sábado, 30 de marzo de 2024

Lluvia y recuerdo

 


A media mañana se levantó un viento que trajo ráfagas de lluvia e hizo que los pensamientos alzaran el vuelo en busca de lejanas palabras, recordando las apacibles manos inmersas en el recuerdo de una nuca, unas caderas, un fondo de bolsillos compartidos.

Ella estaba en la parte de atrás de la casa leyendo, de pronto levantó la vista y vio unos pétalos surcando el aire por encima del tilo y descendiendo hacia el banco de madera oculto tras los árboles.

Los observó distraídamente, lo formaban pequeños grupos de cuatro y de seis, pero la mayoría en formaciones de dos, uno detrás de otro.

La zona del jardín daba la sombra y permanecía algo oscura y brumosa, y a ratos no podía divisar el lado opuesto, donde estaba situado el arbusto de margaritas.

Algo la inquietó, tomó algo de ropa de abrigo y bajó deprisa, haciendo que la escalera de madera crujiera con más fuerza, sonando de tal forma que el perro, sorprendido  se incorporó dando pequeñas volteretas por la estancia.

En la cuerda de la ropa, sujetada entre dos árboles se encontraba tendidas un par de camisas blancas, también las sábanas y mantelerías, todas blancas, ondeaban al viento con fuerza,  como latigazos.

Dio media vuelta y recogió leña del porche antes de que empezara a llover con más fuerza.

Entró a la casa, dejó la leña junto a la chimenea y fue a lavarse antes de preparar el almuerzo.

Hablaron mientras comían, la mayor parte del tiempo de las próximas vacaciones. Después del almuerzo salió al patio y se puso a recoger margaritas amarillas y blancas entró en la casa con la intención de colocarlas en un jarrón de cristal.

Se escucharon unos pasos y se giró, entonces le vio y se detuvo un momento.

Fue hasta la ventana y lo vio correr, saltar por encima de los charcos hasta llegar a la puerta de entrada.

Cuando él miró hacia atrás la vio y le hizo un gesto con la mano. Estaba oscureciendo y llovía con fuerza

Durante unos segundos apartó los ojos de él y miró a lo lejos.

Él entró en la casa. Sin mediar palabra la abrazó. Ella le echó los brazos al cuello y lo retuvo.

Te quiero. Quédate conmigo

Todo el pesimismo que había sentido en los últimos dias se había agotado, se había desvanecido en transcurrir de las horas, mientras viajaban en coche rumbo a la costa a través de los bosques de pinos.

Siguieron conduciendo con una creciente y desmesurada sensación de esperanza y alegría.

Mad