Colección de cartas reales y ficticias para disfrutar del simple placer de leer y escribir.
domingo, 3 de mayo de 2015
Dudas
sábado, 23 de noviembre de 2013
Aquellos días
lunes, 7 de noviembre de 2011
Algo que sucedió

Willy Ronis
Salí algo tarde del trabajo, estuvo lloviendo con la misma intensidad durante todo al día, de regreso a casa la oscuridad era ya absoluta. En estas fechas anochece muy temprano y apenas se ve gente por la calle.
Antes de salir y cerrar la puerta me abotoné la gabardina y cogí el paraguas. El tacón alto de las botas de piel negra,resonaban de una forma algo exagerada entre la oscuridad y el agua acumulada en el suelo, de pronto algo llamó mi atención. Me detuve por un momento y escuché unos pasos que se acercaban y que sonaban distintos a los míos. Eran algo mas sonoros y se escuchaban con mas fuerza.
Me asusté un poco. Se oyen tantas cosas…así que me mantuve quieta ante un escaparate que reflejaba mi figura y la del paseante anónimo que se acercaba cada vez más al punto donde me encontraba. Esperé a que me adelantara y cuando estaba algo alejado de mí reanudé mi camino.
Cuando llegué al final de la calle giré a la derecha y con gran sorpresa para mi allí estaba él, delante de mí caminando muy despacio.
Quise adelantarle, aligeré el paso, pero al cruzarme con él noté la tibieza de una mano que agarraba mi brazo, levanté la mirada, con los ojos y la boca abierta.
No sé cuanto tiempo permanecimos parados y silenciosos. Los dos con la misma mueca sonriente en el rostro. Uno frente al otro.
Pero recuerdo que me dijo “Creo que los dos vamos por el mismo camino”. No me incomodó. Sorprendentemente me equivoqué al pensar que durante todos aquellos meses en que diariamente coincidíamos a la hora y en el lugar del primer café del día yo era alguien invisible para él.
Ahora los pasos tenían el mismo sonido. Igual ritmo. Llevábamos el mismo camino, pero hasta ese día yo no lo sabía.
martes, 24 de mayo de 2011
Cuando tú te diluyes

Iain Faulkner
Quiero que sepas que con el paso de los días las facciones de tu rostro van desdibujándose de mi memoria
Que tu voz se diluye despacito, como el azúcar al mezclarse con el café
Y extrañamente con del día a día, te pienso y te siento con una intensidad que duele.
Cuando te pienso siento descargas eléctricas que se introducen por cada poro de mi piel.
Cuando te siento descubro que cosas de mi que hasta ahora no conocía.
Llévame contigo allí donde deberíamos estar. Donde sabemos que está nuestro lugar.
Retomemos lo imposible, lo improbable. Desafiemos a la vida, al mundo
Mírame y dejate seducir, descarga tu mirada de deseo sobre mí
Qué puedo decirte que no sepas. Echo de menos encajar mi cuerpo en el tuyo, entrar en ti. Que abraces mi espalda. Echo de menos la extenuación desprendida y desmayada. El cansancio.
Dame tu mano.
No sueltes la mía.
Y maldigo el destiempo.
Las deshoras.
El callar.




