lunes, 17 de enero de 2011

Desgracia impeorable.-Peter Handke



Reconozco que para mi leer a Peter Handke no me resulta nada fácil; me gusta su prosa, pero me cuesta horrores concentrarme en la lectura y eso me lleva a leer varias veces la misma página para enterarme y poder seguir con el libro.

Este de hoy trata sobre el suicidio de su madre y me ha soprprendido que apenas la conocía, lo deja ver en la forma en que la describe, en la forma que explica cosas de ella. Lo hace de una manera impersonal y lejana.
No habla de ninguna vivencia juntos y otra cosa que me ha sorprendido es que tampoco dice el nombre de ella.
Pienso que se siente angustiado por esa muerte, se siente mal por no haber notado su enfermedad y de alguna forma siente la nacesidad de deshogarse.
Una mujer inteligente, viva y con inquietudes que fue víctima de la época en que le tocó vivir.

De todos modos es un libro que merece la pena ser leido, que cuando lo he terminado he sentido tristeza y me ha hecho pensar en la vida y a la vez en qué es lo que lleva a una persona a desear su propia muerte?


En estos recuerdos en general hay más cosas que personas, una peonza dando vueltas en una calle desierta en medio de ruinas, copos de avena en una cucharita de café, una papilla en un cuenco de hojalata en el que la marca estaba en ruso; y de las personas sólo detalles: cabellos, las mejillas, cicatrices nodulosas en los dedos; mi madre, cuando era niña, tenía en el dedo índice un corte que había cicatrizado sin piel, y en esta protuberancia dura es donde nos sujetábamos cuando íbamos con ella.

Pág. 38

Leía periódicos, le gustaba más todavía leer libros, libros en los que pudiera comparar las historias que se contaban con su propia vida. Leyó conmigo primero Fallada, Knut Hamsun, Dostoyevski, Máximo Gorki. Luego Thomas Wolfe y Willian Faulkner. Sobre estas obras no decía nada que pudiera llevarse a la imprenta, contaba sólo lo que le había llamado la atención de un modo especial. “Pero yo no soy así” decía a veces, como si el autor de la obra la hubiera descrito a ella en persona. Los libros los leía todos como si fueran una descripción de su propia vida; los vivía; con la lectura salía de sí misma por primera vez en su vida; aprendía a hablar de ella misma; con cada libro se le ocurría algo más sobre sí misma. De este modo, poco a poco fui conociéndola.

Pág. 69

Y desde lejos me miraba con unos ojos que parecía que, al igual que Karl Rossmann para el fogonero humillado por todos del relato de Kafka, yo fuera para ella su “corazón desollado”. Asustado y molesto salí inmediatamente de la habitación.

A partir de ese momento empecé a ver a mi madre tal como era. Hasta entonces me había estado olvidando siempre de ella; todo lo más, de vez en cuando, sentía una punzada al pensar en la estupidez de su vida

Pág. 79