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domingo, 3 de mayo de 2015

Dudas


¿Cómo te reconoceré? 
¿Y si no se mirar?
Te juro que vas a saber. Dijo
Intenté disimular, pero se percató
de mi alegría triste.
A veces uno se pierde a medio camimo
una cosa no quita la otra
No es nada particular.
El amor, todo lo realza

sábado, 23 de noviembre de 2013

Aquellos días

Por la noche mientras él escribía, yo permanecía leyendo, ovillada en el sofá que se encontraba justo al lado de la ventana y de espaldas a su escritorio. La habitación era clara y acogedora, con algunos detalles en la decoración que la hacía romántica y elegante. Mas allá de la ventana el tiempo parecía detenerse. Aunque respetábamos nuestros silencios, alguna vez sentía la necesidad de comentar algún párrafo del libro, giraba la cabeza hasta él y si estaba concentrado me mantenía callada y seguía con la lectura, pero otras veces le hablaba y él, dejaba sobre el papel la pluma estilográfica que utilizaba para escribir desde que se la regalé al poco de conocernos, se quitaba las gafas y se echaba el pelo hacia atrás con la ayuda de las dos manos,mientras me escuchaba con atención.
No siempre era yo quien le distraía mientras escribía, pues había ratos que era él quien sentía el impulso de levantarse y  venir a mi lado, oía que me llamaba y su voz, resonaba tenue en el aire quieto de la habitación.
Mientras se acercaba  percibía casi el tacto de su piel. Yo, cerraba la boca intentando retener los suspiros que me provocaba la emoción de tenerle tan cerca. 

Después de todo ahora veo las cosas con una calma distinta, una atmósfera abatida y cruel en que las ventanas dejan que se filtre el silencio, aunque en mis sueños él sigue habitando mi presente

Imagen de Deborah Dewit

lunes, 7 de noviembre de 2011

Algo que sucedió


Willy Ronis

Salí algo tarde del trabajo, estuvo lloviendo con la misma intensidad durante todo al día, de regreso a casa la oscuridad era ya absoluta. En estas fechas anochece muy temprano y apenas se ve gente por la calle.

Antes de salir y cerrar la puerta me abotoné la gabardina y cogí el paraguas. El tacón alto de las botas de piel negra,resonaban de una forma algo exagerada entre la oscuridad y el agua acumulada en el suelo, de pronto algo llamó mi atención. Me detuve por un momento y escuché unos pasos que se acercaban y que sonaban distintos a los míos. Eran algo mas sonoros y se escuchaban con mas fuerza.

Me asusté un poco. Se oyen tantas cosas…así que me mantuve quieta ante un escaparate que reflejaba mi figura y la del paseante anónimo que se acercaba cada vez más al punto donde me encontraba. Esperé a que me adelantara y cuando estaba algo alejado de mí reanudé mi camino.

Cuando llegué al final de la calle giré a la derecha y con gran sorpresa para mi allí estaba él, delante de mí caminando muy despacio.

Quise adelantarle, aligeré el paso, pero al cruzarme con él noté la tibieza de una mano que agarraba mi brazo, levanté la mirada, con los ojos y la boca abierta.

No sé cuanto tiempo permanecimos parados y silenciosos. Los dos con la misma mueca sonriente en el rostro. Uno frente al otro.

Pero recuerdo que me dijo “Creo que los dos vamos por el mismo camino”. No me incomodó. Sorprendentemente me equivoqué al pensar que durante todos aquellos meses en que diariamente coincidíamos a la hora y en el lugar del primer café del día yo era alguien invisible para él.

Ahora los pasos tenían el mismo sonido. Igual ritmo. Llevábamos el mismo camino, pero hasta ese día yo no lo sabía.

martes, 24 de mayo de 2011

Cuando tú te diluyes


Iain Faulkner

Quiero que sepas que con el paso de los días las facciones de tu rostro van desdibujándose de mi memoria

Que tu voz se diluye despacito, como el azúcar al mezclarse con el café

Y extrañamente con del día a día, te pienso y te siento con una intensidad que duele.

Cuando te pienso siento descargas eléctricas que se introducen por cada poro de mi piel.

Cuando te siento descubro que cosas de mi que hasta ahora no conocía.

Llévame contigo allí donde deberíamos estar. Donde sabemos que está nuestro lugar.

Retomemos lo imposible, lo improbable. Desafiemos a la vida, al mundo

Mírame y dejate seducir, descarga tu mirada de deseo sobre mí

Qué puedo decirte que no sepas. Echo de menos encajar mi cuerpo en el tuyo, entrar en ti. Que abraces mi espalda. Echo de menos la extenuación desprendida y desmayada. El cansancio.

Dame tu mano.

No sueltes la mía.

Y maldigo el destiempo.

Las deshoras.

