martes, 20 de mayo de 2008

Carta X

[por 1452]

Carta X

Suena el teléfono en plena madrugada, y de mala gana, por tener que abandonar un sueño que acabo de alcanzar, lo miro, y veo tu nombre reflejado en la pantalla. Sólo podías ser tú.

Que lo deje todo y me vaya contigo, sin más, mañana mismo. Que no hace falta que coja nada, que me vaya con lo puesto. Que me esperas.
Intento hacerte entender, que eso que sientes ahora mismo, tan sólo es desesperación, nada más. Que mañana por la mañana, con los pensamientos reposados y quizá una copa de menos, te reirás de la propuesta que me estás haciendo, y en la que parece que te vaya la vida.

Imagino esos ojos verdes, en la oscuridad, solos… enfadados.

Tu respuesta no puede ser otra: que si soy esto, que si soy aquello. Mañana, te arrepentirás tanto de la propuesta como de todas esas palabras. Y te lo perdono, no importa, te conozco y sé de tus reacciones, que todavía me siguen doliendo, pero que ya no dirigen mi vida.

Y me imagino a la mujer que vive a tu lado, y no puedo evitar un estremecimiento, porque sé, que como todas las demás, excepto una, intentará alcanzarte, llegar a ti, sin conseguirlo jamás. Tú ya no eres de nadie, y si acaso todavía, persiste en ti por momentos ese sentimiento de pertenencia, está ligado a alguien a quien nunca tendrás, ni nunca te tendrá.

Sé que sigues corriendo, yo también lo sigo haciendo… no sé si como tú, para escapar de mí o por el contrario para escapar de los demás. Siempre tuvimos ciertos problemas con los lazos, que aunque fueran leves, nos parecían cadenas.

Sin embargo, y cuando hace tanto que yo ya no soy nada en tu vida, excepto un recuerdo, me llamas.

Ya no puedo ayudarte, aunque daría media vida por ello, ya no… cambié las reglas del juego.

Ya no voy a quedarme aquí sentada, viendo cómo tú, terminas tu vida a golpes de adjetivos, que ni tú, ni yo, merecemos. Ya no voy a seguir viendo, cómo tú, vas convirtiéndote en alguien pequeño ante mis ojos… prefiero recordarte como alguien grande, no sólo de estatura, también de espíritu, aunque nadie, excepto yo, vea esto en ti… ni siquiera tú.

Sé que las demás sólo ven alguien difícil a quien conquistar como un trofeo, y eso fue lo único que tú también viste en mí.

Ya tampoco importa, sé que hiciste por mí lo que no hiciste por nadie… Sé que cuando te dejé, ya había pasado de ser un trofeo a otra cosa muy diferente. Sé que aún hoy en día, cuando hablas de mí, no puedes evitar una sonrisa y te vienen a la cabeza recuerdos de una playa desierta, de una canción que se hizo sólo para mí, de un poema que siempre será tuyo… Sé que cuando hablas de mí, y esto enfurece a tus amantes de hoy, no hablas de mí con amor, (tú nunca ya querrás a nadie, sólo amarás ese recuerdo que te atormenta), no, hablas de mí con respeto, eso que tan difícil te resulta sentir hacia alguna mujer, y eso que ninguna de las actuales (a excepción de la que vive contigo), tiene de tu parte, porque piensan que entregándote todo lo que pides, tú te entregarás a ellas… ¡qué equivocadas están! Tú eres un cazador, no una presa… esto, pocas lo ven también, y confiadas, comienzan una cacería, en la que la única pieza cobrada, serán ellas mismas.

¿Sabes? He descubierto algo que ni tú ni yo sabíamos entonces.
No te quise tener, porque no te tenías… y tú sólo me querías tener, porque me tenía.

Te quiero, pero no quiero hundirme contigo. No porque me importe lo más mínimo hundirme, sino porque no quiero ver cómo te hundes tú.

Siempre vas a estar en mis poemas, siempre voy a estar en tus canciones.