sábado, 23 de noviembre de 2013

Aquellos días

Por la noche mientras él escribía, yo permanecía leyendo, ovillada en el sofá que se encontraba justo al lado de la ventana y de espaldas a su escritorio. La habitación era clara y acogedora, con algunos detalles en la decoración que la hacía romántica y elegante. Mas allá de la ventana el tiempo parecía detenerse. Aunque respetábamos nuestros silencios, alguna vez sentía la necesidad de comentar algún párrafo del libro, giraba la cabeza hasta él y si estaba concentrado me mantenía callada y seguía con la lectura, pero otras veces le hablaba y él, dejaba sobre el papel la pluma estilográfica que utilizaba para escribir desde que se la regalé al poco de conocernos, se quitaba las gafas y se echaba el pelo hacia atrás con la ayuda de las dos manos,mientras me escuchaba con atención.
No siempre era yo quien le distraía mientras escribía, pues había ratos que era él quien sentía el impulso de levantarse y  venir a mi lado, oía que me llamaba y su voz, resonaba tenue en el aire quieto de la habitación.
Mientras se acercaba  percibía casi el tacto de su piel. Yo, cerraba la boca intentando retener los suspiros que me provocaba la emoción de tenerle tan cerca. 

Después de todo ahora veo las cosas con una calma distinta, una atmósfera abatida y cruel en que las ventanas dejan que se filtre el silencio, aunque en mis sueños él sigue habitando mi presente

Imagen de Deborah Dewit