jueves, 25 de febrero de 2010

Historias y relatos, Walter Benjamin


Pienso en mi calle; o en ti si quieres, pues es lo mismo. La calle donde una palabra tuya cobró tanta vida como ninguna que escuchara antes o después. Es lo que me dijiste una vez en Travemunde. Que toda aventura viajera, para que pueda ser narrada realmente, tendría que girar en torno a una mujer o, al menos, a un nombre de mujer, pues es el asidero indespensale para que el hilo rojo de lo vivido pase de una mano a otra.

Tenías razón, pero cuando yo subía por aquella calle ardiente, todavía no imaginaba de qué extraña manera y por qué, desde hacía un par de segundos, mis propios pasos, que retumbaban en la solitaria calleja, parecían llamarme como una voz.

Las calles del entorno tenían poco en común con las que hicieron famosas a las pequeñas ciudades del sur de Italia. No eran lo bastante viejas para parecer que se desmoronaban, ni tan nuevas como para resultar acogedoras; era un muestrario de antojos del limbo de la arquitectura.


Párrafo extraido del libro Historias y relatos, de Walter Benjamin