jueves, 1 de octubre de 2009

Las cenizas de Angela














La señora Leiboweitz va a su apartamento del fondo del pasillo a tomar prestada la pluma estilográfica de su marido, papel y un sobre. Las cuatro mujeres se sientan a la mesa y redactan una carta para enviársela a la madre de mi madre:
Querida tía Margaret:
Tomo la pluma para escribir esta carta y espero que cuando recibas la presente estés como estamos nosotros, en buena salud. Mi marido Tommy está bien, trabajando, y el marido de Delia, Jimmy, está bien, trabajando, y esperamos que al recibo de la presente estéis bien. Siento mucho decirte que Ángela no está bien, pues la niña murió, la niña recién nacida que se llamaba Margaret en recuerdo de ti, y Ángela no ha vuelto a ser la misma desde entonces y se queda acostada en la cama mirando a la pared. Lo que es más peor todavía es que creemos que está esperando otra vez, y eso ya es demasiado. En el momento que pierde uno, ya hay otro en camino. No sabemos cómo lo hace. Lleva cuatro años casada y ha tenido cinco niños y otro en camino. Eso te demuestra lo que puede pasar cuando te casas con uno del Norte, pues allí arriba no se controlan, son un montón de protestantes. Sale a buscar trabajo cada día, pero nosotros sabemos que pasa todo el tiempo en los bares y que le pagan algunos dólares por barrer el suelo y por mover barriles y se gasta el dinero en alcohol acto seguido.
Es terrible, tía Margaret, y todos creemos que Ángela y los niños estarían mejor en la tierra natal de ella.
Nosotros no tenemos dinero para comprar los pasajes, pues corren tiempos difíciles, pero quizás tú pudieras ver la manera. Esperamos que al recibo de la presente estéis bien, nosotros bien, gracias a Dios y a Su Santa Madre.

Queda tu querida sobrina
Philomena Flynn ( de soltera MacNamara)
Y, en último lugar pero no menos importante, tu sobrina Delia Fortune ( de soltera MacNamara también, ja, ja, ja).


Las cenizas de Angela, de Frank McCourt