miércoles, 10 de octubre de 2012

El viaje de Kokoshkin.- Hans Joachim Schädlich











Magnífica crónica narrada en primera persona y que transcurre entre varios tiempos . El presente con ambiente distendido y amable, incluso irónico con la gente que comparte viaje en  el barco que le lleva de vuelta a América, y el  pasado, cruel y doloroso a causa de las aberraciones políticas que le tocó vivir
Kokoshkin es mayor, tiene noventa y cinco años, pero siente el deseo de volver una vez mas, quizá sea la última  a los lugares que han formado parte de su vida, para ello envía un  mail a un amigo que conoció en una librería de viejo en Praga en el 1968

Jakub Hlavàcek, que así se llama su amigo  acepta  acompañarle y empiezan el trayecto  por San Petesburgo que es donde nacio y vivió Kokoshkin hasta la edad de cinco años, cuando asesinaron a su padre que en aquellos momentos era ministro del Gobierno Provisional. Tras el asesinato su madre y él se trasladan a Odesa junto al poeta Bunin y su esposa Vera, aunque al cabo de poco tienen que huir de nuevo y se deciden por Berlin, allí se convierten en cuidadanos apátridas igual que todos los emigrantes rusos de aquella época. Explica que asesinaron al padre de Nabokov al querer este  ayudar a su amigo Miliukov.
También habla sobre Gorki y su doble juego "Por un lado aceptaba dinero de Lenin y por otro criticaba el terror de lenin contra artistas e intelectuales rusos"

En Berlin estudia, pero la inminente llegada de los nazis hace que huya de nuevo, esta vez  viaja  solo y se dirige hacia Praga, allí conoce a Aline, su primer amor, también a los que escriben en el periódico Prager  Tagblatt, Max Brod, Johanes Urzidil, Alfred Polgard y Roda Roda, Friedrich Torberg y Egon Erwin Kisch.
Todo parece ir bien, pero la sombra de los nazis  está cada vez mas cerca, así que decide embarcarse hacia América.

Al principo del libro una pasajera le pregunta el porqué de su viaje, si es causa de la nostalgia, y  él responde:
 No. Sencillamente tenía que ver una vez más algunos lugares de mi pasado. San Petesburgo, Berlin, Praga, adonde me fui en el año mil novecientos treinta y tres y volví en el sesenta y ocho durante la llamada Primavera de Praga 

Me gusta, porque no mira el pasado con rencor, las cosas son como son y así deben aceptarse, y si a uno le toca dar tumbos por el mundo hasta encontrar su lugar  pues se da tumbos.
Tras el viajes, cuando baja del barco y pide un taxi, el taxista le pregunta a dónde le lleva, él responde :
A Boston
A casa.
Porque es así, uno es de donde hace su vida y forma sus raíces.
Una vez más leo un libro que me demuestra que para decir todo no hace falta llenar mil páginas, en este caso ciento setenta y seis sirven para dejarme maravillada.