martes, 10 de febrero de 2009

Mensaje en una botella

[por Naide]

[Nota de Madison: Pongo esta carta, la ha escrito Naide.]

Esta mañana, estoy sentado en nuestro banco del paseo marítimo. Ya sé que no es agosto, todavía estamos en marzo. Estoy aquí, porque he visto a tu marido, poner el cartel de “se vende” sobre la barandilla del balconcillo de vuestro apartamento; sus ojos delataban su dolor y su pena, mientras vuestros vecinos lo abrazaban con lágrimas en sus ojos.

Estoy triste, muy triste, tengo miedo y temo por ti, mi amada Eva. No sé, qué ha podido ocurrir, ni dónde estás, si es que aun estás. Sin embargo sé que ya jamás podré saberlo, como nunca he sabido de ti hasta esos diez primeros días de agosto, que venías sola porque él trabajaba y no llegaba hasta el día once. Maldito día once que siempre me ha separado de ti...

Sólo hemos tenido ese poco tiempo cada año. Yo te esperaba cada día uno de agosto sentado aquí. Ha sido así estos cuarenta y cinco años que hace que nos amamos en secreto, pero nos hemos amado tanto...

Siempre me he preguntado ¿por qué cuando te vi, y tu me viste por primera vez, no nos dijimos nada?, ¿y si hubiéramos hablado aquel día de lo que sentíamos al mirarnos?. Luego, con el paso del tiempo, te casaste y tuviste a Noemí, y dos años después a Elvira. Yo también me casé, y tuve a Mario... Pero cada verano, al verte llegar, mi mundo se iba evadiendo hacia el tuyo, y el tuyo hacia el mío, hasta que una nublada tarde, formáramos por fin el nuestro, nuestro mundo, en este banco, en el paseo marítimo.

Mi adorable Eva, nunca te he podido llamar por teléfono, ni enviarte una sola carta de amor, por eso, al escribirlas, las introduzco en una botella y las arrojo al mar cuando baja la marea; eso me hace sentir bien... Te he escrito tantas...

Cuando lleguen de nuevo esos diez días de agosto sé que ya no te tendré, que me faltarás para siempre, pero yo seguiré viniendo cada mañana a la misma hora, y luego, recorreré los lugares en los que hemos estado juntos tantas veces, tan felices... Así lo haré, como tú lo has hecho conmigo todos estos años...

Querida Eva, igual que tú te has llevado nuestro secreto contigo, yo lo llevaré también conmigo, y te seguiré enviando cartas al mar... Y nunca nadie sabrá, porqué me siento en este solitario banco del paseo marítimo a llorarte cada uno de agosto...

PD. Naide, para mi sí que es grato haberte conocido, ya lo creo que si. Y...aquí estoy
Un abrazo