miércoles, 26 de agosto de 2009

El piloto ciego







¿Realmente hay alguien que tiemble si acaricia despacio mi frente o si esconde su mano en mis cabellos? ¿Hay verdaderamente un rostro que se ruborice cuando mi voz confiesa una ternura involuntaria? ¿Hay tal vez un pecho que suspire y se agite si lo acerco o lo estrecho con fuerza contra mi pecho, y unos labios que se vuelvan calientes y suaves si los beso con mis labios?.
¡Piensa, piensa con calma! No me respondas enseguida. No me digas que todo eso es verdad y no estoy soñando. No te apiades de mí. ¡Que nadie se apiade de mí! No permito que nadie me consuele. Mis lágrimas son mías, son de mi propiedad, salen de mi corazón, fluyen de mis ojos. ¿Por qué esta mano me acaricia lentamente para ser bañada por un llanto que es mío?
¿Es posible que alguien quiera aliviar en parte mi dolor? ¿Es posible que alguien me espere con impaciencia, con ansiedad, espiándome desde lejos con los ojos claros, escuchando sin respirar cómo se acercan mis pasos? ¿Es posible que alguien recuerde mis palabras más indiferentes, que mi mirada pueda provocar alegría, mi sonrisa una promesa de alegría, mis gestos una certeza de alegría?
No me respondas todavía. No me digas que todo esto es posible, y que otras cosas que desconozco también lo son. ¡No podría creerlo, no quiero creerlo! ¡Por tanto, piénsalo, piénsalo con calma! ¡Sería un hecho tan sorprendente, tan increíble, quizás nuevo, quizás único! ¡Pero piensa un momento en lo que significaría si fuese cierto!
Otro ser, un ser ajeno a mí que yo no conocía, vive solo para mí, piensa con mi pensamiento, siente con mis sentidos, se atormenta con mis suplicios, goza con mis alegrías, acerca su cuerpo a mi cuerpo, penetra en mi alma con su alma, y me ofrece todo lo que posee, todo lo que va a poseer y todo lo que puedo donarle.
¿Tú crees que puede ser cierto, aunque sea por un instante? Recuerdo, sí, haber apoyado mi cabeza en su hombro, y haber estrechado sus frágiles manos dibujadas por sus venas, y haber besado tantas veces su boca, y haber escuchado horas enteras la música tenue de su aliento. ¿Pero todo esto qué prueba? ¿Era realmente yo mismo, en persona, en aquellos momentos? ¿Y ella quiso decir realmente lo que yo quise entender en la inconsciencia de una felicidad efímera?
No sonrías, no sacudas la cabeza, no respondas ni siquiera un sí, por favor. Tú sabes bien que todo esto es una sutil trama de imaginaciones tejidas por las blancas manos del ocio….


Párrafo extraido del relato de la página 83 titulado
¿por qué quieres amarme?