martes, 13 de abril de 2010

André Gide


John William Waterhouse: Windflower 1903
¿Cuánto tiempo permanecimos allí? Ni lo sé; ¿qué importaba la hora? Marceline estaba a mi lado; me tendí en el suelo apoyando la cabeza en sus rodillas. La melodía de la flauta luía todavía, cesaba por instantes, se reanudaba; el ruido del agua...A veces una cabra balaba. Cerré los ojos; sentí posarse en mi frente la mano fresca de Marceline; sentía el sol ardiente suavemente tamizado por las palmas; no pensaba en nada; ¿qué importaba el pensar? Sentía extraordinariamente.
Y a ratos un nuevo ruido; abría los ojos, era el viento ligero en las palmas; no bajaba hasta nosotros, sólo movía las palmas más altas...
Pág. 75

Nuestra felicidad, durante este final del viaje fue tan igual, tan serena, que nada puedo contar de ella. Las más hermosas obras de los hombres son obstinadamente dolorosas. ¿ Qué sería el relato de la felicidad? Se cuenta nada más lo que la prepara, luego lo que la destruye.
Y ahora ya os he dicho todo lo que la había preparado.
Pág. 96

-Uno cree que posee, y es poseído- continuó- Sírvase usted chiraz, querido Michael; no lo saboreará usted a menudo; coma esas pastas rosas con las que los persas lo acompañan. Por esta noche quiero beber con usted, olvidar que me voy mañana, y charlar como si esta noche fuese larga...¿Sabe usted lo que hace hoy de la poesía y, sobre todo de la filosofía, papel mojado? Pues que están separadas de la vida. Grecia, en cambio, idealizaba la vida, de manera que la vida del artista era ya en sí misma una realización poética; la vida del filósofo, una práctica de su filosofía; de suerte que, mezcladas a la vida, en lugar de ignorarse, la filosofía alimentando a la poesía, y la poesía expresando la filosofía, todo ello resultaba de una persuasión admirable. Hoy la belleza ya no actúa; la acción no se preocupa ya por ser bella y la sabiduría opera aparte.
Pág. 128

Párrafos extraidos del libro El inmoralista, de André Gide