jueves, 15 de enero de 2009

El mar

[por Gaviero]

Y en la tarde gris, nublada, bajo un cielo plomizo, el hombre se fue hasta el mar.


Caminaba despacio, relajado, disfrutando del paseo, y mientras su cabeza no dejaba de pensar en la mujer ausente. Ella estaba a muchos kilómetros de distancia, quien sabe que estaría haciendo ahora en estos momentos, posiblemente ya se habría olvidado de él, de todo lo que tiempo atrás, y en ese momento fue consciente de que había pasado casi una vida, vivieron juntos, soñaron y disfrutaron.


Pensaba en ella y descubrió sorprendido que le costaba ver su cara, los rasgos se habían ido poco a poco difuminando y no le era fácil traer su rostro a la memoria ¿tanto tiempo llevaba sin pensar en ella? Posiblemente,la verdad es que últimamente la había arrinconado en su mente; en un principio fue el dolor por la separación,el haberse sentido abandonado, lo que le llevó a esforzarse por no pensar en ella; no fue una tarea fácil, constantemente su imagen, su recuerdo, acudía una y otra vez sacudiendo su interior, haciéndole sentir la impotencia de saber que nunca volverían a estar juntos.


Con esfuerzo y el paso del tiempo consiguió liberarse de la obsesión por el pasado; no la borró de su vida, ni podía ni quería hacerlo, simplemente fue atemperando el dolor por lo perdido y dejando vivo y manteniendo su cariño hacia ella, ya sin rencor ninguno, valorando todo lo que habían sido el uno para el otro, y manteniendo el cariño hacia ella, pero ya sin amor. Y así había ido transcurriendo su vida, recuperado prácticamente, albergando nevas ilusiones, nuevos proyectos, experimentando nuevos amores, surgiendo deseos y dándose a otras mujeres.


Y de repente, en un sueño descontrolado había sentido su llamada, no podía explicarlo pero era consciente de que en algún lugar ella le llamaba, le enviaba una llamada para que supiera que no le podía olvidar y que estuviera él donde fuera supiera que le seguía amando.


Por eso, aquella tarde el hombre se fue al mar, nexo de unión entre ambos y allí, sentándose sobre la arena, húmeda y fría, fijó sus ojos en las aguas y supo que en algún lugar, en otra playa, muelle o malecón, ella tendría fijados sus ojos igualmente sobre las olas y en ese dulce vaivén, volverían a consumar su amor, fundiendo sus cuerpos en el placer.