eucatástrofe, te lo hayas propuesto o no, produce el efecto de recordarnos que la victoria es tan pasajera como el conflicto, y que (como dice Byron) “no hay moralista más severo que el placer”, dejándonos una impresión final de profunda melancolía.
Por supuesto, esto no es todo. Hay muchos pasajes que yo hubiera deseado que escribieras de otro modo u omitieras directamente. Si no incluyo ninguna de mis críticas adversas en esta carta es porque ya has oído y rechazado la mayoría (rechazado, es tal vez una palabra demasiado suave para tu reacción, al menos en una oportunidad). E incluso si todas mis objeciones fueran justas (lo que es, desde luego, improbable) los fallos que creo encontrar sólo podrían demorar y dañar la apreciación: el resplandor sustancial del relato puede acabar con todos ellos. Ubi plura nitent in carmine non egopaucis iffendi maculis.
Te felicito. Todos estos largos años que has invertido en ella están justificados.
Tuyo,
Jack Lewis

EL NUEVO HOBBIT

Tampoco Tolkien pensaba que fuera perfecta. Pero dijo a Stanley: Está escrita con la sangre de mi vida, gruesa o delgada, como sea, y no puedo hacer otra cosa.

J.R.R. Tolkien una biografía, de Humphery Carpenter

sábado, 2 de junio de 2012

Amberes.-Roberto Bolaño












Querida Lisa, hubo una vez que hablé contigo por teléfono más de una hora sin apercibirme de que habías colgado. Fue desde un teléfono público de la calle Bucareli, en la esquina del Reloj Chino. Ahora estoy en un bar de la costa catalana, me duele la garganta y tengo poco dinero. La italiana dijo que regresaba a Milán a trabajar, aunque se cansará. No sé si citaba a Pavese o realmente no tenía ganas de volver. Creo que le pediré al enfermero del camping algún antibiótico. La escena disgrega geométricamente. Aparece una playa solitaria a las ocho de la noche, altos cirros anaranjados; a lo lejos caminan, en dirección contraria al que observa, un grupo de cinco personas en fila india. El viento levanta una cortina de arena y los cubre.

viernes, 4 de mayo de 2012

Mentiras de verano.-Bernhard Schlink



Había perdido la costumbre de escribir a máquina y, al no poder utilizar la mano derecha, lo hacía aún con mayor torpeza. Tenía que ir buscando con el dedo índice letra por letra:
 
Sin ti no puedo vivir. No es por la ropa limpia; la lavo, la seco y la doblo. Tampoco es por la comida; voy a la compra y cocino. Limpio la casa y riego el jardín.
Sin ti no puedo vivir porque sin ti no hay nada. Todo lo que he hecho en mi vida he podido hacerlo porque te tenía a ti. Si no te hubiera tenido, no habría logrado nada.
Y desde que no te tengo conmigo, me he ido degradando hasta lo más profundo. Afortunadamente he tenido un accidente y he entrado en razón.
Siento muchísimo no haberte dicho nada sobre mi situación, haber planificado yo solo cómo poner fin a mi vida  y haber querido decidir solo cuándo no podía resistir más.
Ya sabes cuál es el cofre que heredé de mi padre. Voy a meter el frasco en ese cofre y a meterlo en el frigorífico. La llave va con esta carta, de modo que sin ti no podré decidir nada. Cuando las cosas ya no sean soportables, tomaremos la decisión juntos. Te quiero.
 
Metió el frasco en el cofre y lo cerró con llave; lo puso en el frigorífico, introdujo la llave en el sobre y le puso la dirección del piso en el que ambos vivían en la ciudad. Esperó a que pasase el cartero y le entregó el sobre.

