jueves, 19 de diciembre de 2013

La fiesta















¿De verdad quieres saber qué fue lo que me llevó hasta aquel lugar?. De acuerdo, intentaré responderte lo mejor que pueda, aunque tú, mejor que nadie deberías saber que no todo tiene explicación. Ni la necesitamos.

Cuando recibí la llamada en la que una voz desconocida para mi, me indicaba la dirección y la hora me costó dar crédito. Intenté decirle que se equivocaba de persona y que a buen seguro que mi presencia allí no era necesaria, pero quien fuera que estaba al otro lado del teléfono insistió en que yo era a quien querían como invitada, además sorprendentemente  me llamó por mi nombre, así que no fui capaz de negarme.
Cuando llegué, enseguida me di cuenta que éramos demasiados para conocernos. Nadie preguntaba nada, pero tuve la impresión que todos pensaban y esperaban lo mismo. Era algo  que se palpaba en el aire de una forma más  que evidente.
Miraba a un lado y a otro escéptica, notaba que mi aspecto desentonaba con el ambiente que me rodeaba.
Alguien  pasó cerca de mi y me preguntó algo sin importancia, a lo que yo no supe que responder, así que permanecí en silencio mientras miraba como se dirigía hacia otro grupo de personas que discutían algo acaloradas.
El hombre que estaba a mi lado hablaba en voz baja, pero el tono era firme. Su interlocutor asentía en silencio mientras le miraba fijamente a los ojos. Su  rostro estaba serio y eso hacía que me pareciera mucho más atractivo que cuando le vi entrar  al principio de la noche.
Era alto y delgado. Vestía con ropa de buena calidad. Su aspecto distinguido y misterioso hizo que sintiera una fuerte y hasta ahora desconocida atracción hacia él, aunque como es lógico disimulé todo lo que pude para que nadie notara  mi interés.
Sentí  la caricia de su mirada clavada en mi nuca mientras se acercaba por la espalda y dejaba caer algo en mi bolsillo, fue tal mi emoción que en ese momento me convertí en un ser flotante.
Me sentía algo mareada y fuera de lugar, de manera que decidí irme antes de que terminara la fiesta.
Me despedí presurosa.Caminé hasta que encontré un lugar tranquilo, entonces cogí la carta arrugada que había guardado en el bolsillo del abrigo para leerla cuando estuviera sola, me  pasé la mano por la frente, después la llevé hasta el corazón, y leí.
Eso es todo. Esa es toda la historia o como quiera que se llame.
Imagen de Sophy Rickett