[por Sarah]
Al principio no quise saber nada de ti, te acuerdas?
Te miraba pasar a mi lado y ni siquiera te veía. Estaba ocupada viendo otras personas, otros paisajes, otras vidas. Ni siquiera sabía si habías estado o no.
No sé qué ocurrió, ni cuándo. Pero un día me encontré preguntándome quién eras. Luego, tal vez días, tal vez semanas más tarde, te hablé. Lo reconozco, como quien hace un favor. No me siento orgullosa, pero no voy a mentirte, eso sabes que no. Y tú, con tu encanto habitual me contestaste.
Así seguimos durante un tiempo. Hasta que un día tuviste que ausentarte durante una temporada. Imagina mi sorpresa cuando me di cuenta de que echaba de menos tu presencia, miraba nerviosa a mi alrededor para saber si habías vuelto. Y si, para ver si todavía me seguías hablando.
Volviste y mi mirada no era la misma. Demasiado tarde me dí cuenta de que te habías colado en mi vida y que ahora había un hueco en ella que era tuyo por derecho propio.
Y poco a poco, sin saber cómo, has conseguido que te espere, que te eche de menos, que te busque, que quiera que me cojas de la mano y me lleves a dar un paseo. Incluso que lo confiese.
Gracias.
Colección de cartas reales y ficticias para disfrutar del simple placer de leer y escribir.
lunes, 30 de junio de 2008
El engaño o engañarse.
[por Madison]
Tras nuestra breve conversación he pensado que estaría bien por mi parte aclararte algo.
Dices que me engaño a mi misma y que esa no es buena manera de vivir la realidad
Y me pregunto...acaso no vivimos todos en el autoengaño? yo creo que sí.
Autoengañarse es necesario, creo que si no fuera por eso la vida se convertiría en algo inaguantable a más de uno en algunos momentos nos llevaría al borde del abismo.
Que no se cambia lo sé, que cada uno es como es, y, ahí precisamente radica el encanto de la vida . Umm...La vida... es algo que no tiene explicación por eso me gusta.
Y en ese trayecto que es el transcurrir de mi vida, intento conocerme un poco más cada día, quiero saber de lo que soy capaz, qué es lo que puedo dar y a hasta dónde llegar
viernes, 27 de junio de 2008
100
[por Madison]
Queridos y queridas hemos llegado al cien y como tengo afán de protagonismo he corrido a escribir.
Gracias por estar ahí, os veo, os siento, me gustais.
Seguro que al doscientos llegamos en un plis.
Ahhh ya sabeis que es viernes, y por lo tanto os escribo vestida con mis mejores ropas y a la par de una música que hace soñar.
Sed buenos.
buen fin de semana a todos
Queridos y queridas hemos llegado al cien y como tengo afán de protagonismo he corrido a escribir.
Gracias por estar ahí, os veo, os siento, me gustais.
Seguro que al doscientos llegamos en un plis.
Ahhh ya sabeis que es viernes, y por lo tanto os escribo vestida con mis mejores ropas y a la par de una música que hace soñar.
Sed buenos.
buen fin de semana a todos
Ensoñación
[por Gaviero]
Querida loca:
Querida loca:
¿Así que eras tu? La otra tarde, te estuve observando sin que te percataras de ello; se te veía absorta sobre el papel, refugiada en la mesa casi escondida del rincón del café, estaba claro que te costaba hilar las palabras, construir las frases. Y ahora, al leer tu carta, soy yo quien sonríe, me pasa como a ti, me produce una felicidad enorme recibir carta y ésta tuya no puede quedar sin contestación.
Tu invitación a abrirte mis sueños, mi vida, todo aquello que tenga algún significado para mi, está aceptada, por supuesto, así que dejate llevar por la ensoñación del lugar y ambiente que propones.
Imagina la azotea de una vieja casa, casi una mansión; se encuentra en un cierto estado de deterioro, pero sigue conservando el porte majestuoso del siglo XIX. Sus dos plantas con porche porticado se alzan en el centro de un cuidado jardín, algo decadente en su pérgola trasera, pero coloreado por jazmines y glicinas. Está empezando a anochecer y las flores esparcen su aroma que llega hasta nosotros, sentados en la terraza superior.
