miércoles, 30 de septiembre de 2009

A mi padre



Dicen que compartir es necesario para quien quiere ser escuchado.
Dicen que transmitir sentimientos es cosa de seres alterados.
Me altera la disposición de saberme innecesario por ser escuhado,leido o encontrado.
Dicen que compartir es necesario para quien quiera ser escuchado.
Desde que te fuiste me siento alterado y hace ya muchos años que renuncié a tan triste historia y es por ello que te eché y te echo de menos hasta en los mejores momentos de un futuro ausente de tu presencia y anclado en el pasado.
Nos abandonaste una noche cerrada,oscura y hambrienta de pena.
No sirvió de nada llorar a la sombra de la bóveda ni al calor del silencio que reina en esa casa donde la habitación de la alegría linda con la de la pena de no tenerte a mi lado.
Ahora estoy maduro,calmo y sosegado pero deseo que sepas que no te perdono por habernos abandonado, tanto si fue culpa tuya como si lo fue por el olvido de un pasado sujeto con alfileres a cuestas de una de una pena que no encuentra consuelo por marcharte de puntillas donde no puedo encontrarte porque estás a ese otro lado.
Dicen que compartir y transmitir es cosa de seres alterados y no puedo evitar pensar en tan triste pasado porque querido y amado padre te fuiste sin mi permiso al otro lado.

Gracias Gavalia

martes, 29 de septiembre de 2009

Consejos a un escritor












Su carta, mi querido y buen bienhechor, me ha impactado como un rayo. Me conmovió y casi rompo a llorar. Ahora pienso que ha dejado una profunda huella en mi alma.

Todas las personas cercanas a mí siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la de escritor. Tengo en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista. En Moscú existe el llamado “círculo literario”. Talentos y mediocridades de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme con esa opinión general de mi insignificancia literaria. En seguida me acostumbré a mirar mis trabajos con indulgencia y a escribir de manera trivial. Esa es la primera razón. La segunda es que soy médico y siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres “El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna” nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí. Le escribo todo esto sólo para justificar un poco ante usted mi gran pecado. Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo cuento mío en el que haya trabajado más de un día. "El cazador", que a usted le gusta, lo escribí en una casa de baños. He escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio: mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del lector ni de mí mismo... He escrito intentando no desperdiciar en un cuento las imágenes y los cuadros que quiero y que, sabe Dios por qué, he guardado y escondido con mucho cuidado.

Disculpe la comparación, pero ha actuado en mí como la orden gubernamental de “abandonar la ciudad en 24 horas”, esto es, de pronto he sentido la imperiosa necesidad de darme prisa, de salir lo antes posible del lugar donde me hallo empantanado... Estoy de acuerdo en todo con usted. El cinismo que me señala, lo sentí al ver publicado "La bruja". Si hubiera escrito ese cuento no en un día, sino en tres o cuatro, no lo tendría... Me libraré de los trabajos urgentes, pero me llevará tiempo... No es posible abandonar el carril en el que me encuentro. No me importa pasar hambre, como ya pasé antes, pero no se trata de mí. Dedico a escribir mis horas de ocio, dos o tres por día y un poco de la noche, esto es, un tiempo apenas suficiente para pequeños trabajos. En verano, cuando tenga más tiempo libre y menos obligaciones, me ocuparé de asuntos serios.

No puedo poner mi verdadero nombre en el libro, porque ya es tarde: la viñeta ya está preparada y el libro, impreso. Mucha gente de Petersburgo me ha aconsejado, antes que usted, no echar a perder el libro con un pseudónimo, pero no les he hecho caso, probablemente por amor propio. No me gusta nada mi libro [Cuentos abigarrados se publicó bajo el pseudónimo de Antosha Chejonté]. Es una vinagreta, un batiburrillo de trabajos estudiantiles, desplumados por la censura y por los editores de las publicaciones humorísticas. Creo que, después de leerlo, muchos se sentirán decepcionados. Si hubiera sabido que usted me lee y sigue mis pasos, no lo habría publicado. La esperanza está en el futuro. Sólo tengo 26 años. Quizás me dé tiempo a hacer algo, aunque el tiempo pasa deprisa. Le pido disculpas por esta carta tan larga. Con profundo y sincero respeto y agradecimiento.


