martes, 31 de agosto de 2010

Mi perro


Cuando era pequeña me daba mucho miedo los perros, sentía tanto miedo que cuando me encontraba por la calle con alguno cruzaba a la otra acera.
Nunca quise tener perro, nunca fui de esas personas que se acercan cuando ven alguno por la calle para acariciarlo.
Pero hace unos años por circunstancias personales acepte tener uno aunque antes de decir sí tuve mis reservas.
Mi perro murió la madrugada del domingo al lunes después de estar con nosotros casi once años
Dicen que los perros con el tiempo son un poco como los amos, yo no lo se, no se si es leyenda urbana o algo hay de verdad en esa apreciación.
Mi perro era discreto, educado, elegante, le gustaba pasar desapercibido-cosa que no lograba debido a su tamaño-también era cariñoso, le encantaba que le mimara y a él le gustaba mimarme a mi.
Siempre iba a mi lado, por la noche cuando llegaba del trabajo me esperaba en la puerta, últimamente le costaba mucho levantarse, pero al verme entrar el rabo le iba a una velocidad asombrosa.Nos dirijíamos los dos hacia la cocina, yo me preparaba algo de cena, él bebía y comía a la par.
En casa, no solo yo, todos los que vivimos en ella nos hemos sacrificado en cierta manera por él, porque siempre ha querido nuestra compañía y no soportaba estar solo, eso ha supuesto no poder ir a una serie de lugares, ni viajar tanto como nos hubiese gustado. Tener un perro da trabajo, la limpieza ha de ser exaustiva, y muchas veces me he quejado de él, pero ahora me arrepiento porque al volver la vista atrás veo que he recibido mucho mas de lo que le he dado.
Me siento triste, le extraño. Hoy vienen a pintar la casa, también traen un sofá nuevo. La pared del pasillo estará siempre limpia, el sofá durará intacto infinitamente porque cuando yo esté descansando o leyendo, él no apoyará su morro en mi falda, nunca más veré esa mirada llena de agradecimiento cuando al terminar mi bocadillo él recibía el último bocado como premio.
Quiero mucho a mi perro y siento dentro de mi un dolor desgarrador que nunca imaginé sentir y aunque estos días en casa hay acontecimientos para estar alegres y muy felices, se que a partir del domingo que todo haya terminado y cada uno vuelva a su lugar, cuando el acontencimiento finalice, con el transcurrir de los días la pena se acentuará infinitamente más.

lunes, 30 de agosto de 2010

El árbol y la luna

No se sabe cuando surgió la leyenda, pero ésta se fue transmitiendo a lo largo de los años de padres a hijos y hoy en día nadie del pueblo la desconoce.


Comenzó un lejano atardecer, cuando un rayo golpeó de lleno sobre el frondoso árbol de aquel prado. A pesar de que no llegó a sucumbir por las llamas debido a la rápida actuación de unos labradores que consiguieron apagar sus llamas, quedó bastante dañado; en un primer momento parecía que lograría recuperar su esplendor, pero con el paso del tiempo fue perdiendo vigor, hasta un momento en que todo apuntaba a que terminaría por sucumbir. Apenas le quedaban cinco o seis hojas verdinegras, y las ramas no tenían fuerza casi para mantenerse en el aire sin quebrarse.


Se decía que la luna estaba perdidamente enamorada del viejo árbol; noche tras noche, sus rayos parecían abrazar el tronco de su amado, acariciando con suavidad sus numerosas hojas y rodeando de luz, cuando ella estaba en su fase llena, al imponente ejemplar. Efectivamente, la noche del terrible suceso, en la que se mostraba llena y redonda, al ver al árbol herido, se apagó de repente; se habló de un eclipse imprevisto, pero la realidad, que solo supieron los habitantes del pueblo, era que todo fue a consecuencia del dolor de ver la tragedia.


