viernes, 8 de febrero de 2013

Agua


















Lo primero que uno se encontraba al  llegar al pueblo era un edifico al aire libre rodeado de árboles y pequeños arbustos, para resguardarse del sol y  la lluvia habían construido un techo cubierto de tejas que ahora estaban  enmohecidas, pero alguna vez fueron rojas, lo sostenía  cuatro pilares redondos, de color blanco. 
Bajo el techo,fijos en el suelo se podían ver una doble hilera de lavaderos encalados todos idénticos y cada uno de ellos provistos de un pequeño tubo a modo de grifo, del  cual salía un chorro de agua corriente que provenía de la montaña mas cercana.
Diariamente las  mujeres del pueblo iban allí a hacer la colada. Sus vidas eran rutinarias  y nunca sucedía nada fuera de lo normal, así que para matar un paliar el aburrimiento mientras lavaban la ropa hablaban de sus cosas y también de las cosas de los demás pues en realidad todos se conocían, incluso entre la mayoría de ellos existía algún  grado de parentesco.
Lavaban la ropa con jabón que ellas mismas fabricaban en sus casas a base de  aceite de oliva y sosa,estos ingredientes los introducían en un gran barreño de cinc removiendo hasta formar una  mezcla homogénea, entonces lo dejaban reposar el tiempo necesario. Una vez   la masa quedaba compacta  lo cortaban a porciones con un cuchillo grande y lo guardaban en una habitación de la casa que tenían reservada para tales menesteres o similares.
Una vez que  la ropa había quedado limpia la enjuagaban el chorro del agua agitando con brío, después la retorcían con fuerza y la iban  dejando a un lado, así una a una  hasta finalizar con la última pieza
Se secaban las manos en el delantal, llevaban el cabello recogido  en un moño con horquillas aunque algún mechón rebelde se soltaba de tanto en tanto a causa del movimiento del cuerpo mientras manejaban la ropa...