martes, 6 de mayo de 2008

Verano en el pueblo

[por Sarah]

Publicado inicialmente en AbreteLibro el 16-Marzo-2008

Recuerdo aquellos veranos interminables en el pueblo. Mi tío nos llevaba a mi madre y a mi recién terminadas las clases. Mi madre me cubría las piernas con una manta de cuadros que yo detestaba porque hacía mucho calor, pero cada vez que intentaba quitármela, ella volvía a extenderla sobre los muslos. Decía que el médico lo había mandado así y que yo tenía que ser buena y no destaparme porque si no, no me curaría nunca.

Una vez instaladas en el casón de la abuela, ella se iba escaleras abajo y la oía hablar, dar órdenes, organizar las vidas de los que allí vivían y que, ahora estoy segura, debían temer su llegada como un huracán que desordenaba todo a su paso. A mi me dejaba en la habitación de siempre, la más fresca recalcaba ella cada año, sentada en la vieja butaca de flores al lado de la ventana. Desde allí miraba la calle, la gente, los pequeños acontecimientos de cada día que iban engarzándose en un verano largo, reseco y polvoriento, sin más historia que los libros que leía y las vidas que iban pasando bajo mi ventana. Creo que desde entonces amo los libros, los únicos amigos que tuve en aquellos largos y tristes veranos.

Me acuerdo muy bien de los pocos acontecimientos extraordinarios que pasaban de vez en cuando. Uno de ellos era la puntual llegada de un niño que venía a pasar el verano con su familia. Le veía llegar rodeado de gente, tan diferente su bienvenida bulliciosa de mi triste recibimiento por Agustina y Eligio. A través de mis visillos contemplaba los besos de las mujeres al despedirse mientras él entraba en la casa, las carreras de los demás niños, los corrillos de los hombres que se ponían a hablar de sus cosas.

La llegada del niño de enfrente me abría un mundo de posibilidades, le espiaba durante todo el verano, sus entradas, sus salidas, cómo a veces llegaba con los bolsillos del pantalón abultados por esas pequeñas cosas tan importantes para un niño que pasa un verano en el campo. Y yo, espoleada mi imaginación por todos aquellos libros que leía, empecé a inventar qué llevaba, de dónde venía, qué había estado haciendo toda la mañana tan entretenido...

Yo no podía salir, el médico lo había prohibido, pero aquél niño fue para mi durante aquellos veranos quien me llevó a pasear, a subirme a los árboles, a bañarme en las charcas. Nunca lo supo, si ahora le encontrase, creo que tampoco me atrevería a contárselo, pero cuánta felicidad me proporcionó en aquéllos veranos de mi infancia!



Querida hija

[por Sarah]

Publicado inicialmente en AbreteLibro el 15-Marzo-2008

Querida hija:

Me ha alegrado mucho recibir tu carta. Los días se hacen muy largos y tener noticias tuyas y de los niños es una alegría enorme. Me he pasado toda la tarde hablando con mis compañeras de vosotros. Contando cómo cuando eras pequeña te ayudaba a hacer los deberes, cómo tu padre y yo conseguimos a base de tantas horas extras enviarte a la Universidad, cómo conseguiste tu sóla, por tus propios méritos aquella beca que te permitió irte al extranjero.

Esos recuerdos del pasado tan agradables que es una delicia compartir alrededor de un cafelito. Les he tenido que contar la boda con todo lujo de detalles, ya sabes cómo se ponen a veces. Hasta cómo era la enagua que llevaste bajo el vestido les interesaba. Hemos llorado todas con el nacimiento de los niños, bueno con el de Carlitos más, claro.

Al final de la tarde, cuando ya se había ido la luz y la asistente ha venido para llevarnos al comedor aún no habíamos terminado, faltaban tantas cosas por contar que creo que vamos a tener conversación para toda la semana.

Espero que este año si os sea posible pasar por aquí cuando vayais de vacaciones. Pero si no es posible, no te preocupes, esas cartas que me envías por mi cumpleaños me alegran tanto y me ponen de tan buen humor que se pasan meses hasta que vuelvo a tener tanta nostalgia.

Hoy no he podido evitarla, me hubiese gustado que tu padre y tu estuvieseis aquí con una pequeña tarta y una vela encendida, como lo hacíamos cuando eras pequeña, te acuerdas?

Ahora voy terminando, llevo toda la tarde dictándole la carta a Carmen y aunque no dice nada la veo un poco fatigada.

Te abraza con todo el cariño del mundo

Tu madre


De un hombre fugado

[por Sarah]

Publicado inicialmente en AbreteLibro el 13-Marzo-2008

Estimada señora:

Quiero hacerle llegar esta carta que encontramos mi hermano y yo entre las ropas de un hombre al que hemos ayudado hasta que ha muerto. Estaba herido y por lo que pudimos saber llevaba varios días vagando por las casas abandonadas de esta vieja ciudad. Hace meses que la ciudad se quedó vacía. Unos cuantos nos hemos quedado. Yo no podía irme sin mi hermano y él no puede irse, desde que pisó la trampa la huida terminó para nosotros.

