jueves, 22 de mayo de 2008

Carta XI

[por 1452]


Carta XI


Querida abuela…
… no sé si tu historia ha marcado mi vida, si tu nombre ha influido en mi sino y si tu carácter dejó huellas en el mío. No lo sé...

Sólo me queda de ti un retrato, que un dibujante bohemio hizo mucho tiempo atrás, eso y la fuerza.

Sé que toda mi fuerza, reside en ti, no sé cómo ni de qué manera, pero sé que es así. Tú eres mi fuerza, él es mi fe… y él también desapareció hace muchos años.

Si me he decidido a escribirte hoy, es porque estoy cansada.
Cansada de transmitirle fe al que no la tiene, cansada de suplir debilidades con mi energía, cansada de intentar mostrar a otros la magia que reside en las cosas más simples de la vida, cansada de tratar de que el que no ve la belleza, cambie de perspectiva. Cansada, al fin y al cabo, de ser fuerte.

Me he cansado de dar; qué digo, no es cansancio, es vacío. Cuando uno lo da todo, ¿qué le queda?

Seguramente, estos sentimientos sólo sean pasajeros, como no, tú siempre me obligas a volver a levantarme, y él me ayuda a mantenerme en pie, pero es lo que siento en estos instantes, y sé que nadie más que tú lo puede comprender.
Sí, estoy rodeada de personas, pero ninguna entendería nada de esto que te estoy diciendo. Y ya no sé si un milagro o un castigo, que todas esas personas que no entenderían estas palabras, sean las mismas que recurren siempre a mí para contarme lo que sucede en sus vidas, buscando una palabra de aliento, una esperanza, un hombro en el que llorar, alguien que les preste atención… Y sé que a pesar de que me estoy viniendo abajo como una torre, pieza a pieza, lo seguiré haciendo, a pesar de que me gustaría gritar que no puedo más, que no quiero más, que se detengan; que sólo deseo que me den algo de paz y silencio, que me dejen sola conmigo misma, que necesito estar en mí.

¿Por qué esta vez el fuerte no puede ser otro?

Sabes y sé, que no me voy a dejar caer, ahora que falta tan poco para la fecha pactada, pero qué difícil se me está haciendo no desistir, no dejar de creer, no perder la fe… también sé que no me espera nada fácil en los próximos meses, pero, ¿cuándo fue fácil para mí?
Y sin embargo, ése ha sido el regalo de mi vida: que nada haya sido fácil. ¿De qué otra manera podría ahora creer en los imposibles?

Sé que él no debe andar distante de ti, dile que sigo creyendo sin dudar en su promesa, y que yo voy a mantener la mía.