domingo, 1 de junio de 2008

Carta XIII

[por 1452]

Carta XIII

Hoy releo la carta que te escribí hace un tiempo, y me asusta en cierta forma, percibir de manera tan clara, que quizá, no soy tan diferente de ti.
Serán las circunstancias, las casualidades de la vida, y este estado sino de paz, de comprensión, que me hace ver, que cuando escribimos una carta, hay algo en ella que le decimos a otro, pero que en realidad necesitamos decirnos a nosotros mismos.

En aquélla, te reprochaba tus celos hacia mí… después de haber sido mi compañera, te convertiste sin que yo pudiera comprenderlo, en mi “oponente”. ¿Y sabes? Tengo que reconocer con todo el dolor de mi alma (porque la verdad nunca es fácil e intentamos en muchas ocasiones, negárnosla de forma contundente con mil y un argumentos), que yo también albergaba celos hacia ti.
Y es curioso leer esa carta pasada, porque ésa fue la única parte, que ratifiqué que no me correspondía… justo la única que compartía contigo.
No sé cómo pasamos de un estadio al otro, en tan breve tiempo. No lo sé, por más que lo pienso, pero si así ha sido, alguna razón tendrías para ello, aunque a mí se me escapen los motivos.

La finalidad de esta carta, no es otra que la de comunicarte, que ya no me duele esta separación, ni me molesta tu actitud.
Es más, desde el momento en que he podido reconocer (gracias a ciertas circunstancias que se han unido, de manera casi mágica, para que yo esté escribiéndote ahora de nuevo), que en mi carta le hablaba a mis celos y no a los tuyos, me siento en paz conmigo y contigo.
No me importa que cuando sepas de mis avatares, esboces una sonrisa, y me alegro de que no me importe, porque eso es señal de que en eso, no me parezco a ti. Yo no me alegro de tu desgracia. Nunca me alegré de la de nadie. Hasta para mis peores enemigos, siempre tuve tendida la mano, porque de ellos aprendí tanto o más, que de mis amigos.

Así que tengo que darte las gracias, por todo lo que le has aportado a mi vida. Sin saberlo, y sin que fuera tu intención, me has ayudado a seguir mi camino, con una lección más, aprendida.
Deseo que la vida te haga un regalo similar al que a mí me ha hecho: aceptar algo de ti, que nunca te haya gustado, pero que está ahí, y no se puede superar, hasta que no se admite.

Le has dado luz a mi sombra.

Gracias.

P.D. Quizá tampoco sea una simple casualidad, que esta carta sea la número trece. Símbolo de la muerte de lo viejo a favor de lo nuevo. Símbolo así mismo, de cortar lo que nos impide avanzar, para poder seguir nuestro camino, lleno de nuevas oportunidades, y siendo en cierta forma, personas diferentes.

Deseo también para ti, que un nuevo camino se abra en tu vida