jueves, 12 de noviembre de 2009

El Regreso










Estimada señorita Beate:

Todo tiene su razón de ser. Que usted esté en un mundo incólume y yo en un mundo desquiciado tiene su razón de ser. Que nos hayamos conocido tiene su razón de ser. Que usted no me ame tiene su razón de ser.
Hace tres días que me lo dijo .Con tanto encanto, tanta bondad, tanta calidez que, a pesar de no haber hallado la felicidad que buscaba, me siento en cierto modo feliz.
Se puede amar y no ser correspondido y considerarlo una injusticia.
Pero también hay justicia en el amor no correspondido.
Llegué aquí anoche y se combate desde el alba. Es extraordinario.
Le doy las gracias por haberme permitido convertirla en testigo de mis pensamientos durante el tiempo que pasé cerca de usted.
¿Puedo continuar escribiéndole en el futuro?
Suyo
Volker Volanden
17 de enero de 1942

El Regreso, de Bernhard Schlink

Las cartas siguientes escritas en un intervalo de pocas semanas, eran similares: unas frases sobre el mundo, algunas sobre la guerra y otras sobre Beate.Volker Vonlanden comparaba a Beate con la aurora, con el lucero vespertino y de la mañana, con la lluvia cálida, con el aire que sigue a la tormenta, con un sorbo de agua tras un día bajo el sol y con el calor de la estufa tras una noche en la nieve. El pasaje de la aurora me pareció precioso.

No,Beate, usted no me recuerda la aurora que resplandece poco a poco, sumergiendo lentamente en el mundo en una luz cada vez más clara.
Hay otra aurora, breve en duración y grande en poderío, que en un instante ahuyenta la noche, disipa la neblina e inicia el día. Usted me recuerda esa aurora.
Hubo una vez una revolución en la que un barco de guerra dio la señal decisiva con un disparo y logró también la victoria decisiva. Ese barco de guerra se llamaba AURORA. Usted sabe que con una palabra podría revolucionar mi vida, ¿verdad?