viernes, 19 de septiembre de 2008

Viernes

[por Madison]

Cómo estais?

Hace un tiempo que no me pasaba por aquí. La verdad es que últimamente no consigo formar una frase coherente, pero el escribir y asomarme a esta ventana se ha convertido en algo importante para mi. Me gusta saludaros, ver vuestra alegría, vuestros temores, leer vuestras cosas...

Hoy es viernes, alguno de vosotros que me conoceis sabeis que es mi dia preferido, por eso he querido volver a escribir esta tarde noche.

Está lloviendo, me he puesto cómoda, como siempre hago a esta hora y así paso a narrar mis reflexión, que hoy va dirigida a ti.


El otro día estuve en el paseo marítimo, estuve observando la playa, siempre que necesito recordar tu mirada me acerco allí y mientras estaba sentada en la arena me vienieron a la mente estas frases sobre nuestros momentos y también sobre otras cosas

Creo que hay momentos que aunque lo desee no puedo hacer nada

Creo que hay momentos en los que aunque quiera hablar es mejor callar

Creo que hay momentos que aunque apene es bueno que sean tristes

Creo que hay momentos que aunque sea persona de estar con gente se debo vivir en soledad

Me gustan los momentos en los que no me ves sino que me miras

Me gustan los momentos en los que no me oyes sino que me escuchas

No quiero que me cueste hablarte de mis sentimientos.

Ni quiero sentir pudor al decirlos.

Todo esto prefiero decirlo en presente y así no tener que arrepentirme cuando llegue el momento y solo quede el pasado.

prefiro decir..."eres" a decir "fuiste"


miércoles, 17 de septiembre de 2008

Carta XXIII

[Por 1452]

Carta XXIII

No supe utilizar la palabra justa a tiempo, que hubiera sido, “márchate”. No, yo no tengo el don de la oportunidad, aunque la oportunidad tiene un don que me es reconocible.

Ahora ya es tarde para las palabras, pero no lo es para los actos; no serán gráciles, no parecerán justos, pero aunque no lo parezcan lo serán y aunque no lo sean lo parecerán.

Voy a dividirme para darte paz a ti y a mí. Con tu paz, vendrá mi paz; con la mía, otros descansarán.

No, es verdad, no supe utilizar la palabra justa a tiempo y ahora voy a tener que remediarlo; en lugar de aquel “márchate”, voy tener que entonar un “me marcho”, pero nada será demasiado oneroso para que obtengamos lo que ambos merecemos: liberación. Tú de ti mismo, yo del universo.

Y aun sabiendo desde hace tiempo, que tendría que escribir esto llegado el momento, hay algo que dentro de mí que intenta detenerme, pero no nací para detenerme a la sombra de nadie, aunque hayan textos antiguos que así lo atestigüen.

Por primera vez en treinta años, voy a intentar rebelarme contra mi destino… voy a rebelarme contra ti.

martes, 16 de septiembre de 2008

Quédate.

[por Anjanuca]

¿Sabes? Es una lástima que no nos veamos más a menudo porque la verdad es que cada vez aprecio más tu compañía.

Disfruto cuando te sientas a mi lado a escuchar el mar, o cuando paseas pegadito a mi y nos paramos a oir el canto de ese pájaro que no vemos, o cuando me adviertes de lo bonito que suenan las hojas caídas en otoño bajo mis pasos. Disfruto cuando me acompañas para escuchar el viento y las ramas de los árboles jugando entre sí. ¿Y esas noches en casa, solos tú yo hechizados por el Stabat Mater de Pergolesi, “Stabat Mater dolorosa juxta crucem lacrimosa, dum pendebat filius”?, noches mágicas y plácidas junto a ti.

Amigo silencio, sigue acompañándome esos momentos de paz y tranquilidad, esos momentos de profundo reclamo de atención y respeto.

Ya sé que cada vez es más difícil tu presencia pero te pido, te ruego, no te alejes, no te pierdas. Quédate a mi lado por favor. Te necesito.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Carta XXII

[Por 1452]

Carta XXII


Hace tanto tiempo que no te escribo... Es curioso cómo suceden algunas cosas; hoy llevo pensando todo el día en ti, a raíz de un texto que escribió un desconocido; hablaba sobre los maestros. Y eso fuiste tú para mí.

Las redes de la vida, que son extensas y la mayoría de veces ocultas a nuestros ojos, se encargaron de que una persona, casi desconocida para mí, me llevara ante tu presencia. Por aquel entonces pensaba que nada tendrías que enseñarme, como piensan todos los aprendices cuando su maestro tiene una apariencia normal y no saca conejos de una chistera, sin embargo, ahí radicaba tu grandeza: eras un tipo especial y grandioso, con un envoltorio de persona normal que te ha ayudado a sobrevivir durante todos estos años, sin tener que sufrir quemas de brujos.

