martes, 18 de agosto de 2009

Esta historia.- Alesandro Baricco




En el bolsillo llevaba una carta, eran muchos los que la llevaban. Era la última carta, esa que nunca enviaban, pero que siempre llevaban encima. Después de su muerte sería abierta por las manos temblorosas de una madre, o de una novia, en la penumbra de un comedor, o de camino, bajo un sol absurdo. Era la voz que se imaginaban dejar tras de sí. La suya decía,ordenadamente como sigue:
Padre, os doy las gracias. Gracias por haberme acompañado al tren,el primer día de guerra. Gracias por la maquinilla de afeitar que me regalasteis.Gracias por las jornadas de caza, por todas. Gracias porque nuestra casa era cálida, y los platos no estaban desportillados. Gracias por aquel domingo bajo el haya de Vergezzi. Gracias por no haber levantado nunca la voz. Gracias por haberme escrito cada domingo desde que estoy aquí. Gracias por haber dejado siempre la puerta abierta cuando me iba a dormir. Gracias por haberme enseñado a amar los números. Gracias por no haber llorado nunca. Gracias por el dinero metido entre las páginas del manual. Gracias por aquella velada en el teatro, vos y yo, como principes. Gracias por el olor de las castañas, cuando regresaba del colegio. Gracias por las misas al fondo de la iglesia, siempre de pie, nunca de rodillas. Gracias por haber llevado el traje blanco, y por la melancolía. Gracias por este nombre que llevo. Gracias por esta vida que aferro. Gracias por estos ojos que ven, estas manos que tocan, esta mente que comprende. Gracias por los días y por los años. Gracias porque éramos nosotros. Gracias mil veces. Para siempre

Esta historia, de Alesandro Baricco