Según se iba debilitando el árbol, la luna parecía crecerse, y noche tras noche, con la fuerza y la paciencia que únicamente da el amor, empezó a conseguir que éste recuperará la savia y la clorofila pérdida; toda la noche ella acariciaba las ramas casi desnudas, iba fortaleciendo, hoja a hoja, los pequeños brotes que empezaron a aparecer, sus rayos parecían besar la corteza ajada y reseca, y poco a poco, casi imperceptiblemente, estos empezaron a ir cubriendo de nuevo la madera ennegrecida, y llegó una noche en la que el árbol sintió que una corriente de savia fluía en su interior, que las raíces volvían a cobrar fuerza, y la siguiente noche, cuando apareció la amada, se agitaron las hojas, se extendieron las ramas y en un abrazo pletórico de deseo, de fuerza, de vida, se fundieron los dos.



domingo, 29 de agosto de 2010

Ligerezas



Edward Hopper, Summertime

A todos nos ha sucedido alguna vez que nos sentimos abatidos por algún problema, la congoja va ganando espacio en nuestro interior y los pensamientos se vuelven tan enredosos que no conseguimos aclararlos. Tras darle mil vueltas al asunto, y sin encontrar alguna solución viable a lo que nos preocupa decidimos confesarnos con alguna persona amiga esperando de ella que nos escuche y nos devuelva si no todo por lo menos algo de sosiego.

Pero lo sorprendente es con la ligereza que aconsejamos o nos aconsejan, es extraordinaria la facilidad que tenemos para decir a los demás que deben hacer y cómo deben actuar ante cualquier situación, así, como por arte de magia ese problema que ha sido el causante de horas de insomnio por no encontrar salida posible, en tan solo unos minutos nos sentimos con la autoridad suficiente para certificar la solución, así, tan alegremente!.

Actuamos con ligereza, sin tan siquiera intentar ponernos por unos momentos en la piel de la persona angustiada, no escuchamos con atención a quien nos hace confidentes de sus problemas. Es posible que para nosotros lo que acabamos de escuchar no lo creamos tan importante , pero para la otra persona sí lo es y de nuestra actitud depende su estado de ánimo .

viernes, 27 de agosto de 2010

miércoles, 25 de agosto de 2010

Tus manos





Cuando vienes a mi encuentro, te acercas despacio y me acaricias con el dorso de la mano, con el dedo índice recorres cada milimetro de mi espalda, sin pronunciar palabra, utilizando el idioma de las manos.

Mi piel se presenta ante tu piel, ambas se reconocen, se gustan y se funden en un abrazo mientras se besan.

El entresijo de sentimientos se enreda en nuestros cuerpos, mientras, recitas a mí oído todos tus deseos

Me dejo vencer abandóname a ti sin ningún miedo, sin ninguna duda

Involucrados, sin luchar, me abrazas y susurras palabras de amor

Felices nos dormimos y las horas, y el tiempo nos contemplan muertos de envidia

Y cuando nos quedemos solos, cada uno en nuestro dormitorio, a la espera de un nuevo encuentro le contaremos a la almohada y al embozo de la sábana cuanto nos extrañamos en la distancia




martes, 24 de agosto de 2010

Carlos Marzal


Alex Katz

Uno y ninguno

Él cree saber quién soy, y se equivoca.
Tú puedes desandar, paso por paso,
toda la historia, todos los detalles
que dibujen un rostro, pero no seré yo
quien esté dibujado en ese rostro,
aunque sea mi rostro el dibujado.
Cualquiera que no sepa de mí lo sabe todo.
Yo no sé quién soy yo, pero estoy en lo cierto.

Esta acumulación de paradojas
exige un comentario y una pausa.
(Las palabras se pueden urdir y desurdir,
hasta no decir nada, queriendo decir todo.)
Cualquier hombre es ninguno, y es legión
y es nadie y uno mismo.
Y ahora que ya lo sabes, date cuenta:
estás equivocado por completo.

De "Los países nocturnos" 1996