domingo, 29 de noviembre de 2009

Los buscadores de conchas


Algún lugar de Inglaterra
20 de Mayo de 1944
Mi querida Penélope:
En el curso de las últimas semanas me he sentado para escribirte una docena de veces.
En cada ocasión no he podido pasar de las cuatro primeras cuatro líneas, siendo interrumpido por alguna llamada telefónica, o la puerta, o por urgentes requerimientos de un tipo u otro.
Pero por fin ha llegado el momento en que puedo estar casi seguro de contar con una hora de tranquilidad en este lugar ignorado. Tus cartas han llegado bien y han sido una fuente de felicidad. Las llevo siempre conmigo como un colegial amartelado y las leo y releo infinidad de veces. Si no puedo estar contigo, puedo oír tu voz.
Ahora soy yo quien tiene mucho que decir. A decir verdad, resulta difícil por donde empezar, recordar lo que hablamos y lo que silenciamos. Esta carta se referirá a lo que no se dijo.
Nunca me has querido hablar de Ambrose y mientras estuvimos en Tresilick, y vivimos nuestro propio mundo privado, parecía un punto de poca importancia.
Últimamente sin embargo pocas veces sale de mis pensamientos y está claro que es el único obstáculo entre nosotros y nuestra eventual felicidad. Esto suena detestablemente egoísta, pero uno no puede quitarle la mujer a otro y ser un santo. Y es así como mi mente, aparentemente de motu propio, salta hacia delante. A la confrontación, la aceptación, la culpa, los abogados, los juzgados y un posible divorcio.
Siempre existe la posibilidad de que Ambrose sea caballeroso y permita que te divorcies de él. Si he de serte honesto no veo la mínima razón para que no lo acepte y estoy perfectamente preparado para aparecer en los tribunales como el corresponsable culpable y hacer que él se divorcie de ti. Si esto sucede, debe tener acceso a Nacy, pero esto es un puente que debemos cruzar cuando lleguemos a él.
Todo lo que importa es que deberíamos estar juntos y casarnos en au día; mejor pronto que tarde. La guerra se acabará algún día. Yo seré desmovilizado y volveré, con agradecimiento y una pequeña gratificación, a la vida civil. ¿Puedes considerar la perspectiva de ser la esposa de un maestro de escuela ¿ Pues eso es todo lo que quiero ser. A dónde iremos, dónde viviremos y cómo será, no puedo saberlo, pero si pudiese escoger, m gustaría volver al norte, para estar cerca de los lagos y las montañas del distrito de Peak.
Sé que todo esto parece muy lejano. Tenemos ante nosotros un camino complicado, plagado de obstáculos que tendremos que superar uno a uno. Pero un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso y no hay expedición peor que la que no se inicia.
Al releer lo anterior, me suena a carta de un hombre feliz que espera vivir para siempre. Por alguna razón, no tengo temor de no sobrevivir a la guerra. Muerte, el último enemigo, todavía parece muy lejos, más allá de la vejez y la enfermedad. Y no me cabe en la cabeza que el destino, después de habernos reunido, no quiera que sigamos así.
Pienso en todos vosotros en Carn Cottage, imagino lo que estáis haciendo y deseo estar con vosotros, compartiendo las risas y los quehaceres domésticos de lo que he llegado a pensar sea mi segundo hogar. Todo fue bueno, en el sentido estricto de la palabra. Y en esta vida nada bueno se pierde realmente. Permanece parte de la persona, se convierte en parte de su carácter. Así una parte de ti va conmigo a todas partes. Y una parte de mí es tuya para siempre. Todo mi amor, querida.

RICHARD


Los buscadores de conchas, de Rosamunde Pilcher