Mentiras de verano, de Bernhard Schlink

                       

martes, 16 de agosto de 2011

La vida instrucciones de uso.-Georges Perec





Durante varios meses escribió a Laetizia, suplicándole que fuera a reunirse con él, a lo que se negaba ella cada vez. Quiso la casualidad que el borrador de una de sus cartas cayese en manos de su marido:

Estoy triste, aburrida, terriblemente irritada.
Vuelvo a ser, como hace dos años, de una sensibilidad dolorosa. Todo me hace daño y me desgarra. Tus dos últimas cartas me hicieron latir el corazón como si se me fuera a partir. ¡Me trastornan tanto!. Cuando las abro y me sube a la nariz el perfume del papel y me penetra en el corazón la fragancia de tus frases acariciadoras…¡Sé más considerado conmigo! ¡Tu amor me da vértigo! Y sin embargo hemos de convencernos de que no podemos vivir juntos. Hemos de resignarnos a una existencia más vulgar y más pálida. Quisiera saber que te haces a esta idea, que mi imagen, en vez de quemarte, te reconforta, en vez de desesperarte, te consuela.
Es necesario. No podemos estar siempre con esta excitación en el alma y con el abatimiento mortal que la sigue. Trabaja, piensa en otras cosas. Tú que tienes tanta inteligencia úsala un poco para estar más tranquilo. A mí las fuerzas se me acaban. Tenía bastante ánimo para mí sola, pero ¡para dos! He de sostenernos a todos y estoy rendida: no me aflijas más con tus arrebatos, que me hacen maldecirme a mí misma, sin que de ello resulte ningún remedio…

Emilio, naturalmente no sabía a quién iba dirigido aquel borrador in completo.

La vida instrucciones de uso, de Georges Perec

jueves, 17 de marzo de 2011

Éramos unos niños.-Patti Smith


Querido Robert:

Cuando no puedo dormir, a menudo me pregunto si tú tampoco puedes. ¿Tienes dolor o te sientes solo? Tú me sacaste del período más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y jamás he compuesto un verso ni he dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos. Tu obra, que emana de una fuente fluida, tiene su origen en la candorosa canción de juventud. Entonces hablabas de dar la mano a Dios. Recuerda que, en todo lo que has pasado, siempre has sido de esa mano. Cógela fuerte, Robert, y no la sueltes.

La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.

PATTI

miércoles, 5 de enero de 2011

Los hermanos Tanner.- Robert Walser



Simon escribió a su hermano Kaspar:

La verdad es que somos dos bichos raros, tú y yo. Nos movemos por este planeta como si en él sólo viviéramos nosotros dos y nadie más. Hemos entablado en realidad una amistad descabellada, como si entre el resto de la gente fuera imposible encontrar otro ser digno de llamarse amigo. No somos, a decir verdad, hermanos, sino amigos, como dos que un buen día se encuentran en el mundo. Yo francamente no estoy hecho para la amistad y tampoco comprendo qué es aquello tan fabuloso que descubro en ti y me obliga a creerme siempre a tu lado, casi diría a tu espalda, Pronto tu cabeza me parecerá la mía, a tal punto estás ya dentro de ella; tal vez de aquí a un tiempo, si la cosa sigue así, acabaré cogiendo cosas con tus manos, corriendo con tus piernas y comiendo con tu boca. Nuestra amistad tiene, sin duda, algo misterioso si te digo que, en el fondo, no es tan imposible que nuestros corazones aspiren a alejarse uno del otro…

Sólo que no pueden. Ahora mismo me alegra ver que tú, según parece, no puedes, pues tus cartas parecen muy amables y, de momento, yo también quiero seguir bajo el embrujo de esta atracción de esta atracción misteriosa. Es buena para los dos…pero ¿por qué hablaré con tan poca gracia? Para ser sincero, lo encuentro simplemente delicioso. ¿Por qué dos hermanos no habrían de constituir una excepción? Nos avenimos perfectamente y ya nos aveníamos incluso cuando nos odiábamos y pegábamos casi hasta matarnos. ¿Te acuerdas? Basta con esta exhortación, unida a una dosis de sana carcajadas, para remover, pegar, pintar y encuadernar en tu interior

Imágenes que, de verdad son más que dignas del recuerdo. Habíamos llegado a ser, ya ni sé por qué motivo, enemigos mortales.¡Oh, cómo sabíamos odiarnos! Nuestro odio era decididamente ingenioso a la hora de inventar torturas y humillaciones mutuas. Una vez en la mesa, por citar un solo ejemplo de aquella pueril y deplorable situación me tiraste un plato de choucroute porque no pudiste evitarlo, y dijiste: ¡Venga, cógelo!

