Mi primera bicicleta la
heredé de una prima mía algo mayor que yo.
Ella me la había traído a
casa cuando se fue a estudiar a la
universidad.
Era una bicicleta grande y de sillón alto. No recuerdo la marca ,
pero si su color azul vivo.
Cada día al salir de la escuela, pasaba las horas calle arriba y calle abajo practicando hasta que anochecía y mi madre me llamaba, avisando de que la cena estaba lista.
Una vez tuve dominada la técnica del pedaleo empecé a usarla por caminos secundarios, en el recorrido bordeaba el río que me llevaba hasta el
bosque mas cercano. Disfrutaba haciéndolo, porque soy una entusiasta de la vida
al aire libre.
A ratos dejaba la bicicleta tirada
en la hierba, y me tendía de
espaldas, alargando los brazos todo lo que podía hasta alcanzar con las manos las manzanas caídas del árbol
unas horas antes.
Aunque lo que me gustaba
de verdad, era ver los cerezos que ya habían florecido, y no solo verlos, sino colocarme entre el tronco y una vez acomodada,tumbada boca arriba, levantar la vista y observar los pétalos perlados, blanco rosado, y admirar los retazos de cielo que
se asomaban entre los huecos de las ramas
Ese era mi deseo anhelado.Llegar a ser una contempladora de primer orden
Pintura de Vladimir Gusev