jueves, 31 de julio de 2008

Carta XVIII

[Por 1452]
Carta XVIII

Hoy estoy perezosa y he abandonado mi rutina diaria, para dedicarme a acariciar la pluma que compré en los tiempos en que estaba junto a ti, mientras escribo en unas páginas rotas de la agenda que me regalaste. Estoy arrancándole las páginas poco a poco para deshacerme de ella.

Tras dos años contigo, en los que sólo vi por tus ojos y otros dos sin ti, en los que sólo miré a través de mi dolor, aquí me tienes: mía de nuevo.

El golpe que me asestaste fue inesperado, duro y traumático, pero para qué engañarnos a estas alturas de la vida, cuando lo que he vivido es aproximadamente lo mismo que me queda por vivir, yo colaboré en ello.
Me traicioné y me traicionaste.

Durante mucho tiempo me engañé, jurándome a mí misma que regresarías. Pero no lo hiciste. Hoy te lo agradezco.
Sé que durante algún tiempo, tú te engañaste pensando que yo me retractaría. Pero no lo hice. Espero que hoy me lo agradezcas.
Los dos fuimos afortunados a nuestra manera.
Lo que nos salvó, fue lo que nunca dijiste y lo que nunca confesé.

Amigos se convirtieron en enemigos, confidentes en carceleros, y me encontré sola en medio de todo el silencio. Reconozco que hicieron bien su trabajo a tus espaldas y en mi cara.
Eras un niño malcriado. Con cuarenta años, te pudieron los halagos, los secretos de riqueza susurrados y las promesas de aire.
Eras tan manipulable, que si hubiera querido darte forma a mi manera como hacían todos los que te rodeaban y fingían quererte, cuando lo único cierto era que sólo querían lo que les pudieras dar, lo hubiera podido hacer. Pero nunca quise que tú fueras a mi manera, quería que fueras tú, sin más.

Ya esto no tiene ninguna importancia. Tan sólo te recordé, y quise despedirme a mi modo, ya que entonces tuve que despedirme al tuyo.

Deseo que logres hacer aquel viaje del que me hablaste, lejos de todos y de todo, para encontrarte a ti. Lo deseo con todo mi corazón. Cuando te encuentres, conocerás al tipo que yo conocí hace ya cinco largos años: divertido, vital, luchador, positivo, carismático, emprendedor, inquieto… entonces quizás entenderás por qué luché contra todos por ti… incluso contra ti.

