sábado, 21 de marzo de 2015

Mi padre



Adoro a mi padre, pero cuando era pequeña me infundia mucho respeto, no sé, siempre le veía lejano, inalcanzable. Figuraciones mías  supongo. El caso es que yo siempre pensaba en que debía esforzarme por agradarle mas, y eso hice. En vacaciones me gustaba ir a visitarle a su trabajo, a eso de media mañana cogía algo de fruta y se la llevaba. Al verme sonreía mientras alargaba sus brazos hasta mí, y yo me sentia feliz y afortunada. Los domingos por la tarde íbamos a la playa, eso en verano, porque  en invierno nos gustaba el cine y al salir nos llevaba a comer algo.
Tenia un pequeño negocio. Se empeño en que yo debia hacer los presupuestos y después las facturas, asi que cuando cumplí, si no recuerdo mal, trece o catorce años  me llevó con  él  a la tienda a que eligiera  una maquina de escribir Olivetti- hace poco, en casa de mi madre, abrí un armario y allí está todavía- era de un verde oscuro y yo la aborrecia. Odiaba el ruido que hacia al teclear y la voz de fondo de mi padre dictándome lo que debía escribir. Números y letras, uf qué horror. A veces lloraba de impotencia, pero él ni caso. Me decia que algún día me alegraría, yo no lo veía así,  pero algo de razón tenía porque a dia de hoy me gano la vida con los números.
Ahora, cuando lo miro siento una infinita ternura. Por Navidad  le regalé una gorra de pana color negro. Siempre la lleva puesta, no se la quita ni cuando está en casa. Otra vez que le acompañé al médico, me dijo que ya no veía con sus gafas como antes. No te preocupes, -le dije- cuando salgamos nos acercamos a la óptica. Se pasó un mes presumiendo de gafas y de hija ante sus amigos. Últimamente, debido a la enfermedad de  mi madre paso bastantes horas con ellos. Mi padre que siempre que hablábamos de él  decíamos.."a este hombre no se le caerá la casa encima", porque no paraba quieto, se iba a andar, a tomar el cortado, a jugar la partida de dominó... ahora, no se mueve de al lado de mi madre.
Ayer mismo, que estuve con ellos le dije que saliera un rato. Después de mucho insistir y a regañadientas aceptó, pero no habían pasado ni dos minutos que volvía a estar en casa. Lo que más me sorprende es que el amor que siente el uno por el otro nada ha cambiado, a pesar de los problemas de la vida después  de tantos años llenos de peripecias y de cambios. Esa perseverancia me conmueve
Cuánto daría por volver atrás y ser otra vez la niña que cada tarde esperaba intrigada y alegre su regreso después del trabajo
Imagen de Igor Bellkovsky