domingo, 16 de diciembre de 2012

Esta mañana
























El viento soplaba con fuerza y me despeinaba, a lo  lejos  podía ver cómo  la base del faro  se  agitaba con fuerza.
Era muy temprano y todavía faltaba mas de una hora para nuestra cita, mientras tanto fui bordeando la orilla del mar hasta encontrar una  roca en  la que resguardarme. 
El cielo aparecía azul brillante y proyectaba sobre el agua  un resplandor plateado.Alguna nube superpuesta  que estaba de paso  producía un cambio de color momentáneo, pero  al cabo de unos segundos volvía a aparecer el torbellino de ondas luminosas. 
De tanto en tanto la brisa, descargaba sobre mi cuerpo recurrentes escalofríos fragmentados ,que se completaban cuando  minúsculas  gotas  brillantes  humedecían  el rostro. 
Recostada con  las piernas muy juntas y los pies descalzos hundidos en la arena hasta notar que la humedad calaba. Los codos sobre la falda y la palma de las manos apoyadas en  las mejillas, de vez en cuando bajaba una de ellas y con el dedo índice dibujaba círculos y corazones, también letras que pronunciaban tu nombre. 
No sabría precisar el tiempo que permanecí así plantada, escuchando el sonido de las olas  impetuosas y desafiantes que  rompían contra borde. 
Todo estuvo muy claro.Tanto que probablemente  nunca olvidaré el momento de este paisaje de brillo  distante cuando en ese momento escuché a mi espalda unos pasos conocidos que me invitaban a levantarme y salir a su encuentro.

Pintura de Graham Reynolds