Desconfié, porque soy por naturaleza desconfiada, pero supiste en poco tiempo ganarte toda mi confianza y mi afecto. No era ya sólo todo lo que me enseñabas acerca de la particular materia que tenía que aprender, es que me enseñaste a analizar la vida, desde la más pequeña mota de polvo hasta las constelaciones.

Me enseñaste por qué nunca sería una ganadora, y estabas en lo cierto, supiste ver que quien jugaba en mi contra era yo misma, y ganarme es difícil… me enseñaste tantas cosas.

Pero no era yo sola, a tu lado las personas bajaban las defensas por completo y se entregaban a tus palabras, cada persona era ella misma a tu lado, sin juicios, sin reproches, sin nada que coartara la libre expresión del alma.

Tenías algo indescriptible, que pasaba desapercibido todos los días ante decenas de estudiantes, que acudían a tus clases normales, sin siquiera llegar a imaginar que también eras profesor de materias vedadas a muchos y ocultas bajo un velo negro.

Y lo más grande que había en ti, era que nunca adoptaste, ni una sola vez, la posición de maestro, eras un aprendiz, de la mano de otra aprendiz.

Recuerdo algunas de tus últimas palabras, maestro, y una vez más, me tienes aquí, meses, muchos meses después de que nos encontráramos en aquel café y las pronunciaras, inclinando mi cabeza y dándote la razón: carezco de una virtud ante las que palidecerían todas las demás virtudes, y que haría que el mundo girara en mi mano, pero soy incapaz de adquirirla por más que me lo propongo.

La mayoría de veces por mí, otras tantas por el mundo que me rodea, lo cierto es que entre unas cosas y otras, sigo huérfana de lo que tanta falta me hace y soy incapaz del alcanzar.

Sin embargo, tú viste en mí las marcas del alma que el cuerpo acoge, y que últimamente está revelando de forma aterradora, aunque imperceptible para los demás, de la misma manera que las vieron otros maestros que me encontré en el camino: sí, estoy maldita, pero el universo me acuna y conspira conmigo para ayudarme. ¿Qué mejores brazos pueden rodear a una vagabunda que los brazos del mundo que la acoge? Ésa es la única esperanza que alimenta mi corazón en estos últimos tiempos. Todo llega a su hora, todo ocupa su sitio, quien abre los ojos del alma, ve; quien cierra los ojos y abre el corazón, escucha.

Te echo de menos, a veces no sabes cuánto, me acostumbré demasiado a tu persona, que sabía mirar con el alma, y ahora me encuentro rodeada de personas que tan sólo saben mirar con los ojos, ciegos a todo lo importante.

Nunca quisiste darme la razón, no sé si porque no la tenía o porque te resistías a creer que fuera cierto, pero cada vez me siento menos de este mundo, cada día estoy más hastiada de esta realidad que no es realidad de nada, y sobre todo estoy cansada de hacerme juicios que pierdo siempre, porque soy yo quien me sentencia.

Tú sabrías darle a esto la importancia justa, no te habría faltado ese equilibrio especial tuyo, yo no puedo. Mi brújula gira ciega y carente de dirección.

Ahora sólo espero estar preparada para el nuevo maestro que anuncia su llegada, y que tiene una dura lección que enseñarme, aunque no sé si seré capaz de enfrentarme a ella. No, no te creas que me he vuelto cobarde de repente, siempre lo he sido, en concreto para algunas cosas que son vitales, a las que no me he enfrentado hasta ahora y no me han dejado crecer, pero llega el día prometido, y tengo que acudir a la cita o condenarme para siempre. Y que conste que la condenación eterna suena muy lírica para una maldita, pero también suena demasiado larga.

¿Sabes? Hoy he buscado aquella piedra que me regalaste con forma de corazón y la he puesto sobre mi escritorio, sé que de alguna manera eso me hará estar conectada a ti, durante el tiempo que aún me queda para llamarte. Sí, te llamaré, pero cuando haya superado esta crisis y pueda mirar a mi maestro a los ojos, y él pueda estar orgulloso de su aprendiz y del trabajo realizado en este tiempo. Hace más de un año que no nos vemos, no creerías todo lo que he hecho hasta hoy al amparo del secretismo. Incluso me encontré con otro maestro en este tiempo, que me dio unas clases magistrales, tanto, que en poco tiempo me enseñó más de lo que algunos llegan a conocer durante toda su vida, acerca del cielo y las estrellas. Y aun eso, sólo es la mitad de lo que el cielo tiene que revelar.

