viernes, 30 de mayo de 2008

Ada o el Ardor

[por Madison]

Yo, juguete de pupilas giratorias, he conseguido el permiso psykista para disfrutar de un paseo en compañia de Herr Doktor Sieg, de nuestra enfermera Joan la Terrible, y de varios "pacientes", en el bosque de pinos vecino. En éste he visto, querido Van, exactamente las mismas ardillas con aspecto de mofeta que tu abuela Azuloscuro importó en el parque de Ardis, por el que algún día, sin duda, te pasearás. Las agujas de un reloj de pared, aun cuando no funcione bien, deben saber, y hacer saber al más tonto de los relojitos de pulsera, dónde se encuentran. De no ser así, ya no hay reloj, ya no hay cuadrante; no hay mas que una cara en blanco con unos falsos bigotes. Igualmente, tchelovek (el ser humano) debe saber dónde está y hacérselo saber a los demás; y, de no ser así, no es no siquiera klok (pedazo) de tchelovek; no es ya un él, ni una ella, no es sino "una pieza de nada" como decía tu pobre ama Ruby, mi pequeño Van, cuando hablaba de su seno derecho estéril. Yo pobre Princesse lointaine, très lointaine ya no sé dónde estoy: así pués, es necesario que desaparezca. Así pués, adieu, querido, hijo mío querido, y adiós pobre Demon. No conozco ni la fecha ni la estación, pero es un día razonablemente bello, y, sin duda, e sazón, con una gran cantidad de gentiles hormiguitas que hacen cola para probar mis lindas píldoras. Firmado: La hermana de mi hermana, que "teper'iz" ada (ahora ha salido del infierno) ADA O EL ARDOR VLADIMIR NABOKOV