Consejos a un escritor, de Chejov


Gracias Sunrise

lunes, 28 de septiembre de 2009

La Princesa Durmiente va a la escuela



François le respondió con esta otra, remitida por correo a aéreo:

Querida Agathy: No he salido de casa, desde tu marcha, más que lo indispensable, y te aseguro que, de momento, no pienso escapar a ninguna parte.
Me interesa mucho estudiar esta primera experiencia de soledad, enteramente nueva para mí, de la cual voy sacando conclusiones bastantes graves sobre la naturaleza y las relaciones entre hombre y mujer.
Mis conclusiones sobre la naturaleza humana consisten, ante todo, en la convicción de que el hombre es un ser extremadamente débil, incapaz de resistir la alteración de una amable costumbre. Esto es una vulgaridad, pero bastante cierta, por lo menos en mi caso.
Y tiene, además, el aliciente de la novedad, porque basta ahora, mis conclusiones no habían sido nunca vulgares, y te aseguro que, para mi, tuvo la misma emoción que si un hombre vulgar hubiera llegado a una conclusión genial.
Por fortuna, no pertenezco a la casta de estúpidos que creen en sus propias ideas-Sócrates, cuando decía “sólo sé que no sé nada”, quería significar lo mismo, aunque con otras palabras-. De modo que me queda la esperanza de llegar pronto a conclusiones más consoladoras.
En estas circunstancias, ¿cómo voy a alegrarme de ese proyecto de ausencia? Sin embargo, ya que lo de la Princesa no tiene remedio, me satisface la ocasión de estar bien informado y al día, de lo que vaya sucediendo.
Esto es lo único que puede compensarme un poco de su ausencia.
Sería inevitable, sin embargo, que te escriba terribles cartas apasionadas. Si a los tres días estoy como un loco furioso, ¿qué sucederá pasada una semana?
¡Oh, querida¡ ¡Cómo añoro tu silencio¡ De noche, despierto a tu lado, sólo escuchaba tu corazón. Ahora, escucho hora tras hora el ruidito de una polilla en el escritorio que hemos comprado últimamente. Por cierto que necesitaremos hacerle algún arreglo, si no queremos que se pudra.
Tengo miedo que la polilla abandone el escritorio y se aloje en mi corazón.
Te quiere

FRANÇOIS

P.S. Será difícil que me escribas una carta diaria, considerando el mucho trabajo que te dará la Princesa despierta. Con que me dediques las tardes de los domingos es suficiente.
Me permito aconsejarte que me cuentes lo que un periodista, en tu lugar, me contaría. Lo único que me importa es lo esencial.
Si alguna vez necesito precisiones sobre trajes, o cosa parecida, te lo indicaré. Pero no olvides que para mis fines me importa más el testimonio de Benjamin Constant que el de Hemingway.
Creo también necesario que te protejas personalmente contra la jettatura que preside, como el Hado amigo, todo el asunto de la Princesa. Mi madre, para estos casos, recomendaba llevar siempre en el bolsillo una cabeza de ajo macho.
Madame Dunois está de acuerdo, en principio, con el traspaso de su tienda.
Piensa en mí

La Princesa Durmiente va a la escuela, de Gonzalo Torrente Ballester

domingo, 27 de septiembre de 2009

La bella durmiente va a la escuela
















La condesa escribió a su marido la siguiente carta:

Amor querido: No sé andar por el mundo sin ti.
Me faltas a todas horas y tu ausencia me resulta insoportable. Te escribo después de haber cenado. A estas horas, tendría mi cabeza en tu regazo y escucharía en silencio lo que quisieras hablarme. Lo imagino, pero no basta. La clase de felicidad a que me tienes acostumbrada es inimaginable: recordarla me entristece.
Y tú, ¿qué harías sin mí? Pienso que aprovecharás mi ausencia con una de tus escapadas. Ahora que no estás delante, puedo confesarte el miedo que me dan.
Yo se que gustas a todas las mujeres. ¿De veras que no me engañarás con ninguna? Es una vulgaridad, lo sé. Temerlo; pero estoy convencida de que amas a una mujer vulgar. Quizás, a fin de cuentas, sea esto lo mejor, si yo consumo toda la vulgaridad disponible, te verás libre de ella, que es lo que importa.

