miércoles, 28 de mayo de 2008

Carta XII

[por 1452]

Carta XII

Para quien no conoce los signos del tiempo, toda pérdida es una desgracia. Sin embargo, para quien sabe desentrañar las sutiles telas tejidas alrededor de la vida, no es más que un suceso necesario.

Para quien no es recto y veraz, el curso de los acontecimientos lo arrastra contra su voluntad. Sin embargo, para quien mantiene siempre su centro interno, en toda situación externa, no hay acontecimiento que lo lleve más allá de donde desea ir.

Para quien se ciega por las pasiones, no hay más sentimiento en el curso del tiempo, que la decepción, y la ofensa. Sin embargo, para quien sabe cuidar de sus pasiones, dotándolas además de juicio, se cuida por anticipado de las ofensas, y de la decepción.

Para quien cree que si no lo detienen, lo animan a caminar, no sabe diferenciar su mano izquierda de la derecha. Sin embargo, quien sabe que cuando no lo detienen, se tiene que detener el mismo, mantendrá en constante colaboración para sus obras, la fuerza de ambas manos unidas.

Para quien no actúa con la verdad como arma, toda verdad le es amarga. Sin embargo, para quien tiene la verdad por bandera, toda verdad, aún siendo amarga, revela su dulce fruto.

Para quien no sabe observar, todo gesto es el que desea. Sin embargo, para quien sabe mirar y evaluar, todo gesto es el necesario, lo desee o no.

Para quien camina sin tener claro su rumbo, sólo puede existir el camino equivocado. Sin embargo, para aquél que camina sin desviarse del camino elegido, aún siendo éste el equivocado, puede encontrar el desvío para acceder al correcto.

Para quien no conserva su calma, en tiempos de caída, sólo existe la devastación… tanto de sí, como de los demás. Para quien mantiene la calma, aún hundiéndose en el abismo más negro, sólo puede existir la salvación de su espíritu.

Para quien no sabe callar, todo se le tienen que volver palabras. Sin embargo, para quien mantiene en silencio la tarea que le ocupa, basta sólo un gesto.

Para quien pretende conseguir a través del elogio, lo que no le otorgan las circunstancias, sólo puede existir la soledad. Sin embargo, para quien el elogio es tan sólo palabra que no pesa en el alma, nunca estará sólo descansando en sí.

Para quien no tiene limpia la conciencia, cree todo acto alberga segunda intención. Sin embargo, para quien cada día intenta limpiar su conciencia de oscuros pensamientos, cree que todo acto, alberga al menos, un poco de benevolencia.

Para quien no cree firmemente en su destino, todo viento es capaz de hundirle la barca. Sin embargo, para quien tiene claro cuál es su fin, no hay viento al cual no puedan adaptarse sus velas.

Para quien no tiene claro a quién quiere, toda emoción se le volverá desdicha. Para quien tiene claro, quién es el centro de sus pensamientos, toda emoción es fuente de alegría.

Para quien no viéndose correspondido, se cree con el poder de herir, sólo le aguarda una larga tristeza. Sin embargo, para quien aún no siendo correspondido, le desea al otro felicidad, aunque ésta no sea la propia, le llegará la felicidad que le corresponde.

Para quien se apoya en los demás antes que en sí mismo, la cortesía, aún siendo falsa, cree que es moneda de cambio. Sin embargo, para quien se apoya antes en sí mismo que en los demás, cree que no le es necesario corresponder a ninguna cortesía que no nazca del corazón.

Para quien la única manera de atraer adeptos es la manipulación de los actos, y las palabras, acabará sus días solo… o peor aún, rodeado de sus adeptos. Sin embargo, para quien confía, en que por el medio simple de la veracidad, y la justicia, los adeptos se avendrán solos, por propia decisión, no estará solo ni en la muerte.

Para quien cree que se puede comprar la voluntad, no hay más fin que acabar vendiéndola. Sin embargo, para quien sabe, que la voluntad se entrega sola, no hay pago posible, excepto el del afecto verdadero.

Para quien cree que su vida es gris, aún en las más grandes alegrías, así se le tornará. Sin embargo, para quien conoce de los colores, aún en las penas, una sonrisa vendrá a auxiliarlo.

Para quien cree, que la fuente de su desgracia, son los demás, no ha comprendido la vida. ¿Hay mayor desgracia que no comprender la vida? Sin embargo, para quien sabe, que toda fuente de desgracia, nace primero de uno mismo, mantendrá un dialogo silencioso con el universo. ¿Hay mayor fortuna que poder comprender los días?

Para quien sufre, y culpa a las circunstancias, no le queda más remedio, que sufrirlas. Sin embargo, para quien aún sufriendo, sabe que las circunstancias son algo que él mismo ha colaborado a crear, puede además de sufrirlas, encontrarles utilidad.

Para quien cree que lo más importante son las apariencias, vivirá toda su vida a expensas de ellas, y será presa de un agitado nerviosismo según pasan los minutos. Sin embargo, para quien cree, que las apariencias son cortinas de humo que el tiempo se encarga de hacer desaparecer, no existe más que una serena confianza en el transcurrir de las horas.

Para quien cree, que se puede recoger la palabra dicha, el arrepentimiento es su camino. Sin embargo, para quien es consciente de que palabra dicha, es palabra irrecuperable, aún teniendo que arrepentirse de muchas de ellas, le llegará el tiempo de la prudencia.

Para quien descansa su seguridad en el juicio de los demás, un día será rey, otro mendigo. Sin embargo, para quien va aprendiendo, que la seguridad sólo puede provenir de su interior, independientemente de los juicios ajenos… ni rey, ni mendigo: simple dueño de su reino, o de su caja de cartón.

Para quien no sabe leer las estrellas, todo cielo es pequeño y mezquino. Sin embargo, para quien conoce de los movimientos celestes, todo cielo es amplio y generoso.

Para quien teme caer, sólo existe la eterna caída. Sin embargo, para quien sabe que va a caer, sólo existe una certeza que es la siguiente: después de cada caída, existe otro levantamiento.