lunes, 3 de noviembre de 2008

Hora de partir

[por Gaviero]
Nunca había permanecido tanto tiempo en un mismo puerto; recuerdo cuando arrive a éste hace ya bastante tiempo, era casi una escala técnica, carga y descarga, reponer pertrechos, una rápida visita y vuelta a la mar.

Pero las cosas cambiaron, me sentí cómodo aquí, fui bien recibido, gentes acogedoras y prestas a la ayuda para moverme por la entonces desconocida ciudad; fui ampliando el conocimiento de personas y lugares y llegue a establecer buenos amigos. Conocí un variado repertorio de hombres y mujeres, y poco a poco se fueron estrechando lazos con algunos de ellos. Hubo alguien en particular con quien empece a dialogar más íntimamente, a compartir sueños y creo que ambos nos llegamos a sentir unidos. Un día tomó la decisión de desaparecer de mi vida, lo que respeté lógicamente, aunque sentí que no había llegado a sincerarse del todo, siempre mantuvo un halo de misterio y temor por ser conocida.

Seguí no obstante disfrutando de otras personas interesantes, pero con el tiempo las circnstancias fueron modificándose, o tal vez fui yo mismo; sea como sea, la otra noche, sentado en mi rincón de la asidua taberna, me sentí fuera de lugar, acaso olvidado, decididamente sólo y alejado de quienes hasta entonces me había ofrecido su hospitalidad. Tome conciencia de que últimamente estaba desaprovechando el tiempo simplemente esperando, no sabía muy bien qué.

Por eso, y dado que no es ésta mi manera habitual de enfrentarme a la vida, he decidido que ya es hora de partir, y sin más demora pienso hacerlo esta misma noche poniendo rumbo al lugar donde la última vez creí vislumbrar a mi eterna desconocida, a las orillas del Bósforo, mientras las llamadas a la oración inflaman el aire de la mágica ciudad y los últimos rayos de sol encienden la cúpula de la Mezquita Azul.

Me llevo el recuerdo de todo lo vivido en este lugar especial.

¡ Todos al barco ! ¡Nos hacemos a la mar !