domingo, 23 de noviembre de 2008

Fantasmas

[por Wara]

F.J.

Resulta curioso cómo determinadas historias despiertan en nosotros viejos fantasmas del pasado que creímos olvidados, incluso bien enterrados. A veces despertamos el dolor con intensidad idéntica a la que tuvo cuando todo era real, cuando todavía no lo habíamos convertido en algo pasado, tan olvidado que finalmente podemos juzgarlo ficticio. A veces abrimos un libro y el pasado renace entre sus páginas…

Estos días he pensado en ti. He recordado aquella forma tuya de contarme cómo te habías fijado en mí la primera vez, cómo habías tomado conciencia de mí persona en su aspecto físico y de cómo tu atracción había ido creciendo. He recordado el desagradable escalofrío que me recorría al escucharte hablar, la incomodidad, el rechazo que sentía… Tus palabras, tú nunca fuiste consciente, me convencían de lo poco que siempre me quisiste. Como cuando paseabas jactancioso por el pasillo de la casa de mi padre y de repente anunciabas: “Algún día, todo esto será mío”. Qué equivocado estabas…

Estos días he pensado en ti. Me he sorprendido al reconocer que si de pronto te encontrara por la calle en compañía de alguna mujer seguramente me sentiría molesta. Molesta, que no celosa. ¿Has encontrado una mujer con la que puedas convivir? ¿Has encontrado una mujer a la que tú sepas cómo hacer feliz? Porque, ¿no recuerdas alguna vez cuánto me hiciste llorar? ¿Recuerdas alguna vez aquellos días en que te volvías imposible, cuando por no soportarte a ti mismo necesitabas humillarme y cuánto disfrutabas haciéndome daño? ¿Recuerdas alguna vez tu frustración por tu destino, por aquella vida que te pagaba en demasía uniéndote a mí? Sentías que yo representaba una especie de premio como muy grande, un trofeo que no merecías, pero en lugar de celebrarlo, preferías jugar violentamente con él para calibrar su fragilidad o resistencia antes de empeñarte en destrozarlo, romperlo y anularlo… ¿Recuerdas cómo luego querías recomponerlo…? Te irritaba hasta la furia que yo, siendo acaso ya un juguete, me resistiera a ser reparado; no te complacía, no te daba la razón, no asentía a tu parecer ni cumplía tus voluntades… Porque era un juguete roto que, a mi triste manera, me rebelaba.

Estos días he pensado en ti. Te trastornaría saber que he hablado de ti con un extraño. No le he dicho nada de todo esto que recuerdo, que ocupa mi memoria para siempre, que no se borrará jamás, que convive junto a recuerdos bellos, a palabras hermosas, a versos y poemas… junto a las personas que más quiero. He hablado de ti con un extraño. Le he dicho que al verte creí que eras el destino que aguardaba… el hombre que me necesitaba y buscaba desde un tiempo muy lejano. Le he dicho que nos quisimos durante unos pocos años. Le dije que te dejé de querer… que había vivido sola tanto tiempo, demasiado, que no fui capaz de hacerte un hueco en mi espacio. Le dije que fui tremendamente egoísta, que seguramente te hice daño.

Quizá piense que fui mala, no importa… ¿Por qué un extraño ha de saber que, apartándote de mí, me salvé? Que cuando me doy la vuelta y doy la espalda a muchas voces, sonidos, y palabras del pasado, soy libre y feliz con un libro en la soledad actual de mis manos. Pero ocurre a veces que los libros nos encierran en las páginas de su historia, nos hunden en recuerdos, despiertan sentimientos, recuperan experiencias… y a veces ocurre que hasta vuelvo a pensar en ti. Pero cuando te recuerdo ya no me haces daño; lo que me entristece realmente es la imagen de esas mujeres que se rompen como muñecas en pedazos… que no encuentran el camino y se extravían en vidas de auténtica pesadilla, en sueños terribles de los que no pueden despertar poniéndoles fin con ese gesto tan sencillo de cerrar el libro.

Lo siento.

Sé bien que no es ésta la última vez que pensaré en ti.
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