martes, 27 de mayo de 2008

Graciela

[por Wara]

Queridos papá y mamá:
Julián me regaña porque no os llamo. Si vinierais, dice, mi tristeza se desvanecería en el acto. Pero no quiero veros, mamá, para que ni tú ni papá influyáis nuevamente en mi ánimo. No hay tristeza que me abata, sino un deseo sofocado… un ansia que no sé como escribirlo para mejor explicároslo.

Sé que me habéis educado para servir en cuerpo y alma a Julián y a los hijos que la buena providencia nos enviara. Discúlpame, papá; escúchame, tú, mamá… hay otros mundos, otras realidades. Me habéis visto extraña, me habéis creído enferma… pero no me ocurre nada. Sí, en realidad sí. En ausencia de Julián, papá, tuvimos que abrir la habitación cerrada. ¡Qué belleza allí me oculta y guarda, mamá! Sus secretos… los libros, con cruel avaricia nos son negados: existe un sinfín de hombres que sin pudor hablan, y mujeres que les igualan. Hay lugares como España o Alemania, Inglaterra o Francia que pudieron perecer en sus batallas, otros como Egipto o Arabia, tan lejanos que parecerían de fábula, y aún más de nombre impronunciable en mis labios; todos ellos me aguardan.

Queridos papá y mamá, no os juzgaré por ocultarme que el mundo es amplio y extraordinario, que en mi vida no es Julián quien manda. Querida mamá, no sufras cuando acaso papá decida olvidarme. Escribiré alguna vez, te prometo. Ahora aguardo por Julián; hablaré con él si tiene a bien escucharme. Sea como sea, mamá, hoy mismo me marcho.
Graciela