Como tú me dijiste: “Como es arriba es abajo”. Ésa fue una de tus primeras lecciones, extraída de un libro que en breve voy a releer, para acordarme de él, para acordarme de ti.

Y era verdad, como es arriba es abajo… mis estrellas andan colisionando contra planetas enfurecidos. Imagínate lo que sucede abajo.

Me gustaría que estuvieras aquí y cogieras mis manos como entonces, y me hicieras sonreír con cualquier ocurrencia de las tuyas. Me gustaría volver a escaparme en las horas de trabajo y sentarme contigo en cualquier cafetería, con un buen café entre las manos y tu mirada escrutadora, inteligente, serena.

Te quiero, maestro, estés donde estés, espero que un pequeño soplo de aire despeine tu pelo y captes el mensaje. Siento no haber sido mejor alumna, una alumna digna de un gran maestro.

Si no nos encontramos abajo, nos encontraremos arriba.

martes, 9 de septiembre de 2008

El infarto

[por Gaviero]

Querida familia:

Estos días que he estado en la UCI y luego ingresado en el hospital me han servido para reflexionar. He tenido mucho tiempo, casi siempre en soledad, y ello me ha permitido pasar revista prácticamente a toda mi vida. Y la verdad, lo que he visto no me ha gustado nada.

Ángeles, no se si te has parado a pensar que llevamos juntos más de treinta años; nos conocimos en la facultad cuando éramos unos jóvenes idealistas que íbamos a arreglar el mundo en dos patadas. Apenas terminada la carrera nos casamos, y a partir de ese momento comenzamos a cambiar; tu decidiste que ibas a ser madre, y en menos de dos años ya teníamos la parejita. Yo por mi parte tenía que destacar en el ejercicio de la abogacía; no sabía yo muy bien que significaba eso, pero tu padre y tu me lo aclarasteis: tener mi propio despacho y, principalmente, conseguir los ingresos necesarios para mantener la familia. Tus proyectos de ejercer o desempeñar cualquier tipo de trabajo se desvanecieron, esa parcela quedaría para mi mientras comenzabas un sinfín de actividades acordes con tu nuevo rol de madre y esposa de “triunfador”; así fue primero el paddle, luego el aerobic, pilates, actividades sociales de toda índole y finalmente el gran descubrimiento, el golf. Mientras tanto yo me iba labrando fama como abogado, trabajando cada día más horas, ampliando el bufete y, por supuesto sin tener un solo momento para mi.

Nuestros hijos, la mayor Eugenia (me niego a llamarla por ese ridículo Maruge que a ti te parece de lo más chic), criada y educada como un objeto de exposición, ya de pequeña con esos lazos y encajes tan cursis, sus internados, sus cursos en el extranjero, y al final que, con veintiocho años, ya pensando en retoques estéticos, rodeada de lechuguinos y amigas con nombres, todos en diminutivo, de lo más patético, sin haber terminado ningún tipo de estudios (creo que aún anda matriculándose en segundo de no se que Ciencias) y, por supuesto, sin haber trabajado nunca en nada ni intención de hacerlo en los próximos treinta años. El niño, Ignacio (Nachete para ti), que al igual que su hermana no se ha planteado en la vida trabajar, pero además éste con unos gastos desmesurados, deportes de nieve, moto, la hípica, las copas, vida social que lo llamáis… vamos, que no sólo no aporta sino que gasta sin tino.

Y encima, tengo que aguantaros a todos, que si es que no me gusta la gente, que soy arisco, que siempre estoy protestando por todo, que no se la suerte que tengo con una familia que no se apreciar, que no tengo espíritu de luchador, que …. Y así todos los días. Pues si, seguro que tenéis razón, por lo que he pensado que ahí os quedáis, que me largo vaya, o sea que…. ADIOS

Hasta nunca familia



PD. Por cierto, dos cositas que se me olvidaba deciros. Primero, que os dejo la casa, el apartamento, los coches y la moto de Nachete; pero…. Me llevo la pasta, toda. Bueno, toda no, os dejo la cuenta del Barclays, me parece que quedan unos trescientos euros; las demás, que suman unos setecientos cincuenta mil euros, más las acciones y el fondo de pensiones (que ya he rescatado), me las llevo, para mis gastillos, así que vais a tener que espabilar un poco. Lo segundo es sobre Ana, si la chica esa tan mona que contratasteis para que me cuidara en el hospital para no estar vosotros; bueno, pues que ha dejado a su novio y se viene conmigo; dice que en la cama no soy muy bueno (será por la falta de práctica) pero que ella me va a enseñar y que además, con la pasta que me llevo la vale.

