lunes, 9 de marzo de 2009

Inventar




Cuando llegué al hotel me sentía muy cansada, me di una ducha rápida e inmediatamente me metí en la cama. El contacto de mi piel desnuda y limpia con las sábanas me hizo sentir bien. Pensé en leer hasta que el sueño se apoderara de mi. Hasta que los ojos me pesaran, pero eso no fué posible debido al insoportable ruido. El hotel está ubicado muy cerca de la estación de tren, ese fué el motivo de no poder concentrame en la lectura. Así que decidí cerrar los ojos e inventar una historia.

Me gusta inventar historias. Cuando el silencio se hace dueño de la situación ayuda a controlar la soledad.
En ocasiones pienso en inventar una historia en que los protagonistas sean otras personas, pero al cabo de unos segundos me doy cuenta de que eso no me sirve. En toda historia, aunque sea inventada hay sentimiento y el sentimiento de los demás son distintos a los míos propios, por lo tanto sería como un “copiar y pegar”.
Cierro los ojos. Me dejo llevar. Traspaso la línea que separa lo real de lo irreal, veo una fotografía, es de media tarde frente al mar , hace sol.
Expongo mis sentimienstos al ire libre, tomo conciencia de la magia del momento, y me doy cuenta en qué forma tan maravillosa se puede hablar sin palabras. Me abandono a ese momento, a esa historia inventada, pero que yo soy la protagonista, por lo tanto también algo real, siento las caricias del sol de tarde por mi cuerpo. El mismo sol de tarde de la fotografía, y miro. Miro y te veo. Y estoy convencida de que las histroias; todas las historias se componen exclusivamente de instantes y que aunque sean inventadas y estemos solos podemos llegar a sentirnos mas acompañados que nunca.

Por fin el sueño se apoderó de mi.