domingo, 23 de mayo de 2010

Mañana de domingo


A veces me gusta dedicar un poco de mi tiempo a hablar conmigo misma, como hoy por la mañana cuando he salido a pasear, me encontraba caminando por el paseo marítimo y a lo lejos he visto un banco que ha llamado mi atención, era de madera pintada color verde, junto a él un árbol de hojas enormes, de lejos no he reconocido de qué árbol se trataba, pero mientras me iba acercando me he dado cuenta que era una higuera. Me resulta extraño ver una higuera casi rozando el mar, desconozco el motivo del por qué la plantaron ahí, no siento curiosidad alguna por saberlo. Lo que de verdad me importa es disfrutar de la belleza que a veces nos ofrece el entorno por donde nos movemos.

Cuando he llegado a donde estaba el banco me he sentado en él, la temperatura suave, la brisa agradable y el color del cielo me hablaba invitándome a que al menos durante unos momentos me olvidara de todo y prestara atención a lo que se me ofrecía.

Es uno de esos días que lo podemos definir con muy poquitas palabras, incluso sin decir nada, solamente cerrar los ojos y dejarnos llevar imaginando o quizá pensando en nuestra historia, esa historia que llevamos dentro y soñamos que algún día se haga realidad.

Así que decidí continuar un buen rato con los ojos cerrados y una gran sonrisa abierta, escuchando una música que solo yo podía oír. Sentirme acompañada aunque en el banco no había nadie más que yo.