domingo, 24 de enero de 2010

Noche


Me gusta la noche, es uno de mis momentos preferidos del día; la soledad para la reflexión, la luz tenue de una sencilla lámpara de mesa, el silencio, apenas roto por el rasgueo de la pluma sobre el papel.


Empieza el desfile de sensaciones con la apertura del cuaderno de notas, todo un rito para mi, abrirlo apartando la goma elástica que lo mantiene cerrado, desenroscando la pluma estilográfica y disponiéndome a plasmar mis ideas, reflexiones y sentimientos en la hoja de papel, aún en blanco. Estos simples actos me proporcionan una sensación de calma y tranquilidad, recuperando el viejo gusto por la escritura a mano, hoy ya casi olvidado.


La primera palabra que rompe la superficie del papel es “querida”, no podía ser otra; pretendo hacerla llegar mis impresiones sobre como se ha desarrollado el día, como he sentido su ausencia, y a la vez repetirla que a pesar de todo siempre la llevo conmigo. No necesito saber más de ella, es suficiente con saberla ahí, siempre a mi lado. Y se, no me preguntes cómo, que a ti te pasa lo mismo, sientes igual que estoy contigo.


Hago una pausa y, levantándome de la silla, me acerco a la ventana y miro hacia el cielo; hoy está nublado pero ello no impide ver las estrellas y buscar la nuestra. Te imagino contemplándola tu también en este mismo instante y ello hace que estemos unidos.


Vuelvo a escribir y brotan mis sentimientos sin control, te digo lo que no hace falta ya que ambos lo sabemos, pero aún así me gusta escribirlo. Vuelco mis sueños, siempre contigo, vivencias que nos unen más día a día, o mejor habría que decir noche a noche. El sueño de ésta tendrás que adivinarlo, se que puedes hacerlo, y me comprometo a escribir muy pronto un sueño entre ambos.