Debo decirte que en aquel momento temblé de rabia, porque para ti fue una buena oportunidad de humillarme brutalmente sin que yo pudiera decir nada. Cogí el plato, y fui lo suficientemente necio como para saborear...

domingo, 26 de diciembre de 2010

París no se acaba nunca.-Enrique Vila-Matas


Me costaba mucho escribir cualquier párrafo de La asesina ilustrada. Sin embargo, cuando mi padre me envió desde Barcelona una carta en la que me decía que no pensaba esperar ya más tiempo a que terminara la dichosa novela y que había decidido cerrarme por completo el alegre grifo del dinero, le escribí una carta con una soltura literaria muy distinta de la que tenía cuando escribía, agarrotado, mi novela.
Siempre que releo esa carta, me quedo sorprendido de cómo está escrita: mi estilo en ella es muy superior al dubitativo de La asesina ilustrada. Esta carta confirma esa expresión española que dice que el hambre agudiza el ingenio.
“Querido padre: He llegado a esa edad en la cual se tiene pleno dominio de las propias cualidades y la inteligencia alcanza su máxima fuerza y capacidad. Es por tanto el momento de realizar mi obra literaria. Para realizarla, necesito tranquilidad y poca distracción, no tener que pedirle dinero a Marguerite Duras ni estar todo el rato ocupándome de convencerte de que vale la pena que financies la escritura de una novela que a la larga, cuando la termine y la publique y recoja el aplauso de las multitudes habrá de llenarte de orgullo paterno y de gran satisfacción por haber sabido ser generoso conmigo.
Tu hijo que te quiere…”

Con esta carta logré aplazar por un tiempo el fin definitivo de los giros postales. Provisto de un indudable sentido del humor y de un estilo muy sobrio y escueto, mi padre me contestó:

“Querido hijo: He llegado a esa edad en la cual uno se ve obligado a comprobar cómo su hijo se ha convertido en un imbécil. Te doy tres meses de tiempo para que termines tu obra maestra. Por cierto, ¿quién es Marguerite Duras?”
París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Un encuentro de Milan Kundera



La archinovela, carta abierta con motivo del cumpleaños de Carlos Fuentes:

Mi querido Carlos:
Es un aniversario para ti, y para mí también: Hace setenta años que naciste y treinta justos que nos encontramos por primera vez. Fuiste a Praga unos meses después de la invasión rusa, con Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, para expresar tu preocupación por nosotros, los escritores checos. Unos años después me instalé en Francia, donde eras embajador de México. Nos veíamos con frecuencia y conversábamos. Algo de política, mucho de novela. En particular sobre este segundo tema, éramos muy afines el uno al otro.
Hablábamos entonces del sorprendente parentesco entre la gran América Latina y mi pequeña Europa central, dos lados del mundo igualmente marcados por la memoria histórica del barroco, que hace al escritor hipersensible a la seducción de la imaginación fantástica, feérica, onírica. Y otra coincidencia: nuestros dos lados del mundo desempeñaron un papel decisivo en la evolución de la novela del siglo XX, de la novela moderna, digamos posproustiana: primero, durante los años diez, veinte, treinta, gracias a la pléyade de grandes novelistas de mi parte de Europa: Kafka, Musil, Bronch, Gombrowicz---(nos sorprendía sentir por Bronch la misma admiración, creo que aún mayor que la que sienten por él sus compatriotas; y distinta: para nosotros abrió la novela a nuevas posibilidades estéticas; era pues, ante todo, el autor de “Los sonámbulos”); más adelante, durante los años cincuenta, sesenta y setenta, gracias a otra gran pléyade que, en tu lado del mundo, seguía transformando la estética de la novela: Juan Rulfo, Carpentier, Sábato, y tú tus amigos…
Dos fidelidades nos determinan; la fidelidad a la revolución del arte moderno en el siglo XX; y fidelidad a la novela. Dos fidelidades en absoluto convergentes. Porque la vanguardia ( el arte moderno en su versión ideologizada) relegó siempre la novela fuera de la modernidad, considerándola superada, irrevocablemente convencional. Si más tarde, en los años cincuenta y sesenta, las vanguardias retrasadas quisieron crear y proclamar su modernidad novelesca, lo consiguieron por la vía de una pura negatividad: novela sin personajes, sin intriga, sin historia, y a ser posible sin puntuación, novela que se dejó tildar de antinovela.
Es curioso: los creadores de la poesía moderna no pretendían hacer antipoesía. Muy al contrario, desde Baudelaire la modernidad poética aspiraba a acercarse radicalmente a la esencia de la poesía, a su funda especificidad. En este sentido, imaginé la novela moderna como archinovela y no como antinovela. Archinovela ante todo se concentra sobre lo que sólo la novela puede decir; luego, hace revivir todas las posibilidades desdeñadas y olvidadas que el arte de la novela ha ido acumulando durante los cuatro siglos de su historia. Hace ahora veinticinco años que leí TERRA NOSTRA. Leí una archinovela. Es la prueba de que eso existía, de que eso podía existir. La modernidad de la novela. Su fascinante y difícil novedad.
Recibe un abrazo, Carlos