El callar.


domingo, 24 de abril de 2011

Ceremoniosamente


Brent Heighton
De vez en cuando nos gusta cometer alguna pequeña locura, nunca planeamos el día, ni el momento, tampoco la hora, pero intuimos cuando va a suceder.
La casa es blanca, pequeña y entra luz por todos lados, tiene una habitación que es nuestra preferida. El suelo es de madera y el techo blanco con vigas también de madera barnizadas, en el centro hay una claraboya de cristal transparente que nos permite disfrutar en cualquier momento el paisaje del cielo. Está decorada con pocos muebles. Solo los necesarios, pero es que a nosotros nos gusta así.
Por la tarde mientras él escribe yo leo. Respetamos nuestros silencios. De vez en cuando me detengo a mirarle fijamente en momentos de ensimismamiento y le comento algún párrafo del libro que tengo entre las manos. El deja la pluma estilográfica a un lado de la mesa mientras levanta la vista y me escucha. Alguna vez es él quien viene a mí a preguntarme o simplemente a darme un beso en el pelo.
Sin previo aviso nos encontramos mirándonos. Podemos prescindir de las palabras porque sabemos que todo está ahí dentro, y sin hablar sentimos el cosquilleo que produce el vértigo al tener la certeza de que ha llegado el momento. La ceremonia está a punto de empezar
Dice que me encuentra bella y elegante, pero él es el hombre de mirada y manos mas dulce que jamás he conocido.
Anochece, los dos sentimos que nuestros cuerpos desprenden sofisticación y deseo contenido Sentimos que el pecho aprieta, que cuesta respirar, el amor que se ha instalado dentro está pidiendo a gritos que le dejemos salir
Iniciamos nuestra pequeña locura, me pide que le susurre al oído palabras que solo yo sé, mientras, siento sus dedos recorriéndome la espalda hasta descansar sobre mis hombros. Hay un reloj de pared que se oye algo a lo lejos aunque nosotros no le escuchamos.
Y la respiración que era suave y tranquila se agita, y los latidos que eran profundos y pausados enloquecen.
Ropa esparcida por la habitación. Cuerpos que se reconocen. Piel que reacciona. Labios que se encuentran. Dedos cuajados de ti. Humedad.

jueves, 14 de abril de 2011

Colores y olores


Antes de ir al trabajo dejo el coche detrás de la estación, en la playa, de regreso paso por un sitio donde hay un restaurante de verano, tiene un patio espléndido  con el techo cubierto  de lilas.
Por la noche cuando termino de trabajar y antes de llegar a casa, dejo el coche en el garaje, de camino paso por delante de una casa con un jardín inmenso cubierto de cardenales.
Hace un tiempo salía a menudo a cenar, me gusta mucho un restaurante que hay cerca de donde vivo, se puede cenar en el interior o en la terraza al aire libre, siempre elegía lo segundo, está cubierto de dama de noche.
Hace algunos años, a la hora de desplazarme por cuestión de trabajo utilizaba el tren, en esta época del año los vagones van repletos de gente. Estudiantes y profesores realizando algún tipo de excursión. Turistas que se dirigen a Barcelona a pasar el día.
Por cuestión de trabajo una par de veces a la semana visito el puerto del lugar donde vivo, al anochecer, cuando ha finalizado la jornada, respiro hondo y miro al cielo. El olor a mar y el color del cielo es increíble.
El otro día fui a comprar a una gran superficie, también cerca de donde vivo, hace años en ese lugar en el que ahora está ubicado el supermercado era campo, nosotros, los niños que vivíamos allí jugábamos en esos campos; de todos modos todavía quedan. Vi que hay plantadas habas, alcachofas, guisantes…un lujo entretenerse un rato y observar la gama de verde.
Durante años cada semana he viajado por una carretera secundaria de la comarca de la Selva hasta llegar al pueblo donde pasaba los fines de semana y vacaciones de verano, en estos meses los campos están llenos de girasoles, también de amapolas.
Colores y texturas. Perfumes y brisas
Quizá por eso me gusta tanto el mes de abril...quizá.

martes, 5 de abril de 2011

El mirador



…Al atardecer nos sentábamos cerca del mirador que hay en la casa, a lo lejos se divisaba algún barco de pasajeros, nos gustaba jugar a imaginar qué estaba sucediendo en el interior de los camarotes, también en la cubierta. Nos inventábamos personajes y situaciones. Contemplábamos el mar de fondo que unas veces estaba tranquilo, otras encrespado, pero siempre vivo y dicharachero.

Cuando me besaba, yo cerraba los ojos. Él se quejaba, decía que le gustaba verme con los ojos siempre abiertos, que necesitaba sentir mi mirada en él, encima de él. Yo reía y me burlaba, cariñosamente de sus palabras, entonces él pasaba su brazo sobre mis hombros y decía que cuando transcurrieran muchos años recordaríamos estos momentos.


Los días transcurrían de uniformidad camuflada, habitaban silencios acompasados con la música de Van Morrison, en aquellos momentos nada hacia presagiar lo que estaba a punto de acontecer…

lunes, 4 de abril de 2011

De sentimentalismos



Reconozco que soy una sentimental, fiel a mis recuerdos y a las personas que me han acompañado en algunos momentos de mi vida. Pero también soy terca y me cuesta horrores aceptar que lo vivido no se puede duplicar y que los recuerdos es imposible calcarlos. Lo que ha sido es, o fue. Está. Y está como debe estar y ser. Los recuerdos mejor guardarlos en el corazón. Que descansen en paz. Usarlos alguna que otra vez para evocar conversaciones en voz baja, el susurro que se escapó entre risas amortiguadas y sobre todo recordar lo compartido y vivido. Siempre he creído que la palabra compartir es muy hermosa y completa. Abarca todo: besos, caricias, enfados, lloros, logros, fracasos...

Imagen de Ramón Casas