En este espacio hay velas, también olorosas, por todos los lados, las hay sobre las repisas de las barandillas de la azotea, en mesas de madera adosadas al muro de la casa, en n viejo velador desvencijado y esparcidas por el suelo mismo. Estamos sentados en dos aparatosos sillones de mimbre, y bebemos sendos vasos, de un cristal no demasiado fino, de te helado. A nuestros oídos llegaba una música extraña, era un piano que tocaba una mujer en la terraza de la casa contigua a la nuestra, tardamos unos instantes en reconocer la melodía pero enseguida supimos que se trataba de "Rhapsody in blue" de Gershwin, interpretada a ritmo del más puro jazz.
La sensación de irrealidad, de estar fuera del mundo, se acrecentó al levantarnos y acercarnos a contemplar la vista del exterior. Bajo el rojizo resplandor del sol en retirada, nos quedamos atónitos al divisar la magnífica inmensidad del océano.
Estábamos en La Habana, en el barrio del Vedado, por lo que te propuse bajar paseando hasta el Malecón para disfrutar de la noche. Dejaremos unos puntos suspensivos para, si deseamos, continuar soñando.
Un abrazo
Ocupante de tus sueños
Los Monederos Falsos.-André Gidé
[por Madison]
Muy señor mío:
Acabo de darme cuenta, a raiz de cierto descubrimiento que fortuitamente he realizado esta tarde, que debo dejar de considerarle a usted como padre, lo que constituye para mí un alivio inmenso. Debido al escaso cariño que sentía por usted, he creído largo tiempo que era un hijo desnaturalizado; me satisface saber que no soy hijo suyo en absoluto. Quizá considere usted que le debo gratitud por haberme tratado como a otro cualquiera de los que realmente lo son; pero, en primer lugar, siempre me he dado cuenta de la diferencia del afecto que sentís usted por ellos, y, además, le conozco demasiado bien para no saber que todo lo que haya podido hacer en este punto ha sido por miedo al escándolo, para ocultar una situación que no le honraba precisamente y, en fin, porque no cabía otra cosa. prefiero marcharme sin ver a mi madre por temor de que, al espedirme de ella para siempre, me enterneciese, y también para evitarle que se sienta en una posisción molesta ante mí. Tengo mis dudas acerca de la sinceridad de su afecto; como me he pasado la vida en un internado, apenas ha tenido tiempo de conocerme; y como el verme le recordaba un episodio de su vida que habría deseado borrar, supongo que acogerá mi partida como un desahogo y una satisfacción. Dígale, si tiene valor para ello, que no le reprocho que haya hecho de mí un bastardo; que por el contrario, lo prefiero a creerme engendrado por usted. ( Y dispense que le escriba en tales términos, porque no tengo la menor intención de insultarle; pero esto que le permitirá despreciarme, lo que le aliviará a usted).
Si desea que silencie las secretas razones que me han obligado a abandonar su hogar, le ruego que no trate demanera alguna de hacerme volver a él. La decisión que he tomado de marcharme es irrevocable. Ignoro lo que mi manuntención hasta hoy haya podido costarle a usted; podía aceptar vivir a costa suya mientras desconocía la situación; pero, ni que decir tiene, no quiero un céntimo de usted de aquí en adelante. la idea de que pueda debrle a usted algo me resulta intolerable, y si tuviera que empezar de nuevo, creo que antes moriría de hambre que sentarme a su mesa. Por fortuna, me parece recordar haber oido que, cuando se casaron, mi madre era más rica que usted. Puedo, en consecuencia, pensar que he vivido a cargo de ella. Le doy las gracias, la relevo de todo lo demás y le ruego que se olvide de mí. Ya encontarán ustedes una explicación, para justificar mi partida ante aquellos a quien pueda sorprenderles. Les autorizo a que me achen a mí la culpa ( aunque demasiado sé que no expresarán esta autorización para echármela)
Firmo con el ridículo apellido de usted, que desearía poder devolver, y que estoy impaciente por deshonrar.