Milan


lunes, 6 de diciembre de 2010

James Joyce, de Richard Ellamnn


Querida tía Josephine:

He tardado mucho tiempo en responder a tus cartas, pero es que he estado muy ocupado. Ayer le mandé Dubliners a un editor. Tiene trece historias, de las cuales has leído todas excepto la tercera, Araby, y la última, “Grace”. También me ha disuadido de escribir el conocimiento de la voluminosa correspondencia que estaba teniendo lugar entre Stannie y una persona o personas desconocidas, y he estado esperando a [asegurarme] que me escuchen. Por otra parte, tengo pocas cosas que contarte. Imagino que debes de estar cansada de oír mis explícitas o implícitas quejas de mi vida actual, por lo que no voy a molestarte con otras nuevas en esta carta. No pienses por ello que me he resignado. De hecho estoy esperando nada más el pequeño cambio financiero que me permita cambiar de vida. Espero al menos que tal cosa ocurra en uno o dos años, y si no llega haré todo lo posible. He dudado antes de decirte que imagino que las relaciones entre Nora y yo están a punto de sufrir un pequeño cambio. Lo hago ahora sólo porque comprendo que no [eres] ese tipo de persona que comentará el asunto de los demás. Es posible que yo sea en parte culpable si un cambio como el que yo preveo tiene lugar, pero difícilmente será la culpa únicamente mía. Reconozco que soy una persona difícil de aceptar, pero tampoco tengo intención de cambiar. Nora no parece ver la diferencia alguna entre todos los demás hombres que ha conocido y yo , pero no veo cómo podría tener razón. Después de todo yo no soy exactamente un animal doméstico, soy un artista, y a veces, cuando pienso en la vida libre y dichosa que puedo (o pude) vivir gracias a todos los dones que poseo, tengo una crisis de desesperanza.
Al mismo tiempo, no deseo emular las atrocidades del marido medio, y voy a esperar hasta que vea más claro mi camino. Supongo que negarás con la cabeza viendo mi frialdad de corazón, la cual es probablemente una manera injusta de denominar una cierta perspicacia de carácter o de espíritu. No estoy muy seguro de que los miles de matrimonios que se mantienen dificultosamente unidos por el recuerdo de sentimientos ya muertos tengan derecho a acusarme de inhumanidad. A decir verdad, y aún a pesar de mi aparente egoísmo, estoy un poco cansado de hacer concesiones a la gente.
¿Podrías mandarme una crítique de algún periódico de Dublín sobre la novela de Moore E lago en la que aparece el padre O Gogarty? Espero que estés bien de salud.

4 de diciembre de 1905

Jim
James Joyce, de Richard Ellamnn

martes, 20 de julio de 2010

Contraluz.-Thomas Pynchon



Por fin llegó a la ratonera que hacía las veces de despacho del Profesor Vanderjuicie, quien le esperaba con mirada solemne. Se levantó, le alcanzó una carta y Kit vio que traía noticias para las que no estaba preparado. El sobre estaba sellado en Denver, pero la fecha era ilegible, y alguien lo había abierto y había leído la carta.

