miércoles, 17 de septiembre de 2008

Carta XXIII

[Por 1452]

Carta XXIII

No supe utilizar la palabra justa a tiempo, que hubiera sido, “márchate”. No, yo no tengo el don de la oportunidad, aunque la oportunidad tiene un don que me es reconocible.

Ahora ya es tarde para las palabras, pero no lo es para los actos; no serán gráciles, no parecerán justos, pero aunque no lo parezcan lo serán y aunque no lo sean lo parecerán.

Voy a dividirme para darte paz a ti y a mí. Con tu paz, vendrá mi paz; con la mía, otros descansarán.

No, es verdad, no supe utilizar la palabra justa a tiempo y ahora voy a tener que remediarlo; en lugar de aquel “márchate”, voy tener que entonar un “me marcho”, pero nada será demasiado oneroso para que obtengamos lo que ambos merecemos: liberación. Tú de ti mismo, yo del universo.

Y aun sabiendo desde hace tiempo, que tendría que escribir esto llegado el momento, hay algo que dentro de mí que intenta detenerme, pero no nací para detenerme a la sombra de nadie, aunque hayan textos antiguos que así lo atestigüen.

Por primera vez en treinta años, voy a intentar rebelarme contra mi destino… voy a rebelarme contra ti.