domingo, 19 de mayo de 2013

Vacío























Escribí dos cartas, salí a comprar algo para la comida, puse una cantata de Bach en el tocadiscos, tomé un vaso de vino, encendí un cigarrillo, me asomé al balcón para ver el atardecer y de pronto sentí caer sobre mí toda la tristeza del mundo. ¿Qué hacía allí, Dios mío, en ese final de sábado, solo, mirando la plaza mutilada, con pocas ganas de vivir? ¿Dónde el cálido amor, la jubilosa amistad, el goce verdadero? Pronto 48 años y sigo hablando conmigo mismo, dando vueltas en torno a mi imagen doblegada, roída por el orín del tiempo y la desilusión. Helado, seco, hueco, como una lápida en el más minúsculo cementerio serrano, mi propia lápida.
 Posas apátridas (Julio Ramón Ribeyro
Fotografía de Willy Ronis