martes, 29 de julio de 2008

Postal desde Sri Lanka

[ por Elizq]
Queridos padre y Dita, al otro lado de la postal veréis una foto con tres árboles y una piedra. La piedra es la tumba de una chica llamada Irene, hija del General Geoffrey Homer y de su mujer Dafne. ¿Quiénes eran estos Homer? ¿Por qué vinieron? ¿Qué buscaban aquí? En este pueblo de pescadores nadie lo recuerda ya. Nadie sabe explicar porqué de esto se ha hecho una postal. ¿Quizá vivieron aquí? ¿O solo estaban de paso? He rascado con una navaja la capa de musgo de la piedra y he visto que la chica había muerto de malaria a la edad de veinte años, el verano de 1896. hace cien años. Quizá la misma tarde, seis horas antes de morir, sus padres todavía le mintieron diciéndole que estaba mejorando, y que en dos días más se encontraría bien. ¿Qué debió sentir mientras deliraba a causa de la fiebre, cuando entre un ataque y el siguiente tuvo un momento de lucidez como un ciervo que intercepta la mirada del cazador y de golpe se da cuenta que le está llegando la muerte?
¿Quizá ya no tenían esperanza, ni ellos ni el médico, pero se compadecían de ella y la engañaban diciéndole que la fiebre remitía y que mañana mejoraría? ¿Por ventura, les susurró que basta, que no hicieran más teatro? ¿O se apiadó de ellos y hasta el final les convenció que creía sus mentiras? Mentiras que las lágrimas de su madre contradecían. Y cuando retorcida de dolor a la luz de un quinqué en la tienda murió a las cuatro de la madrugada ¿quién le secó de la frente la última gota de sudor? ¿Quién fue el primero en salir, quién se quedó un poco más con ella en la penumbra de la tienda?
Cuando llegó la mañana siguiente ¿el General Geoffrey se obligó a afeitarse? ¿Y su madre? ¿Alguien le trajo un pañuelo mojado en valeriana? ¿Enterraron la muerta esa misma mañana a causa del calor o esperaron hasta el anochecer? ¿Cómo y hacia donde se fueron de aquí?
¿Inmediatamente? ¿O al día siguiente? Y cuando se hubieron ido ¿Cómo aguantaron el bosque alrededor de la tumba la primera noche?
De esto hace cien años y el dolor ya se ha calmado: ¿o todavía le duele a alguien?
Me pregunto si en este mundo hay aún un viejo peine, una lima de uñas o un broche de esta. Irene. ¿Quizá en algún cajón de un abandonado mueble de nogal o en un húmedo desván en algún paraje de Wiltshire? ¿Quién va a querer conservar sus cosas, si es que queda alguna? ¿Y para qué?
Sólo yo, que no tengo ninguna foto ni sé nada de ella, ayer me entristecí por ella. Durante un momento. Luego se me pasó.
Comí un pescado a la brasa con arroz y me dormí. Hoy estoy bien. No os preocupéis.
RICO


El mismo mar, Amos Oz

lunes, 28 de julio de 2008

Vacaciones

[por Madison]




Aunque suene un poco extraño debo decir que no soy de las que sueñan con largas vacaciones, generalemente las acepto con agrado, pero nada más, incluso hay años que algún día hago una escapada a mi rutina. Por la noche vuelvo de nuevo al lugar de descanso.

Este año es distinto. Creo que estoy agotada tanto física como mentalmente. Necesito vacaciones. Sueño con que llegue el dia.

Espero ansiosa llegar a mi rincón. Volveré a ver a los amigos que sólo puedo disfrutar de su compañía el mes de agosto.

Seguramente alguno de ellos se haya separado, los niños habrán crecido, los que no tenían pareja es muy posible que los vea acompañados de nuevo... en fin...

Soy persona de madrugar. Me gusta hacerlo incluso durante las vacaciones. Es un inmenso placer levantarme muy temprano, salir al porche con mi café con leche y así, alargar todo ese momento tanto como me apetezca.

Mientras desayuno escucho ruidos. Son cotidianos y me encantan.

Escucho cómo limpian y preparan la piscina, al camión de butano, también las personas de la limpieza, el trino de algún pájaro que se filtra entre los árboles... Cuando levanto la vista para ver donde está, mis ojos se deslumbran por el sol que, segundo a segundo, adquiere una fuerza increíble y también se va filtrando. Todo eso que es algo tan normal, yo lo convierto en una especie de ritual. Es mi ritual y mi momento. Luego, poco a poco, todo se va despertando. Pero eso ya lo contaré otro dia.

jueves, 24 de julio de 2008

Olvidar

[por Sarah]

Es tan fácil olvidar....

Yo lo hago todas las noches. Olvido la indiferencia, la mentira, la cobardía, la tontería, el desánimo, el mal humor.

Y cada mañana, me los vuelvo a encontrar en mi camino.

Hoy estoy cansada de tanta indiferencia, de tanta mentira, de tanta cobardía, de tanta tontería, de tanto desánimo, de tanto mal humor.

Así que me iré al sofá, a mirar por la ventana y a esperar.

A esperar a que llegue la noche para poder olvidar.

lunes, 21 de julio de 2008

A un marinero.

[por Anjanuca]
No te conozco. No sé cómo te llamas, ni cuántos años tienes (aparentas siete u ocho), ni donde vives… no sé nada de ti. Pero te has ganado mi respeto.