BERNARD PROFITENDIEU
Acabo de darme cuenta, a raiz de cierto descubrimiento que fortuitamente he realizado esta tarde, que debo dejar de considerarle a usted como padre, lo que constituye para mí un alivio inmenso. Debido al escaso cariño que sentía por usted, he creído largo tiempo que era un hijo desnaturalizado; me satisface saber que no soy hijo suyo en absoluto. Quizá considere usted que le debo gratitud por haberme tratado como a otro cualquiera de los que realmente lo son; pero, en primer lugar, siempre me he dado cuenta de la diferencia del afecto que sentís usted por ellos, y, además, le conozco demasiado bien para no saber que todo lo que haya podido hacer en este punto ha sido por miedo al escándolo, para ocultar una situación que no le honraba precisamente y, en fin, porque no cabía otra cosa. prefiero marcharme sin ver a mi madre por temor de que, al espedirme de ella para siempre, me enterneciese, y también para evitarle que se sienta en una posisción molesta ante mí. Tengo mis dudas acerca de la sinceridad de su afecto; como me he pasado la vida en un internado, apenas ha tenido tiempo de conocerme; y como el verme le recordaba un episodio de su vida que habría deseado borrar, supongo que acogerá mi partida como un desahogo y una satisfacción. Dígale, si tiene valor para ello, que no le reprocho que haya hecho de mí un bastardo; que por el contrario, lo prefiero a creerme engendrado por usted. ( Y dispense que le escriba en tales términos, porque no tengo la menor intención de insultarle; pero esto que le permitirá despreciarme, lo que le aliviará a usted).
Si desea que silencie las secretas razones que me han obligado a abandonar su hogar, le ruego que no trate demanera alguna de hacerme volver a él. La decisión que he tomado de marcharme es irrevocable. Ignoro lo que mi manuntención hasta hoy haya podido costarle a usted; podía aceptar vivir a costa suya mientras desconocía la situación; pero, ni que decir tiene, no quiero un céntimo de usted de aquí en adelante. la idea de que pueda debrle a usted algo me resulta intolerable, y si tuviera que empezar de nuevo, creo que antes moriría de hambre que sentarme a su mesa. Por fortuna, me parece recordar haber oido que, cuando se casaron, mi madre era más rica que usted. Puedo, en consecuencia, pensar que he vivido a cargo de ella. Le doy las gracias, la relevo de todo lo demás y le ruego que se olvide de mí. Ya encontarán ustedes una explicación, para justificar mi partida ante aquellos a quien pueda sorprenderles. Les autorizo a que me achen a mí la culpa ( aunque demasiado sé que no expresarán esta autorización para echármela)
Firmo con el ridículo apellido de usted, que desearía poder devolver, y que estoy impaciente por deshonrar.
BERNARD PROFITENDIEU
jueves, 26 de junio de 2008
Palabras, Frases...
[por Madison]
Cómo estás?
He estado unos días sin escribir pero si quieres que te diga la verdad lo echaba de menos.
Descansar un rato en este pequeño rincón se ha ido convirtiendo poco a poco en algo íntimo y personal, me gusta imaginar que mientras lees estas letras tu cara dibuja una sonrisa o puede que un gesto de sorpresa, incluso una mueca de desagrado. Da igual, no importa, el caso es que me leas y que esperes con impaciencia mi carta. En mi rostro siempre se dibuja una sonrisa cuando leo el aviso de que tengo una carta y al leer el remite inmediatamente le pongo imagen .
Pero el caso es que hoy estas letras que viajan por mi mente, a la hora de plasmarlas sobre el papel les ha dado por andar a su antojo, se han vuelto caprichosas y soy incapaz de dominarlas.
Intento que sean discretas, que guarden las posturas, pero ellas no acatan mis ordenes y actuan a sus anchas.
Se tornan descaradas y atrevidas, me enfado pero no obedecen así que opto por dejar la escritura para mañana. Aunque si lo deseas puedes ayudarme.
Anímate y acepta mi invitación , hazme párticipe de lo que hay en ti.
