miércoles, 12 de noviembre de 2008

SUSANA

[por Naide]

Querida Susana:

Ahora mismo estás lejos de aquí. Te fuiste para empezar una nueva vida en otro lugar, con otra gente. Yo continúo aquí, con los mismos amigos, las mismas aficiones y, como no, el mismo trabajo. Esta carta va dirigida a ti, y aunque nunca la leerás, necesito escribirla. Me hace falta hacerlo porque eres casi todos mis recuerdos..., una parte de mí, y quiero empezar esta nostalgia desde nuestra niñez.

Pobre Susana que nunca soñaste, cómo ibas ha hacerlo, si nunca tuviste una infancia como las demás, y mientras tus amigas hablaban de sus sueños y comentaban:<<>>, <<>>, <<>>.
Tú, amiga mía, callabas, porque cuando te acostabas, sólo dormías... Te robaron ese tesoro, esa joya que, en aquellos años, nos hacía levantarnos felices cada mañana... Te lo quitaron con desprecios hacia ti y humillaciones como: <<¡todo lo haces mal!>>, <<¡no aprendes nada bueno!>>, <<¡más vale que hicieras algo de provecho en vez de pedir tanto!>>, <<¿sabes lo que cuestan los libros?>>, <<¡a tu edad, tu madre sabía hacer de todo, no como tú, que no sabes hacer nada!>>

Cuantas palabras de desprecio como esas oíste..., lo sé, porque muchas veces estuve allí, contigo. Entonces no pude entenderlo, pero con el paso del tiempo lo comprendí, me di cuenta de que tus padres, cargaban sobre aquella indefensa niña todo el peso que debieron soportar ellos. Por eso, cuando te dormías cada noche no soñabas... ¿Quién puede fantasear cuando se siente fracasado?
Eras sólo una niña, mi querida Susana. De igual forma, recuerdo nuestra adolescencia, en ella, eras una chiquilla que caminaba en medio de la desolación, y escondía en si misma su anhelo de ser hallada. También lo sé, puesto que igualmente permanecí allí, contigo.
Con el paso de los años, construiste un muro infranqueable alrededor de tu corazón, pero no tenías ninguna culpa, pues no sabías soñar. Los hombres huían de ti, les asustabas..., y yo notaba tu sufrimiento. Lo sé, pues siempre me mantuve allí, contigo...
Ya no tengo noticias tuyas, no puedo saber donde estás. Huiste de aquí, de tu pasado, pero me temo que, aunque estés en el paraíso, seguirás igualmente perdida. Mi querida amiga, no encuentro la manera de pedirte perdón... Me culpo por no haber sabido hacerte soñar (aunque sólo una vez), porque, si lo hubiera conseguido, habrías visto el mundo que hay dentro de cada uno de nosotros: ese infinito de ilusiones casi imposibles que nos acompaña siempre que estamos solos, y que llevamos en nuestro interior para defendernos de la realidad que nos rodea...

Adorable Susana, yo sí te vi en mis sueños muchas veces, y en ellos pude ver lo que hay en ti. Te los mostré en numerosas ocasiones..., pero no lo podías entender, porque tu nunca los tuviste, te los arrebataron para siempre.

Adiós, de alguien que te quiere.

Pd. esta maravillosa carta la ha escrito Naide