domingo, 6 de abril de 2014

Un poema de Kenneth Koch























Tú llevabas puesta tu blusa de algodón estampada de Edgar Allan Poe. 
En cada recuadro de la blusa había un retrato de Edgar Allan Poe. 
Tenías el pelo rubio y eras muy linda. Me preguntaste: “¿Es que la mayoría de los chicos piensa que las chicas son malas?”. 
Sentí el olor a moho de hotel de playa de tu pelo, recogido con una horquilla estilo John Greenleaf Whittier. 
“No –dije–, son las chicas las que piensan que los chicos son malos”. Entonces leímos Snow-Bound juntos 
y corrimos por el ático hasta raspar un poco del esmalte azul de mis zapatos George Washington, Padre de Su Patria. 
Madre daba vueltas por el salón, arreglándose el pelo con su peine Valses de Strauss. 
Esperamos un rato y luego nos reunimos con ella, pero solo para que nos sirvieran té en tazas decoradas con retratos de Herman Melville 
y también con ilustraciones de su libro Moby Dick y de su novela corta Benito Cereno. 
Padre entró con su corbata estilo Dick Tracy: “¿Os apetece una copa?”. 
Yo dije: “Vayamos fuera un rato”. Salimos al porche y nos sentamos en el columpio con forma de Abraham Lincoln. 
Tú te sentaste en la parte de los ojos, la boca y la barba, y yo me senté en las rodillas. 
En el jardín del otro lado de la calle vimos un muñeco de nieve con una tapa de cubo de basura que habían abollado hasta parecerse al loco rey inglés Jorge III.

Imagen de Linda Reynolds