viernes, 25 de diciembre de 2009

Warlock




Fuera sólo hay oscuridad, lastimosamente alumbrada por las frías e indiferentes estrellas, y reina el silencio en la ciudad, en la cual, para abrigarse, algunos duermen abrazados a las sábanas de la ilusión y el optimismo. Pero aquellos a quienes más quiero no duermen, ni vislumbran esperanza, y sufren por los valientes que caerán en su inútil sacrificio por todos nosotros, y cuya única ofrenda será que los lloremos durante algún tiempo; aquellos que ven, como yo he llegado a ver, que la vida no es más que lucha y violencia, sin razón ni causa, y que el único resultado es la degradación y la burla del coraje y la esperanza.

¿Acaso no es la historia del mundo sino una narración de violencia y muerte tallada en piedra? Saberlo es algo terrible, triste y cruel, como lo es descubrir- y ahora comprendo que el médico lo entendió antes que yo- que lo único que vale es el intento y no el logro, porque nunca se consigue nada; hoy puede amanecer sin nubes, o más despejado que ayer, y terminar de una forma igualmente horrible y espantosa, e incluso más. ¿Podrán aplacarse alguna vez esas fuerzas que conducen al hombre a su fin, o seguirán creciendo y prosperando, colisionando horriblemente unas con otras mientras no se sosiegue el hombre mismo? ¿Puedo mirar a las frías estrellas en este cielo negro y creer en el fondo de mi corazón que es el mismo firmamento que cubría con su manto a Belén se desvaneció su estrella.

Warlock, de Oakley Hall