Importa también, de momento, que te dé algunas noticias. Lo de la Princesa no está nada claro. Me inclino a creer que el negocio, en su conjunto, tiene jettatura.
He visto personalmente cómo se desvanecía una esperanza y cómo fallaba un remedio. El Rey está resignado a la desesperación. Por cierto que ha resultado un excelente muchacho, y muy cortés en sus palabras: ninguna de ellas recordó aquel beso ingenuo que todo el mundo convino en considerar escandaloso.

Según esto, yo debiera marcharme a París enseguida. Pero sucede algo imprevisto que nos afecta. Parece ser que, por varias razones, yo soy la persona más indicada para acompañar a la Princesa en su viaje a través del tiempo. Así me lo ha dicho el Chambelán viejo pariente mío que es quien lleva estas cosas. ¿Imaginas, querido, lo que esto supone? Si me permites usar una base de tus frases, nuestro idilio tendrá una base económica firme, porque me pagarán un gran sueldo. Podremos tomar en traspaso la tienda de sombreros de Mme. Dunois (Rue Royal) y dejar en el banco una reserva importante. Podremos tener un hijo, y no habrá por qué ocultar a nadie que eres mi marido. Lo podremos todo, querido: incluso comprar una granja y vivir felices en ella si la tienda de sombreros no te agrada. Una granja donde quieras, aunque sea en Holanda.
¿Me lo permites? No me preocupa la autorización de M. Dior, con la que cuento de antemano; le conviene, porque en todas las revistas ilustradas saldré retratada al lado de la Princesa.. Pero, tú, ¿podrás resistir una separación tan larga? ¿Y yo? Lo he pensado, y creo que la esperanza de tantas cosas me ayudará. Lo necesario es que tú las esperes con la misma vehemencia.

No obstante, debes considerar la conveniencia de ganar ese dinero. Es mucho; quizás mas del que necesitamos. ¿Vale la pena que renunciemos por él a tres meses de compañía?

Olvida lo que te dije al principio. Ya sé que no me engañarás. Si lo pienso a veces, es por mezclar a mi inmensa felicidad una almendra amarga.
Te quiere mucho

AGATHY

La bella durmiente va a la escuela, Gonzalo Torrente Ballester

jueves, 24 de septiembre de 2009

Para un amor


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Querida amada


Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho, por esta razón, quiero que sea mi fuerte sentimiento hacia ti la fuente que me dicte en cada momento todo el flujo de pensamientos de los que tu amor ha sido fruto durante el tiempo que permanecí a tu lado y que jamás olvidare.

Dicen que los amores mueren de hastío y el olvido los entierra, yo te puedo decir que todavía puedo sentir en lo mas profundo de mis entrañas la señal que ni los años ni los lustros podrán borrar de mi mente, la imagen de tu faz mirándome cuando apenas éramos unos simples adolescentes, unos simples niños con sentimientos frenéticos, que se ocultaban de las miradas indiscretas por tener miedo y respeto a eso del “amor” y que se guiaron por ese sentimiento tan descrito por los grandes autores en las hojas y hojas en las que sus libros nos deleitaban midiendo sus sesgadas letras para empatizar con sus personajes y sentirnos amados, sintiéndonos nosotros muy lejos de esa realidad mágica y sofistica que solo los libros nos transmiten, un sentimiento tan real como el que solo pudimos ver en el cine protagonizando por personas afines en las que nuestra vida allí se veía reflejada, todavía puedo recordar esa tarde soleada cuando el roce de ese leve aire de ponente rozaba tu cara y una vez mas me demostraba la belleza ideal que solo con los libros no llegaba a comprender, esa misma tarde que pudimos ver reflejado en la pantalla del televisor la historia de dos jóvenes que bajo el nombre de Toto y Elena, no hacían mas que demostrarnos nuestro propio final, una historia tan paralela a la nuestra, como definida para nosotros.

