sábado, 5 de marzo de 2011

Raymond Carver


Se quedó sentado en la cabina, esperando, haciendo chirriar con el pie el pedal del freno y oyendo de cuando en cuando los disparos. Al cabo de unos minutos no pudo seguir quieto en el asiento; se bajó del camión y fue despacio hasta la parte delantera. No había estado allí desde hacía cuatro o cinco años. Se apoyó en el parachoques y se quedó mirando aquella tierra. No podía comprender dónde se había esfumado todo aquel tiempo.
Recordó cómo, de chico anhelaba ser mayor. Solía bajar allí a menudo a poner trampas para ratones almizcleros en esa parte del arroyo, y dejar sedales por la noche para las truchas pardas. Waite miró a su alrededor. movió los pies dentro de los zapatos. Todo aquello había sido hacía mucho tiempo...
Sesenta acres, de Raymond Carver