sábado, 31 de mayo de 2008

Carta VII

[por 1452]

Publicado inicialmente en AbreteLibro el 1-Abril-2008

Debería haber escrito esta carta hace muchos años atrás, lo sé, pero entonces no lo hice, ya no importan demasiado las razones. Estoy enferma y me queda poco de vida, no tan poco como días, semanas o meses, pero pocos años. De modo que no quiero que esto quede sin hacer, quedarán otras muchas cosas, pero esto no.
No la recibirás. No la enviaré. Pero yo cumpliré mi deuda, no sólo contigo, también conmigo.
Lo primero de todo sería pedirte perdón por no haber respondido ni una de todas tus cartas, entonces me pudo el orgullo, todavía sigue ganándome algún pulso que otro hoy en día.
Recuerdo poco de lo que me decías en ellas, excepto cómo me llamabas, eso no lo he olvidado nunca. Tampoco tiene mucho sentido forzar ahora la memoria para tratar de rescatar alguna frase de aquellas, sólo recuerdo que lloraba y lloraba leyéndolas porque estabas lejos y que una a una las rompí todas junto a tus fotos.
Sin embargo y a pesar de todo, tú seguías escribiéndome.
Han sido demasiados años juntos como para que no nos conozcamos, así que igual que sé, que me querrás siempre, sabes que siempre te querré.
Si hoy escribo todo esto es porque hoy soñé contigo y soñé que de nuevo me besabas y tras el beso, la partida.
Habría muchas cosas más por las que debería pedirte perdón, pero que baste el decirte, que todo lo que te hice, tan sólo me lo hice a mí misma. Sé que todo lo que me hiciste, te lo hiciste a ti mismo. Repito, nos conocemos demasiado bien como para no saber esto.
Si he decidido que hoy sea la primera vez que te escribo, es porque sé que después de quince años, tengo que dejarte atrás, no puedo continuar mi camino, desviándome en ocasiones para caminar por el tuyo. Te lo dije una vez…no será en esta vida y como me dijiste…será entonces en otra.
Puede ser que estuviéramos destinados a encontrarnos, pero no lo estábamos para estar juntos.
Siempre serás la herida más honda que mi corazón albergue, mírame, te estoy escribiendo y lloro de la misma manera que lo hacía cuando tú escribías para mí.
Te quiero más de lo que nunca pudiste llegar a imaginar...tanto, que sacrifiqué mi libertad por la tuya. Y lo volvería a hacer, tantas veces como fuera necesario.

Tú para siempre en mi alma, yo para siempre en tus líneas.
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