Dime qué te sugiere un lugar cálido con muchas velas arómaticas, buena música... venga cuéntamelo... si?
Ninguna carta nos deja indiferentes porque todas ellas llevan algo de nosotros; por eso cuando las recibimos siempre nos sentimos algo especiales.
¿Piensas que estoy un poco loca al hacer esta propuesta?
Un abrazo y gracias por leerme
He estado unos días sin escribir pero si quieres que te diga la verdad lo echaba de menos.
Descansar un rato en este pequeño rincón se ha ido convirtiendo poco a poco en algo íntimo y personal, me gusta imaginar que mientras lees estas letras tu cara dibuja una sonrisa o puede que un gesto de sorpresa, incluso una mueca de desagrado. Da igual, no importa, el caso es que me leas y que esperes con impaciencia mi carta. En mi rostro siempre se dibuja una sonrisa cuando leo el aviso de que tengo una carta y al leer el remite inmediatamente le pongo imagen .
Pero el caso es que hoy estas letras que viajan por mi mente, a la hora de plasmarlas sobre el papel les ha dado por andar a su antojo, se han vuelto caprichosas y soy incapaz de dominarlas.
Intento que sean discretas, que guarden las posturas, pero ellas no acatan mis ordenes y actuan a sus anchas.
Se tornan descaradas y atrevidas, me enfado pero no obedecen así que opto por dejar la escritura para mañana. Aunque si lo deseas puedes ayudarme.
Anímate y acepta mi invitación , hazme párticipe de lo que hay en ti.
Dime qué te sugiere un lugar cálido con muchas velas arómaticas, buena música... venga cuéntamelo... si?
Ninguna carta nos deja indiferentes porque todas ellas llevan algo de nosotros; por eso cuando las recibimos siempre nos sentimos algo especiales.
¿Piensas que estoy un poco loca al hacer esta propuesta?
Un abrazo y gracias por leerme
martes, 24 de junio de 2008
Java
[por Wara]
Java:
¡No quiero que me escribas más ni tampoco llames! ¿Acaso no te quedó claro la última vez que hablamos? Porque no pretenderás convencerme ahora con eso de que no te sientes bien, que me echas de menos, que no sabes vivir sin mi. ¡No seas niño! Si ves que te sobra demasiado tiempo y no sabes qué hacer ni encuentras entretenimiento con tus amigos, vuelvo a sugerirte que te dediques en cuerpo y alma a buscar un trabajo, el que sea. ¡Deja ya de vivir a expensas de los demás! Verás que enriquecedora es la experiencia de no depender de los mimos de mamá o la intransigencia de papá.
Disculpa mis modales, que no te pregunté por la salud de tu madre. ¿Al final habéis encontrado quien se ocupe de ella? No dudes que la aprecio de verdad, pero lo que no comparto es la forma en que ella cree que debe protegerte, el modo en que se ha pasado tu vida engañándose a sí misma, negándose la realidad de tu carácter, de tu modo de vida. Creo que nunca le caí bien precisamente porque intuyó en mí que nunca podría sentir por ti lo mismo… que yo nunca te justificaría, que no explicaría tus arrebatos, la locura que sin motivo se adueña de tus días. No tengo que explicarlo, lo sabes, ¿verdad? Puedo perder la razón por amor, pero mi locura y la tuya jamás serán la misma. No busques más fantasmas; la sociedad no se confabula para acabar contigo ni yo te engañé jamás con ningún amigo.
Fui una tonta, Java. ¡Cuántas pistas ibas dejando por el camino y yo te seguía, ciega a tu desequilibrio! Ni siquiera me di cuenta cuando exigiste que sacara del coche la música de Mozart y Carmina para que aceptaras viajar conmigo. Un capricho, me dije, un capricho que bien puedo cumplirle… pero que no hice. Te enfadaste, discutimos, lloré, no salimos. Te reías de mí porque me gustaba leer poesía; te burlabas considerando mis aficiones demasiado cultas para compartirlas contigo. Pero es que no sabes… si no hubiera leído a Yourcenar, por ejemplo, nunca esperaría que tú fueras el hombre que aguardaba en mi vida. Habrías pasado de largo sin hacerme tanto daño; nunca me hubiera considerado lo bastante fuerte como para pensar en ponerte a salvo de ti mismo.
