jueves, 13 de diciembre de 2012

Esa imagen nuestra





















  


Cuando está distraido frunce el ceño. Me gusta observarle sin que él lo note. Creo que le gusta hacerse el serio aunque a mi no me engaña.Sé cuando está sorprendido por el hoyuelo que se le marca en la barbilla.
Sus poco pronunciadas arrugas en la frente y un asomo de sonrisa en la comisura de los labios me cautiva.
 Su voz suena suave y clara. No es muy hablador, pero sabe que decir en todo momento.
Levanta el rostro y  mira queriéndome decir algo,  pero yo no dejo que lo haga y le tapo los labios con un dedo.
Conversamos sobre cualquier tema. Nos hemos acostumbrado a compartir nuestras cosas. No contamos secretos y vanalidades. Sin apenas darnos cuenta hemos creado un mundo de confidencias. También hay momentos para la seducción, no importa quien seduce a quien. Nos dejamos llevar. Nos dejamos hacer. Nunca nos aburrimos.

A veces sentimos el impulso de abrazarnos,mientras los hacemos yo quedo muda, atónita y siento el corazón en la boca a causa del placer inesperado que me produce el calor de su cuerpo al juntarse con el mío. Creo que él se emociona. Cuando  por fin recupero el aire deslizo la mirada hasta sus ojos y le sonrío con franqueza. ¿Qué sientes? me pregunta con inmensa dulzura. Al principio le respondía con  cautela, pero con el tiempo él me ha enseñado ha hacerlo con franqueza. Relajados, las risas llenan la habitación.
Nos movíamos en un espacio extraño e incierto,ahora es reconfortante y tranquilizador. Todo nos resulta familiar. Al mirarnos en el espejo comprobamos que la imagen que este nos devuelve es la del otro, aún así nos vemos reflejados en él.Nunca nos marcamos metas, tampoco pautas. Qué mas da. Por mucho tiempo que pase nos seguiremos importando el uno al otro.

Fotografía de Ralph Gibson