Querida Kit:
Mamá me pidió que te escribiera para decirte que papá ha muerto. Cuentan que pasó en un lugar del McElmo. Y no fue por “causas naturales”. Reef trajo su cadáver y está enterrado en el cementerio de mineros de Telluride. Reef dice que no hace falta que vuelvas ahora mismo; Frank y él se encargarán de todo lo que haya que hacer. Mamá está siendo fuerte, dice que siempre supo que sucedería, con tantos enemigos como tenía allá donde fuera, que tenía los días contados, y cosas así.
Espero que estés bien y que algún día te volvamos a ver. Estudia mucho, no lo dejes e intenta no preocuparte demasiado por esto, porque sabremos hacer lo que hay que hacer.
Te echamos de menos.
Con cariño, tu hermana.
Lake


Kit se quedó mirando el sobre profanado, rajado con tan pocos desgarros que indicaba el uso de un abrecartas de escritorio de cierta calidad
Pág. 405
Contralu, de Thomas Pynchon

sábado, 5 de junio de 2010

Juan Francisco Ferré




Estimado amigo,

Creía haberle hablado ya en otro mensaje del libro del reverendo Josh Gardner. Si no lo he hecho, discúlpeme la tardanza. Gardner, además de un buen hombre y un honesto padre de familia, era un pastor luterano tan preocupado por el devenir de su comunidad y no solo de su familia que para salvarla no tuvo más remedio que entregar su vida en circunstancias todavía hoy no esclarecidas del todo. El libro, una gruesa monografía redactada en el inimitable estilo de los padres puritanos de nuestros orígenes, se titula

Evil Genealogy: A Fantástic Survey og Our Roots as a Christian Nation y fue publicado a cuenta de su autor en una pequeña imprenta de Cambridge, Massachusetts, en noviembre de 1976. El bueno de Josh, a quien tuve la ocasión de tratar superficialmente como consecuencia de un altercado con una feligresa problemática del sexo femenino que ambos conocíamos y apreciábamos y ahora no hace al caso mencionar, moriría, como le he dicho, seis meses después de verlo en algunas librerías.

Muchas de la zona se negaron a vender ese libro por razones comerciales jamás explicadas. Circunstancia que tuve la ocasión de denunciar en cartas que dirigí al entonces director del Providence Journal, mi buen amigo Ralph Patterson. Nada conseguí modificar con ellas. Se vendieron en todo el país unos treinta o cuarenta ejemplares de una primera edición de quinientos. El resto fue pasto de las llamas justo después de la muerte del autor. Una desgracia para el conocimiento legítimo de nuestra comunidad.

Al donar mi biblioteca personal hace diez años a la universidad me deshice también de mi ejemplar anotado, una de las joyas de la misma, que usted podrá consultar en cualquier momento en la biblioteca, donde sobrevive a salvo de las acechanzas del destino. Entre tanto, le hago llevar este sumario de la historia de la “Hermandad” extraído del libro de Gardner. Estoy seguro de que un lector extranjero como usted lo considerará disparatado antes de poder comprobar su erudición acrisolada y, no menos importante, su argumentación fehaciente.

Cordialmente

Su amigo Jack Daniels

*Nada que ver, por cierto, con el bourbon del mismo nombre.

PD: Hacia el final del sumario prometido encontrará una referencia al escritor local más conocido y reconocido en todo el mundo, H.P. Lovecraft, un impostor puritano en toda regla.

Recuerde al leer esta anécdota que yo mismo tuve un encuentro con ese atormentado personaje más o menos en la época mencionada. Pero para entretenerlo más, prefiero contárselo en otro mensaje, cuando haya tenido tiempo de leer toda la información contenida en éste y se la haya pasado el asombro


Providence de Juan Francisco Ferré

miércoles, 2 de junio de 2010

Tworki (El manicomio


Qué fue lo que acertó a ver Olek tras la araña de tres brazos, qué fue lo que pensó Sonia cuando el río Pérdida brillaba como piel de serpiente, sólo lo sabe la señora Luna, pero la Luna misma acaba de asomarse por encima del hombro del apesadumbrado Jurek:

Cosas misteriosas son las cartas. Un sobre blanco, una hoja blanca de papel cubierta de signos negros: las letras. Tan poca cosa, parecería…pero no, es tantísimo. Una carta puede precipitar un alma al abismo de la desesperación o encenderla con la llama clara y cálida de la felicidad, y puede sanar al corazón con el mejor de los remedios, la esperanza. Cuando abro el sobre y saco tu carta, mis ojos se desprenden de la negrura y de toda la tristeza. Me preguntabas en tu última carta si voy por ahí rompiendo los corazones de las mujeres. Pues sí, bastante que he roto en mi vida, y con considerable frecuencia, si bien no corazones femeninos, sí la línea del enemigo con un balón de fútbol (no sé cuál de las dos cosas es más difícil), y he llegado en este deporte a conseguir progresos no del todo desdeñables. Sin embargo, en realidad no me he atrevido a jugar con los corazones de las chicas, pues considero que este es un arte al que hay que entregarse con grandes dosis de habilidad, ya que no es difícil que el corazón se caiga al suelo, se dé un golpe y se rompa. Aunque un amigo mío asegura, convencido, que el corazón de la mujer es mucho más duro que las pelotas de fútbol (y no intentes negarlo). Por otro lado, la naturaleza es sabia y conoce el verdadero arte de pegar los pobres trozos de los corazones rotos, sobre todo cuando algún ser misericordioso, Danusia, decide ponerse manos a la obra.
Me dices, Danusia, que, en contra de la tendencia generalizada, tú no te enamoras, y que no sabes siquiera cómo se hace esto.
No sabía que para enamorarse de alguien hiciera falta una habilidad especial o un amplio conocimiento. Es un sentimiento humano y llega cuando menos te lo esperas. Te parece que nunca te va a interesar y que el amor precisa también voluntad. Pero no.
Un día se pondrá delante de ti…en el tranvía, en una tienda, en una avenida…y ya está.
Sabrás que esa persona es la tuya. Y es entonces cuando te nace un corazón para la vida y para la muerte. Será entonces cundo todo cobre sentido. Habrás logrado tu objetivo: vivir para alguien, vivir para una persona. Una persona puede dar más que todas juntas. Nunca será verdadera mente feliz aquel que haya conseguido en la tarea que haya elegido el objetivo propuesto, ni el que haya sacrificado su vida por una idea, si no tiene a su lado a alguien para sí, cercano, que en los momentos de duda y sinsabores sepa, querida Danusia, encontrar una palabra adecuada, calmarle los nervios e inspirarle fuerzas para seguir trabajando.


En Ozorków también había caído la noche; Danusia ya estaba dormida, en el alféizar relucía discretamente la hiedra; un par de perros le aullaban a la señora Luna.

Tworki, de Marek Bienczyk

viernes, 8 de enero de 2010

Zapatos italianos




La primera carta la escribí el mismo día en que regresé.
A la grisácea luz de la mañana, llegué a mi casa cruzando el hielo.
Mis mascotas parecían hambrientas, pese a que les había dejado comida más que suficiente. Cuando vi que ya habían saciado su hambre, me senté a la mesa de la cocina y le escribí una carta a Agnes:
Disculpa mi precipitada partida. Puede que me sobrepasara el hecho de verte sabiendo que te había causado tanto sufrimiento. Yo quería haber hablado contigo de muchas cosas y puede que tú hubieras querido preguntarme sobre muchas otras. Pero ya estoy de vuelta en mi isla. La banquisa sigue cubriendo las bahías y se mantiene firme en las playas. Espero que mi súbita desaparición no nos lleve a perder el contacto.
No modifiqué una sola palabra. Al día siguiente se la envié a través de Jansson, que no parecía haber notado mi ausencia. Naturalmente, le intrigó la carta. Pero no me hizo ningún comentario. Aquel día, ni siquiera le dolía nada.
Por la noche empecé a redactar una carta para Harriet y Louise conjuntamente, pese a que no había recibido respuesta a la anterior. Resultó una misiva demasiado larga. Además, comprendí que no era adecuada. No podía enviar una única carta para las dos, puesto que yo sólo intuía lo que una pensaba o sabía de la otra. Rompí la carta y empecé de nuevo. El gato estaba dormido en el sofá de la cocina mientras el perro suspiraba en el suelo, junto a los fogones. Intenté ver si le dolían las articulaciones. El nimal no viviría más allá del otoño. Y tampoco el gato.
Le escribí a Harriet, le pregunté cómo estaba. Era una pregunta absurda, puesto que, naturalmente, estaba mal. Pese a todo, le pregunté. La pregunta que habría sido natural fue imposible de formular. Despues, le hablé de nuestro viaje:
Visitamos la laguna. Estuve a punto de ahogarme y tú me salvaste. Ahora que me encuentro de nuevo en mi isla, he tomado conciencia de lo cerca que estuve de morir. Me habría congelado enseguida. Un minuto más en el agua, y todo habría acabado. Lo más extraordinario es, pese a todo, que me dio la sensación de que me perdonabas mientras me salvabas.
El solo recuerdo me erizó la piel. Aunque no por ello dejé de cavar mi hoyo en el hielo por las mañanas.
Zapatos italianos, de Henning Mankell

martes, 5 de enero de 2010

Amor de perdición


Al anochecer hallándose solo, Simón se puso a escribir una larga carta, de la cual entresacamos los siguientes párrafos:

Te considero para mí perdida. Puede ser que yo no alcance a ver el nuevo sol. Todo a mi alrededor toma un aspecto fúnebre. Me parece que el frío de la sepultura ha empezado a penetrar en mi sangre y en mis huesos.

