lunes, 22 de septiembre de 2008

Carta XXIV

[Por 1452]

Carta XXIV


Pienso en ti y mi mente se disocia de mi cuerpo. Se escinde el tiempo entre siglos anteriores y siglos por llegar. Y el viento gana la partida; golpea enfadadado mi rostro y me traslada. Mis sentidos vuelan y te observan a vista de pájaro; tan sólo cerrando los ojos y dejando que mi alma puesta a tu servicio te observe, como si fuera tu alter ego.

Y te contaría tantas cosas que no creerías… y tantas de ellas podrían ayudarte a dejar de pedir socorro a gritos, de esa manera casi imperceptible para todos los demás… pero no me creerías. Nunca me has creído.

Ahora ya no importa, todo tiene su tiempo, y el mío en tu centro, ha terminado aquí. Extendí mi mano confiada, previendo el latigazo que estaba por venir, pero aun así la dejé extendida… el resto ya es historia.

Y te observo mientras caminas, ¿qué más da que tu gesto sea altivo si tus hombros están hundidos como si cargaras con un gran peso? ¿Qué más da que mires a esa mujer que se cruza contigo a los ojos, si los tienes cubiertos de tristeza? ¿Qué más da todo, si te has cansado de ver amanecer? ¿Si te has rendido? ¡Despierta ya! La vida ahí fuera sigue, el mundo continua girando. ¿Crees que te ha sucedido lo peor de tu vida? ¡Mira a tu alrededor! ¡Despierta! Sigues estando vivo, a menos que tu te empeñes en creer lo contrario. Sigues teniendo por lo que luchar, a menos que te empeñes en darte por vencido. ¡Despierta! ¡Por Dios, despierta! Sigue dejándote morir llevado de la mano por ese vacío o lucha, pero no te quedes en ese camino medio que está acabando contigo lentamente.

¿Sabes? A veces, lo peor no es lo peor, sino tan sólo la manera de llegar a lo mejor, pero, ¿cómo lo sabrás si sigues sintiendo lástima de ti mismo? ¿Si sigues ahí sentado leyéndome mientras intento que algo se despierte en ti y cierras los ojos?

Créeme, lo he intentado de todas las maneras que están a mi alcance, de momento ya no me quedan más… tan sólo espero observarte dentro de unos meses, como ahora mismo te observo, sin que tú te des cuenta, y ver a alguien diferente. Un hombre que cuando se cruza con esa mujer por la calle, la mira a los ojos con una sonrisa en los labios… y esta vez, también con una sonrisa en los ojos.


P.D. Sé desde el mismo momento en que empecé a escribir, amigo, que estas palabras sólo pueden ir en mi contra, pero tranquilo, lo acepto. No hay problema. He sopesado ganancias y pérdidas (y estoy acostumbrada a perder a las personas por decir lo que no debo muchas veces, y otras tantas por lo que sí debo decir), me juego el verte frente a mí por saberte feliz. Te perdono la partida que me debes, tan sólo porque hoy aunque te enfades, me leas y me creas.

Mañana, puedes hacer como que no me conoces. Lo entenderé. ¿Acaso alguien conoce a alguien?