¿Sabes? No recuerdo haberme sentido tan segura junto a nadie como cuando tú me cogías de la mano y me guiabas… al principio. Pero un día tropecé, caí… era de noche y tú me reñiste. Torpe, estúpida, ¿no ves el camino? No, sabes que no lo veía… Y mira, a fuerza de tanto pedírmelo, fue cómo un día cerré nuestro libro de poesía y te lo entregué a tu gusto, sin palabras ni sentimentalismo; vacío.
No me llames, por favor. Busca cómo llenar tu tiempo, cómo seguir tu vida. No tienes que devolverme nada, los regalos son regalos. Lo que te llevaste sin permiso, mi amor propio, mi autoestima, que con exitoso empeño rebajaste, lo recuperaré yo misma.
Java:
¡No quiero que me escribas más ni tampoco llames! ¿Acaso no te quedó claro la última vez que hablamos? Porque no pretenderás convencerme ahora con eso de que no te sientes bien, que me echas de menos, que no sabes vivir sin mi. ¡No seas niño! Si ves que te sobra demasiado tiempo y no sabes qué hacer ni encuentras entretenimiento con tus amigos, vuelvo a sugerirte que te dediques en cuerpo y alma a buscar un trabajo, el que sea. ¡Deja ya de vivir a expensas de los demás! Verás que enriquecedora es la experiencia de no depender de los mimos de mamá o la intransigencia de papá.
Disculpa mis modales, que no te pregunté por la salud de tu madre. ¿Al final habéis encontrado quien se ocupe de ella? No dudes que la aprecio de verdad, pero lo que no comparto es la forma en que ella cree que debe protegerte, el modo en que se ha pasado tu vida engañándose a sí misma, negándose la realidad de tu carácter, de tu modo de vida. Creo que nunca le caí bien precisamente porque intuyó en mí que nunca podría sentir por ti lo mismo… que yo nunca te justificaría, que no explicaría tus arrebatos, la locura que sin motivo se adueña de tus días. No tengo que explicarlo, lo sabes, ¿verdad? Puedo perder la razón por amor, pero mi locura y la tuya jamás serán la misma. No busques más fantasmas; la sociedad no se confabula para acabar contigo ni yo te engañé jamás con ningún amigo.
Fui una tonta, Java. ¡Cuántas pistas ibas dejando por el camino y yo te seguía, ciega a tu desequilibrio! Ni siquiera me di cuenta cuando exigiste que sacara del coche la música de Mozart y Carmina para que aceptaras viajar conmigo. Un capricho, me dije, un capricho que bien puedo cumplirle… pero que no hice. Te enfadaste, discutimos, lloré, no salimos. Te reías de mí porque me gustaba leer poesía; te burlabas considerando mis aficiones demasiado cultas para compartirlas contigo. Pero es que no sabes… si no hubiera leído a Yourcenar, por ejemplo, nunca esperaría que tú fueras el hombre que aguardaba en mi vida. Habrías pasado de largo sin hacerme tanto daño; nunca me hubiera considerado lo bastante fuerte como para pensar en ponerte a salvo de ti mismo.
¿Sabes? No recuerdo haberme sentido tan segura junto a nadie como cuando tú me cogías de la mano y me guiabas… al principio. Pero un día tropecé, caí… era de noche y tú me reñiste. Torpe, estúpida, ¿no ves el camino? No, sabes que no lo veía… Y mira, a fuerza de tanto pedírmelo, fue cómo un día cerré nuestro libro de poesía y te lo entregué a tu gusto, sin palabras ni sentimentalismo; vacío.
No me llames, por favor. Busca cómo llenar tu tiempo, cómo seguir tu vida. No tienes que devolverme nada, los regalos son regalos. Lo que te llevaste sin permiso, mi amor propio, mi autoestima, que con exitoso empeño rebajaste, lo recuperaré yo misma.
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