No puedo ser lo que tú querías que fuese. Mi pasión no se conforma con la desgracia. Eras mi vida entera. Creía tener la seguridad de que los sucesos no me privarían de ti. Sólo el temor de perderte, me mata. Lo que me queda del pasado es el valor de ir a buscar una muerte digna de ti y de mí. Si tú tienes fuerzas para una agonía lenta, yo no puedo resistirla.

Podría vivir con una pasión desgraciada; pero este rencor sin venganza es un infierno. Me perderás, Teresa; pero no quedará ahí un infame que te persiga después de mi muerte. Tengo celos de todos tus instantes. Tú te acordarás con ternura de tu esposo en el cielo, y nunca apartarás de mí los ojos de tu alma, para ver a tu lado al miserable que mató la realidad de tantas bellas esperanzas.

Esta carta la leerás sólo cuando yo ya esté en otro mundo mejor, esperando las oraciones de tus lágrimas. ¡Las oraciones! ¡Me admira este rayo de fe que ilumina en mis tinieblas…! Tú me has dado con el amor la religión, Teresa mía. Aún creo; no se apaga la luz que es tuya; pero la Providencia divina me ha desamparado.

Acuérdate de mí. Vive para explicar al mundo, con tu lealtad a una sombra, la razón por la que me trajiste a un abismo. Escucharás entonces, orgullosa, la voz del mundo, diciendo que eras digna de mí.

A la hora en que leas esta carta…

No le dejaron continuar las lagrimas ni, poco después, la presencia de Mariana…

Amor de perdición, de Camilo Castelo Branco

Luz de vísperas



Oyó cómo Ambrosius Hahn dejaba una carta por debajo de la puerta. Era de Ida y Christa:

Querido Mütz:


No sabemos si te llegará esta carta. Mamá nos escribió para contarnos que tenía un “proyecto nuevo de vida”.

Ahora sabemos cuánto te amaba. En este momento nos parece como si ella tuvieses todo cuanto admirábamos en ti: el valor, la audacia, el deseo de hacer el bien a los demás. Es más fácil verlo en un hombre que en una mujer.

Vive ahora en Viena en la misma casa donde tú naciste y donde estuvieron los niños de El Tallit y de la Casa de Santa Clara. Las monjas la han convertido en un hospital de guerra. Y allí es donde trabaja mamá, Sara Zucker y la Hermana Hilde.

Sabemos que es imposible comunicar con ellas mientras dura la guerra. Manuel Landau nos ha dicho que, a lo mejor, desde la Embajada Suiza se puede hacer algo, porque mamá es extranjera. Aquí se dicen cosas horribles. Algunos cuentan que los aviones aliados arrasarán todas las ciudades alemanas. Otros dicen que Hitler deporta a los judíos a campos de exterminio.

Las dos queremos decirte en este momento que tienes una deuda con nosotras. Nennolina nos contó la historia del tallit, cuando le preguntamos por qué le habías puesto ese nombre tan raro al orfanato. A nosotras- ya suponemos por qué- nunca nos dijiste qué significaba para ti ese paño que guardabas en el cajón de tu mesa. Pero, si estuvieses ahora nuestro lado, te pediríamos por favor que lo pusieras sobre tus hombros y nos dieses la bendición. No nos olvides. Algunas semillas que sembramos juntos no arraigaron, otras se ahogaron en la cizaña y muchas sirvieron para alimentar a los pájaros. Pero al menos ésta, solo ésta, debería caer en tierra buena y darnos fruto: encontrar a mamá.

Gustav pensó una vez más, en las palabras terribles de Carlota:” prometo no volver a escribirte ni en la hora de mayor necesidad”.

