viernes, 27 de junio de 2008

Los Monederos Falsos.-André Gidé

[por Madison]

Muy señor mío:
Acabo de darme cuenta, a raiz de cierto descubrimiento que fortuitamente he realizado esta tarde, que debo dejar de considerarle a usted como padre, lo que constituye para mí un alivio inmenso. Debido al escaso cariño que sentía por usted, he creído largo tiempo que era un hijo desnaturalizado; me satisface saber que no soy hijo suyo en absoluto. Quizá considere usted que le debo gratitud por haberme tratado como a otro cualquiera de los que realmente lo son; pero, en primer lugar, siempre me he dado cuenta de la diferencia del afecto que sentís usted por ellos, y, además, le conozco demasiado bien para no saber que todo lo que haya podido hacer en este punto ha sido por miedo al escándolo, para ocultar una situación que no le honraba precisamente y, en fin, porque no cabía otra cosa. prefiero marcharme sin ver a mi madre por temor de que, al espedirme de ella para siempre, me enterneciese, y también para evitarle que se sienta en una posisción molesta ante mí. Tengo mis dudas acerca de la sinceridad de su afecto; como me he pasado la vida en un internado, apenas ha tenido tiempo de conocerme; y como el verme le recordaba un episodio de su vida que habría deseado borrar, supongo que acogerá mi partida como un desahogo y una satisfacción. Dígale, si tiene valor para ello, que no le reprocho que haya hecho de mí un bastardo; que por el contrario, lo prefiero a creerme engendrado por usted. ( Y dispense que le escriba en tales términos, porque no tengo la menor intención de insultarle; pero esto que le permitirá despreciarme, lo que le aliviará a usted).
Si desea que silencie las secretas razones que me han obligado a abandonar su hogar, le ruego que no trate demanera alguna de hacerme volver a él. La decisión que he tomado de marcharme es irrevocable. Ignoro lo que mi manuntención hasta hoy haya podido costarle a usted; podía aceptar vivir a costa suya mientras desconocía la situación; pero, ni que decir tiene, no quiero un céntimo de usted de aquí en adelante. la idea de que pueda debrle a usted algo me resulta intolerable, y si tuviera que empezar de nuevo, creo que antes moriría de hambre que sentarme a su mesa. Por fortuna, me parece recordar haber oido que, cuando se casaron, mi madre era más rica que usted. Puedo, en consecuencia, pensar que he vivido a cargo de ella. Le doy las gracias, la relevo de todo lo demás y le ruego que se olvide de mí. Ya encontarán ustedes una explicación, para justificar mi partida ante aquellos a quien pueda sorprenderles. Les autorizo a que me achen a mí la culpa ( aunque demasiado sé que no expresarán esta autorización para echármela)
Firmo con el ridículo apellido de usted, que desearía poder devolver, y que estoy impaciente por deshonrar.
BERNARD PROFITENDIEU