A veces aparecen algunos hombres fugados, no podemos hacer mucho por ellos. Están hambrientos, desesperados y casi siempre heridos. Ellos no lo saben pero no se puede escapar. Ninguno escapa. Lo más lejos que se puede llegar es hasta aquí, donde termina su huida y su vida. No me pregunte más, no puedo y no quiero contarlo. Aquí hemos dejado de lado la humanidad y nos hemos convertido en alimañas feroces.

Pero las lágrimas del hombre de la carta me han conmovido y me han recordado otros tiempos en el que fuimos personas y tuvimos sentimientos. Espero que la carta le consuele. No se preocupe, el hombre no sufrió.

Simplemente desconocidos

[por Sarah]

Publicado inicialmente en AbreteLibro el 11-Marzo-2008

Resulta irónico imaginarte en Marrakesh pensando en mi, mientras yo pienso en otro. Sé que me llamas a mi, que yo soy tu desconocida y te puedo asegurar que nada desearía más que poder contestar a tus cartas y compartir contigo esos momentos.

Pero yo elegí a otro que, ironías del destino, me rechazó. Pensé que podría ser cualquiera, pero no. A un desconocido le eliges por mil y una razones, no vale cualquiera, ya lo sabes.

Tu en Jema'al Fna y yo al otro lado del mundo, ambos queriendo lo mismo y, por alguna razón, incapaces de ser el uno para el otro.

Espero que algún día encuentres a tu desconocida. Mientras tanto, viajo a todas partes deseando poder contarle a otro mis días.

Es gracioso, un triángulo de desconocidos. De verdad, la realidad supera con creces a la literatura.


Quisiera irme

[por Sarah]

Publicado inicialmente en AbreteLibro el 05-Marzo-2008

Mientras tu enciendes el mundo, yo soñando contigo, con un universo entero para nosotros. No amor, no pasión, no deseo, no cariño sino algo más grande, más inmenso. Todo cabría en él.

Me dejas en las manos del destino, una y otra vez me alejo, intento seguir mi camino pero una y otra vez vuelvo mi mirada hacia tus pequeños mundos iluminados y mis ojos no pueden apartarse de ellos.

Qué más quisiera que poder irme y no regresar, me enganché en tus palabras, me enredé entre tus letras y me está resultando imposible soltarme.

Espero que comprendas estos arrebatos fugaces, siempre prometiendo arrepentimiento con la sinceridad en carne viva. Pero la estrella fugaz que iluminó mi cara cuando te reconocí por primera vez es a la vez veneno que mata y éxtasis que eleva.

Resistiría hasta que pudiese. Todos y cada uno de los instantes. Pero solo uno basta para que al filo de las horas me despeñe y vuelva, aunque solo un momento.

Como siempre, hasta nunca.

miércoles, 30 de abril de 2008

Carta VIII

[por 1452]

Carta VIII

Te echo de menos, no me preguntes cuánto; sólo sé que dos de cada tres minutos, quizás tres de cada cuatro que mi reloj marca, te pertenecen a ti; el minuto restante es sólo eso: restante, muerto, vacío, sin alma.
Te extraño de mil formas diferentes cada día, tantas, que a veces me hacen sonreír; algunas ni siquiera sabía que existían y otras, probablemente, únicamente las haya inventado para ti.
Y ya ves, hoy me he decidido a escribirte, a sabiendas de que no me leerás ni tampoco sabrás nunca, que pierdo un latido cada vez que te pienso y que sin serlo, me siento tuya.
Jamás sabrás que te quiero, que te escribo, que me haces falta, que te necesito; porque nunca romperé este silencio, que sin serlo, hace que te sienta mío.

A Gregorio Samsa (La Metamorfosis)

[por Andromeda]

Publicada inicialmente en abretelibro.com

Querido Gregorio: Esa historia que has narrado aquí, cómodamente tendido en esta nube gris, me ha dejado completamente pasmada. ¿En verdad te convertiste en ese bicho asqueroso que tan nutridamente has descrito?, ¿no sería quizá un truco de tu mente? Por lo que me has referido, supongo que tu febril y cansada imaginación, aunada al agotamiento real y palpable (debe ser difícil tener que cargar con tantas responsabilidades), trastornó tu personalidad fragil y complaciente, paseándola por infames derroteros, hasta que finalmente se dejó caer en una situación realmente aterradora. Tu amorosa familia también sufrió un cambio vertiginoso, cruel e insospechado: ¿cómo podrías imaginar que hasta lo más querido puede transformarse de esa manera? Es que ese amor era imaginario Gregorio, créeme. No nos engañemos, no te engañes tú mismo: el cariño no se condiciona de esa manera. Es menester que tu espíritu, infinitamente bondadoso, trascienda esos desdichados sucesos y siga su camino: no más demonios disfrazados de dulces parientes, no más abusos injustificados.... Sí, Gregorio, completamente aberrantes; no hay más que echar un vistazo a los sucesos posteriores a tu partida: nadie, absolutamente nadie es indispensable. Debiste ver también por ti mismo, por tus propios anhelos y necesidades (sin que estas palabras encierren destello alguno de egoísmo).

Recibe un fuerte abrazo: ese que tal vez nunca tuviste verdaderamente.