Besos y…. que os den

jueves, 4 de septiembre de 2008

Para ti mamá

Una persona muy querida para mi me ha pedido que ponga esta hermosa carta, y así lo hago. Espero que os guste, a mi me ha emocionado.

""Ayer fue tú cumpleaños,y no dije nada,no te fuí a visitar.Aunque te veo todas las semanas,ayer que era tu día y fui incapaz de hacerlo.Lo siento madre,soy un cobarde,tampoco llame a papa para preguntarle que tal llevaba el día, o mejor aún,lo soportaba.Me encerré en casa solo,dibujando, ya sabes,lo de siempre,pero vacío,muy vacío ...... mamita.A veces recuerdo cuando era pequeño y me abrazabas,tu olor,tu perfume,tu risa,tu cara bonita.No me atreví a llamar a mi hermana,la misma razón,el vacío,la pena.Pienso en las navidades,se acercan,no se como atajare tan duro golpe sin ti.Me duele el estomago,siempre un nudo.Duermo mal,sueño contigo.Madre.Lo siento.No te dijes ni hice tantas cosas contigo que ahora me ahoga todo ello,no soporto el silencio de tu risa ni tu ausencia.Ya han pasado tres meses y no mengua mi dolor.No cede .Crece.Un monstruo dentro de mi.Como mitigar el dolor me pregunto.El tiempo tal vez.¿te acuerdas cuando de pequeño y salíamos juntos de compras, y me llevabas a merendar a esa pastelería? Que rico todo.Que tardes.O cuando las pesadillas me invadían por las noches y tu paciente venias a mi cama y me abrazabas.Ahora me despiertan esos sueños ,grito,pero ya no vienes.Soñé contigo,te vi en mi habitación,pero no tu rostro.Desperté llorando y maldiciendo todo.Ya conoces mi temperamento.No se que tal estarás,yo sigo con lo mio,....llevando el peso del mundo sobre mi.Fue todo tan repentino.Sin avisar.¿porque?¿existe Dios madre?No lo creo.La próxima semana iré a verte otra vez,nos hablaremos en silencio,mirare tu foto en la lápida y aguantare como pueda.Regaré tus plantas.Te quiero Mama.Perdóname.""

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Escritura automática

[por Wara]

¡Espejo! ¿Hay alguien ahí?

Me miro y me odio a mí misma porque no quiero ser así, no quiero dudar, ni desconfiar ni prejuzgar o despreciar. Mi corazón se rebela, lo juro, mi mente intenta aplacarse sin éxito, busca una calma que se le niega, mendiga una apariencia de sosiego soñado alguna vez. Mi corazón atormentado se duele, mi alma se abandona, herida, y el pensamiento y la conciencia les dan la razón. Las lágrimas acuden a mis ojos y se desbordan y someten, y entonces yo dejo que entre todos hagan de mi lo que quieran, este torbellino de locura, de demencia, esta maraña de sentimientos, sensaciones y pasiones que no sé a dónde me conducen, no sé de dónde surgen ni por qué nacen, sólo sé que no me dejan ser yo, no me dejan crecer, no me dejan avanzar, me limitan, me impiden, me frenan.

Me desconozco en mí, me soy extraña a mí misma. No encuentro un resquicio de aquello que fui, de aquello en lo que creí me iba a convertir. No me descubro en parte alguna de mi ser, en el corazón que pretendía abierto manteniéndolo aparte, en el alma, que pretendía conservar siempre íntegra. No sé quién soy, no sé quién en mí hace de mí este demonio, este ser odioso e imperfecto que se desprecia a sí mismo, que se odia, que se ríe, que se enorgullece de dañarse a sí mismo. Si pudiera, si fuera valiente lo mataría, acabaría con su vida como él acaba con la mía. ¿Acaso son distintas? Un instante de lucidez, de miedo, de pérdida, de luz… un túnel sin destino, encrucijada de caminos, el vacío y el abismo. Todo está y nace en mí, en mí que soy mala, en mí que no sé querer, en mí que no siento sino lástima de mi misma por cuanto todos los demás me desprecian, me ignoran o me buscan no más para burlarse, para reírse un instante y hacer escarnio de mis lacras, de mis debilidades, de mi inimportancia, y luego olvidarme.

¡Oíd! ¡Oíd! No quiero ser yo la de ese espejo, quiero ser libre, dejadme salir. No quiero ser ese monstruo, deseo no ser nadie, no hacer daño, ser feliz. Dejadme, dejadme, dejadme vivir.