No me arrepiento, nunca me arrepentiré, tu amor es mas fuerte a cualquier dolor mundano, nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo, fuimos nosotros los que nos amamos, fuimos nosotros los que nos quisimos, y fui yo el que nunca borrara de mi mente el momento en que te conocí, nunca borrare de mi corazón el amor que sentí y de mi retina tu dulce rostro diciéndome te amo.
El que vive enamorado delira, a menudo se lamenta, siempre suspira, y no habla sino de morir.

Ese sentimiento de arrastre dura mucho tiempo, pero esta carta, no es mas que una muestra de la felicidad que me embraga, conocerte fue el regalo mas grande que Dios me pudo regalar, porque conocí el amor, un amor corto, pasajero como el vuelo de las palomas, pero como su nombre indica AMOR, eso es lo que conocí, aunque el destino se olvidase de nosotros, aunque nuestro futuro sea lejos uno del otro, el amor. Claro, el amor. Un año de ardor y llamas y el resto de una vida de cenizas, es tan corto el amor y tan largo el olvido.
Así fue nuestro amor.

¿Recuerdas aquella tarde en la sumisa soledad de las montañas?, la recuerdas verdad, ese era nuestro lugar, el único, un sitio hecho para nosotros, un sitio que solo tu y yo conocíamos de su existencia, un lugar que la madre naturaleza nos había regalado a cambio de todo lo que el mundo nos quito.
Recuerdo esa tarde cada día de mi vida, en cada instante recuerdo un momento de aquellos minutos mágicos, lo recuerdo como si fuese ayer y poco a poco la nostalgia me invade solo dejando cabida a mi pequeña locura, las nubes, amontonadas y de un azul amoratado, como la tinta desleída de una pluma, iban juntándose, poco a poco, como tu y como yo, sin duda a conclave en las alturas de los cielos,y allí debajo estábamos, debajo de ese roble centenario que solo el ha sido testigo de nuestros clandestinos encuentros, el ha sido testigo del preludio de nuestro amor, de la sinceridad de nuestro corazón y de nuestra amarga despedida,bajo sus protectores troncos nos cubríamos del bochorno calor estival, del frío gélido de nuestro invierno, de las hojas que el otoño arrastraba de los árboles y veíamos caer de manera suave despidiéndose con sus lanceolados movimientos, pudiendo escuchar en el rugir de los vientos la melodía de Love Theme, ese tema que colma la historia de nuestros antecesores en el cine.Ese árbol era nuestro refugio, era el árbol protector, magnífico roble, de majestuoso y vasta copa, abierta en pompa mirando hacia Dios, árbol patriarcal, de esos que ven con indiferencia desdeñosa sucederse generaciones de chinches, pulgones, hormigas y larvas, y les dan cuna y sepulcro en los senos de su rajada corteza.testigo mudo de nuestro amor y pasión.

El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad, una duda que tu me enseñaste a destapar y descubrir, un sueño que solo en el cine y libros era capaz de ver y leer, pero nunca entender, pero al fin y al cabo, eso es lo que hay que entender, que es la magia del primer amor que consiste en nuestra ignorancia y en la idea de que no pueda tener fin.
Nunca he guardado resentimiento hacia tu familia, nunca podría odiar a aquellas personas que en sus venas corre la misma sangre por la que yo daría mi vida, siempre he pensado que ame y hice lo que quise por amor, si calle, calle con amor; si grite, grite con amor; si corregí, corregí con amor, si perdone, perdone con amor, la única fuerza y la única verdad que hay en esta vida es el amor. El patriotismo no es más que amor, la amistad no es más que amor y tu en mi vida solo fuiste amor, con un sentimiento así, el odio no tiene cabida en mi conciencia,es tan grande mi amor que aunque intente competir con el odio nunca podría vencer.