Desde mi silla del bar del puerto, donde estaba disfrutando de ese olor que tanto me gusta y que tantos recuerdos me trae, ese olor a salitre mezclado con el combustible de los barcos y el de las algas atrapadas en las redes que se secan al sol, el “tototot” rítmico del motor del llaüt ha hecho que apartase la vista de mi libro. Y allí estabais los dos.

Cerré el libro y me quedé contemplándoos. Disculpad mi indiscreción, pero vuestra complicidad me atrapó. Tu abuelo que había subido al llaüt para poner el motor en marcha intentaba bajar de nuevo al muelle y tú le tendías tu pequeña mano para ayudarle. Al pisar tierra firme, no dijo nada. Tan sólo te pasó dulcemente por encima del hombro su mano áspera y cariñosa, te miró con amor y los dos sonreísteis. Te sentaste en el suelo frente a él y un gesto suyo le diste el sedal y el anzuelo. Tu abuelo mojó con saliva el hilo y comenzó a empatar el anzuelo, tú le mirabas fijamente y con atención. Y llegó tu turno. A cada vuelta del hilo mirabas interrogante a los ojos de tu abuelo y él, serio, asentía con orgullo marinero. Lo conseguiste, sólo necesitaste las manos fuertes de tu abuelo para acabar de apretar los cabos. Y después de varios anzuelos y vueltas de hilo subisteis al barco y zarpasteis.

Y allí me quedé yo contemplándoos. Y pensé ¿dónde estarán los amigos de este niño? Supongo que jugando en casa con alguna de esas maquinitas diabólicas, o viendo la televisión, o aburriéndose. Y derepente me dí cuenta de que acababa de ver zarpar un pequeño llaüt con dos hombres de mar a bordo. Y miré hacia la mar, ya erais sólo un puntito, y pensé: ¡Bravo por tu elección chaval!

Estupor

[por Sarah]

¿Cómo explicarme si no lo entiendo ni yo? ¿Quién va a entender que después de todo aún estás, aún te pertenezco de alguna forma y me perteneces de aquella manera? ¿A quién le explico yo que nuestra historia está viva?

Nunca supe restar tu mitad a mi corazón. Creo que tú tampoco. Y aquí estamos, dando pequeños pasos, con miedo a volver a despeñarnos una vez más y sin poder evitarlo.

El tiempo no vuelve atrás ni los sentimientos se reinventan ni las cosas cambian drásticamente, es inútil negar lo evidente. Pero algo queda y, de vez en cuando, un aire cálido se levanta. Los recuerdos llegan con la luna llena. Lo sabes bien.

No lo entiendo ni yo, así que no me pidas que te lo explique.

domingo, 20 de julio de 2008

Alegria

[por Madison]

Llevo unos dias muy atareada. El trabajo absorbe mi vida de forma constante.
Me siento estresada, nerviosa, agobiada y de mal humor.
Pero ahora, como por arte de magia, todo lo negativo se ha convertido en una sonrisa de oreja a oreja.
Felipe, leer esas cuatro letras tuyas, percibir que están escritas llenas de ilusión es genial. Tú eres genial. Y mientras te digo esto, pienso en la palabra amistad y al mismo tiempo quiero hacer un dibujo que la haga visible. Pero no sé hacerlo. Soy una negada del dibujo. De eso te encargas tú, que eres un gran artista pintando.
¿Sabes que desde aquellos tiempos siempre que veo un cuadro de Corot estás presente en mi vida?
Poco a poco, mientras te leo, la sangre que corre por mis venas, se une al recuerdo y así, lentamente, llego a la conclusion de que para mí la amistad, tú amistad, es de un gran valor.
La amistad cuando es verdadera, sin tapujos, perdura siempre y para mantenerla viva no es necesario que las personas se vean ni hablen a diario.
Un abrazo enorme Felipe.

Pd. Nos veremos muy pronto ya lo verás, así que ten preparado el paquete, menos mal que no caduca como el vino eh?