Luz de vísperas, de Mauricio Wiesenthal


miércoles, 30 de diciembre de 2009

El hombre perro




Y entonces, Adán escribe otra carta.
A la atención de
Rabí Nissim Meor Cohen
C/ Marcel Vincent Aucher, 141
Marsella
Francia
Distinguido señor:
Espero que aún recuerde las amargas y ásperas discusiones que teníamos cuando estábamos prisioneros en el campo de Auchausen, que tan mala fama tenía. Seguro que recuerda las cuestiones que tratamos de aclarar, usted, el preso común, y yo, “el perro de Klein”, como usted me llamó en más de una ocasión ( a mi entender no sin cierto desprecio, ¿también con cierta envidia?); cuestiones relacionadas con la naturaleza afligida y inescrutable de la divinidad : si es un Dios celoso o un Dios compasivo, el Dios de la revelación o el Dios del castigo, el Dios de la redención o el Dios del sufrimiento. Yo estaba atónito por el hecho de que ese Dios, que había ligado a su nombre el destino de su pueblo elegido, permitiera que el sol continuara saliendo mientras el hijo de Feldman, a quien con nuestros propios ojos vimos caminar hacia las duchas y al verlo iniciamos la discusión, se convertía en humo. Seguro que recordará que, cuando le llegó a usted el turno de partir, se libró de su destino gracias a que yo mismo fui a ver al comandante Klein y le expliqué que, en el momento en que usted se fuera, cesarían las discusiones y él, es decir, Klein, dejaría de divertirse, y no poco, con nuestra eterna disputa, que, si bien trataba sobre cuestiones metafísicas, a fin de cuentas entretenía a ese tal Klein, dejaría de divertirse ( aunque él sostenía que sufría) el hecho de que un judío famoso como yo hubiera perdido la forma humana, tolerase la degradación absoluta, permitiera ir a su mujer y su hija. En otras palabras, le divertía el que un reputado payaso como yo estampase un sello divino en los pecados de su pueblo.
En las discusiones con usted, se acuerda, yo sostenía que los pecados del comandante Klein recaían sobre Hitler y los pecados de Hitler eran los pecados del Dios de Israel.
Sostenía que el fuerte siempre puede evitar la degradación del más débil y que no había que tomarse al pie de la letra las palabras de usted, porque los pecadores y los criminales son la heredad de Satanás. Satanás también pertenece a Dios. Y la fuerza es lo que vence. Si ha vencido Satanás, entonces él es Dios y Klein el Mesías. Pero no volvamos ahora a esas disquisiciones. Simplemente quería que recordara. Que recordara que gracias a todo eso se salvó usted. Y ahora, después de tantos años, me dirijo a usted para pedirle un pequeño favor. Un hombre llamado Miguel de Salvaro se dirigirá a usted un día de estos, no sé cuándo exactamente, para que lo ayude a formar parte de nuestro pueblo. El tiene sus razones y yo las mías. Paso a exponerle mi petición: hágame este favor. No haga preguntas superfluas, enséñele los principios básicos y dele el certificado. Sé que el asunto es complejo y que conlleva cerrar los ojos y saltarse las leyes. Pero para su tranquilidad le diré que está haciendo algo importante por el judaísmo, aunque no sepa por qué ni cómo. Y el Dios de Israel, ese ser al que yo maldigo y desprecio porque estoy convencido de que ha sido Él quien ha destrozado la vida de su pueblo, tanto si es realmente divino como si es sólo un espíritu que golpea a su pueblo, sacará provecho. Y es que el diálogo entre Él y su pueblo, que se inició cuando los reyes se quitaron el yugo de la fe ciega y se instauró un reino laico, el diálogo que llegó a se punto álgido con los crímenes de los Klein de todo tipo, se ha vuelto a romper desde que los judíos se han alzado, han ahuyentado los pasos del Mesías que nunca vendrá y han creado un nuevo reino, ahora, aquí, en Eretz Israel, la patria de David, Salomón, Jefré y Ajab. Y ese mismo Dios (¡ironías de la vida!) enriquecerá su grey con otro carnero, que de nuevo saldrá a embestir a su heredad ensangrentada.
Espero que acceda a cumplir mi petición y así sentiré que ha saldado su deuda conmigo.
Atentamente
Adán Stein
Instituo de Rehabilitación y Terapia
Arad
Israel

El hombre perro, de Yoram Kaniuk