Fui yo el que me fui, pero también te digo con certeza que ese no fue nuestro final, nuestro final es el encuentro…no me preguntes porque lo se, pero lo se, lo se con la misma certeza con la que te vi por primera vez y supe que serias el primero y único amor de mi vida

No hagas caso de las lágrimas que corren la tinta de mi escritura, no son lágrimas amargas, son lágrimas de felicidad, felicidad por haber conocido el amor y por haberte conocido a ti, ma petite rêveuse

El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga

Siempre tuyo.
Hasta la eternidad.

Gracias Apolo_Licio

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Amor de mi vida con cada palabra tuya crece mi esperanza de volver a ver tu rostro de sentirte pronto de nuevo a mi lado y lo que es mejor tenerte a resguardo de tanta violencia sin sentido como es una guerra entre hermanos.

Se comenta que las fuerzas están muy igualadas y que es cuestión de tiempo que se pongan de acuerdo,se firmen la paz que todos anhelamos y se acabe con este infierno que nos mantiene separados.

Yo te necesito pronto y cerca.Me encuentro inválida sin tenerte a mi lado.Me encuentro vacía cuando arrastro mi mano sobre la almohada y no te encuentro.Me faltan lágrimas con las que ofrendar a Dios la promesa que le hago a cambio de tu vuelta a un mundo que dejó de ser bello por que no estabas a mi lado y que pronto te tendré cerca,a mi verita,si aquí a mi lado.

No desesperes que pronto llega el sueño,las luces y las letras.El mismo sueño que yo soñé.Las misma luces que a poco te alumbraron gracias a tus preciosas letras que hacen de nuestro amor un grito oculto ensordecido por el viento de la guerra.
Querido,amado y deseado... tus cartas me han llegado y estoy dichosa de saber que entre el ruido de bombas,lamentos amargos y desespero puedo gritarle al mundo lo mucho que te echo de menos y que si existe alguna verdad en este mundo esta se llama... te quiero.

Espero que la próxima no sean letras las que marquen las distancias.Ni disparos los que marquen nuestros sueños.Solo lágrimas de reencuentro de un amor dulce,real y desesperado que bañó nuestras almas de sosiego de paz y de esperanza.
No te olvido amor y no desfallezcas ahora que esta pronta tu vuelta...sabes que te espero...sabes que te amo...sabes que necesito a mi lado y mientras tanto me armo de fuerzas de valor y de esperanza porque te quiero.

Gracias Gavalia

Amigo invisible

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Querido amigo invisible:

Te escribo estas líneas para darte las gracias.
Por estar a mi lado, aunque no te pueda ver. Por dejarme desvestir mi alma ante la pantalla y deleitarte ante la tenebrista imagen de ella que cual espejo yo te brindaba, sabiendo que un ángel de la música estaba siempre al otro lado.
Por ser sincero, creyendo correr un riesgo o temiendo pagar un precio del que no llegaste en ningún momento a ser deudor. Por decirme lo que te parecía justo y cierto, aun pensando que tal vez me irritara.
Por tratarme siempre de tú a tú.
Por las canciones dedicadas. Ese tema de Ramazzotti aun resuena en mi mente: “Cosa más linda que tú… Gracias por existir”. Fue como amanecer en un lecho de rosas… y una dicha serena y áurea se extendió esa mañana como el sol de estío sobre las calladas arenas que se alejan de las orillas que suenan a espumas.
Por la gratitud que a su vez siento hacia ti
Por creer en mí. Por confiar y confiarte. Por cada palabra de aliento. Por cada consejo (puesto o no en práctica por mí). Por recibir mi afecto y restituírmelo “ad integrum”.
Gracias porque en el punto exacto de la oscuridad sí supe más de ti.
Gracias al destino, porque en medio de una ciénaga brotó, siempre sorpresivo, el loto: nuestra amistad. Un diálogo entre tú y yo, un mutuo conocimiento, una compañía cierta.
Gracias por entenderme, por hablar el mismo lenguaje que yo, por valorarme, admirarme y hasta por quejarte sin tapujos de mis defectos y por mostrarme mis errores por adelantado.
Tu dicha es la mía. Tu dolor también lo siento yo.
Te quiere,
Tu amiga, en este Universo.
Gracias Katia