martes, 30 de abril de 2013

Color sepia


Aspiraba a ser una buena chica,  en su época de estudiante rendía al máximo y sacaba buenas notas. En casa ayudaba en los quehaceres del día a día. Era obediente, y poco o casi nada egoísta  No conoció la envidia. Pero se dio de bruces con la vida y ésta la dañó, lo pero de todo es que no supo como curar las heridas. De obediente pasó a ser permisiva. Un error. Uno de tantos errores cometidos a lo largo de los años. A día de hoy la cuenta de resultados no le satisface pues observa que la balanza no está todo lo equilibrada que debería. No logró sus propósitos. No  culpa a nadie del fracaso. No hay culpables, nunca los hay. Hay responsables. Así que no fue buena chica, ni buena hija, tampoco buena esposa. En cuanto a ser  buena madre tiene sus  dudas. El tiempo es incansable y sigue poniéndola a prueba, ella  quiere vivir en calma, que la dejen  ser. Si tiene tiempo y ganas quizá  vaya en busca de la primera mirada, o simplemente se contentará imaginando que cuando deje este mundo alguien le recuerde y algunos pocos la nombrarán. Quizá sin ella saberlo permanecerá la memoria de alguien. El tiempo lo dirá. A ella todo eso poco le importa. Ya no.
Fotografía Hugo Erfurth

Los perros románticos (Roberto Bolaño)

















En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar


lunes, 29 de abril de 2013

Error

















 Tendemos a exagerar a la hora de apostar por los demás, olvidando que nadie es perfecto y que el hecho de decepcionar es algo natural.
Pintura de Edward Hooper

Encontrar sosiego
















Dulcemente quisiera yacer,
y dulcemente apoyar mi cabeza,
dulcemente dormir el sueño de los muertos
y dulcemente oír la voz
de Aquel que cruza por mi jardín
a esta hora de la tarde.
(Dylan Thomas)
Fotografía de Sally Mann

domingo, 28 de abril de 2013

Tiempo irrecuperable


















 Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello,
Que en mi juventud me deslumbraba,
Aunque ya nada pueda devolver
La hora del esplendor en la hierba
De la gloria en las flores,
No hay que afligirse.
Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo
(William Wordsworth)
  

sábado, 27 de abril de 2013

Forma























La escritura, esbozos de pensamientos eternizados un folio en blanco
Pintura de Jeannette Woitzik

viernes, 26 de abril de 2013

Descubrir la lectura



"Volvía a casa del colegio deprisa y corriendo para leer; leía deprisa y corriendo, incapaz de aflojar la marcha como me había ordenado la señorita Frost. Iba deprisa y corriendo a la biblioteca pública de First Sister todas las noches entre semana después de cenar. Me inspiré en lo que Richard Abbott me había contado de sui nfancia : vivía en la biblioteca, sobre todo los fines de semana. La señorita Frost me obligaba continuamente a cambiarme de sitio, a una silla o un sofá o una mesa donde la luz fuera mejor…"
Personas como yo (John Irving)