viernes, 13 de junio de 2008

Carta XVI

[Por 1452]

Carta XVI

Dicen que para todo hay un fin. Quizás sea cierto. Pero bueno, esto no es un adiós, sino un hasta luego.

Entre tanta carta dedicada a los que ya no están, a los que llegan, a los que se van, y a los que andan por mi imaginación sin más, y que me sirven de disparadero para lanzar unas cuantas ideas, todavía no os he escrito una carta a vosotros, que sois mis compañeros de mesa, en este café, donde uno se sienta a leer, a charlar, y como no, a intentar aprender, de lo ajeno y de lo propio. Bien, pues ésta que es mi última carta, al menos durante un espacio de tiempo, más largo del habitual, quiero dedicárosla a vosotros.

La primera es Madison, que es el alma de este local. Ella sueña, y con sus sueños, hace que los demás, soñemos con ella. Nos lleva de la mano a sus días, y los compartimos ávidos por vislumbrar, un poquito de la magia que desprende.

El siguiente es Maverick. Qué decir de Maverick que no digan sus propias palabras. Es un espíritu noble, que intenta en cada frase que escribe y pronuncia, poner algo de luz, para iluminar a quienes la recibimos. Es todo corazón.

Wara… Wara es una persona que consigue trasladarte junto a ella, cuando lees una de sus cartas. Transmite firmeza, fuerza, entusiasmo, inteligencia, y sobre todo, dulzura.

Gaviero, es el caballero desconocido, que le escribe a su dama desconocida, y que sin lugar a dudas, a todos y cada uno de nosotros, nos ha hecho soñar con nuestros desconocidos propios. Es capaz de llevarnos a un mundo mágico, donde un aroma nos traslada a un lugar donde estuvimos mucho tiempo atrás, y además de llevarnos, es capaz de rescatarnos y traernos de vuelta, con el corazón sano y salvo, de los zarpazos que a veces nos da la nostalgia.

Y por último Iván. Iván es quien me dibuja una sonrisa con sus cartas. Tiene el don, nada fácil por otro lado, de escribir de forma divertida, sin perder un ápice de profundidad en lo que dice, y en lo que transmite.

Sé que en esta carta, faltan muchas personas, pero quería dedicársela especialmente, a quienes comparten café conmigo, semana a semana.

Chicos, que os quiero, que me gusta mucho este café que habéis abierto para los que aún nos gusta escribir cartas, y recibirlas. Que os agradezco cada palabra, cada silencio, cada lectura, cada sonrisa, cada abrazo, cada beso, y tantas, y tantas cosas más… y cada café.

De la misma forma que ahora escribo versos en silencio, quiero escribir cartas en silencio.

Un abrazo a todos los carteros, y a todos los que los leen.

Hasta pronto.